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Lunes , 25.03.2019 / 14:40 Hoy

Santiago y Lupe llenan las calles de música

Padre e hijo se ponen sus camisas estampadas y su sombrero, se cuelgan el requinto y el acordeón y cantan a una sola voz, a toda garganta, para subsistir por medio de este arte.

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La última década, Santiago y Lupe, padre e hijo, han salido a las calles de Francisco I. Madero para llenarlas con música norteña.

Se ponen sus camisas estampadas y su sombrero, se cuelgan el requinto y el acordeón y cantan a una sola voz, a toda garganta, para subsistir por medio de este arte, con el agradecimiento económico de quienes disfrutan escucharlos.

Buscan los lugares propicios para encontrar su trabajo, andan lo mismo en Madero que en Torreón y son originarios de Finisterre.

Al momento de abordarlos para la entrevista, se encuentran tocando frente a las plaza Niños Héroes, cantando con un cuarto integrante más bien provisional: alguien a quien le gustó la música y les pidió tocaran una pieza para acompañarlos con la voz.[OBJECT]

"La gente es muy amable con nosotros y gracias a ellos ahí andamos echándole ganas. Nosotros nos dedicamos a esto porque los jales están muy trabajosos, muy escasos y pues nosotros ya le hayamos la manera de sobrevivir con nuestra música, mientras la gente nos apoye pues qué bueno", expresó Guadalupe Rangel.

Pero no es solamente la cuestión económica, el tocar "para sacar el chivo", lo hacen porque es algo que, simplemente, les gusta hacer: el andar de arriba para abajo con sus instrumentos, que después de una canción su público ambulante les regale un aplauso.

"Uno para ser músico, primero, tiene que gustarle mucho la música, ya ve que no a todos les gusta, a unos nos les gusta ni escuchar el ruido, pues menos ser músicos. A uno sí le gusta el ruido, nos gusta andar alegres, contentos y nos da más alegría cuando la gente nos hace aplausos, es una satisfacción muy grande para uno", agregó Rangel.

Resaltó sobremanera que lo mejor de su trabajo es andar de un lado para otro, no estar encerrado en ninguna parte. Lo que más disfrutan de ser músicos es, pues la libertad.

Asimismo la ven como una fuente de trabajo indispensable para ellos pues es de lo que viven, de lo que se sostienen, y "nos trae muchas alegrías, aunque ande uno agüitado, aquí se le quitan las penas que trae, como quiera se pone uno más contento".

Lo que hacen lo hacen en familia, los miembros son Guadalupe Rangel García, padre en el acordeón, y Santiago Rangel, el hijo del requinto y como "miembro honorario" está Catarino Rangel, en la tarola y el cencerro.

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