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Santiago Arau: “Mi fotografía trata de cumplir como documento histórico”

El fotógrafo conversa sobre esa inusitada disciplina que es la captura de imágenes desde el cielo


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Santiago Arau es un hombre pájaro. Tiene los pies en la tierra y la mirada en el cielo, vuela con un dron para retratar los contrastes de la Ciudad de México. Su aventura fotográfica comenzó con una Pentax análoga que le regaló su padre en la preparatoria; hoy trabaja para distintas marcas publicitarias. Fue invitado para capturar los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y estuvo en Kenia haciendo retratos. Ha exhibido su trabajo en el Foto Museo Cuatro Caminos y sus tomas aéreas causan furor en las redes sociales. Sin embargo, su experiencia más placentera es explorar la capital mexicana con un dron a 500 metros de altura, fotografiando a una ciudad con más de 20 millones de habitantes.

¿Por qué decidiste enfocar gran parte de tu trabajo fotográfico desde las alturas?

La fotografía aérea me apasiona porque es algo nuevo y me brinda la posibilidad de explorar cosas distintas, como poner la cámara en lugares que antes eran imposibles. Para realizar una toma aérea, antes necesitabas un helicóptero o una avioneta, y es muy caro rentarlos: por un día te sale lo mismo que comprar un dron. Hay gente que se ha accidentado. Antes de que pudiera tener acceso a los drones me gustaba subirme a las azoteas, captar puntos de vista que la gente no está acostumbrada a ver. Hace cinco años, cuando aparecen los drones, me di cuenta de que podía poner la cámara donde quisiera.

¿Tu fotografía aérea cumple una función documental de la Ciudad de México?

Mi fotografía trata de cumplir como documento histórico. Es cierto que los tipos de encuadre y la iluminación que realizo le dan connotaciones estéticas; sin embargo, su función es ser un documento. Pretendo que mis fotos se conviertan en un archivo para saber cómo se vivía en esta época, para que en próximos años sirvan como fuente. Me gusta ver en pinturas cómo era la ciudad cuando llegaron los conquistadores. Me imagino que a las personas del futuro también les interesará saber el proceso de transformación que ha tenido la capital.

En tu exploración, ¿cuáles son las nuevas perspectivas de la ciudad que puedes tomar desde las alturas?

Retratar cómo la capital y la zona conurbada se han convertido en una gigante mancha urbana que ha llegado a municipios de Hidalgo, cubre el Estado de México y no llega a Morelos porque está la zona ecológica a la mitad. Los drones permiten observar diferentes perspectivas de lugares donde hemos estado, algunos más fotogénicos que otros, pero que no sabíamos cómo se ven desde arriba con un ángulo cenital. El ser humano ha estado atraído por las alturas, y los drones ofrecen una nueva tendencia de ver las cosas a pesar de que en el futuro será una herramienta más, algo a lo que ya estaremos acostumbrados.

No solo te has dedicado a retratar sitios emblemáticos, también ilustras la sobrepoblación y la pobreza de algunas delegaciones.

Muchas veces la zona conurbada es olvidada, la gente no la voltea a ver. La fotografía de la Ciudad de México se concentra en la delegación Cuauhtémoc, donde está Paseo de la Reforma, Bellas Artes, el Ángel, lo emblemático del turismo. Mi trabajo nace a partir de la exploración. Empiezo a ver por el aire ciertos lugares que no conocía, a retratar zonas como Milpa Alta, Culhuacán. Trato de hacer encuadres que no polaricen la realidad. Hago fotos abiertas para que la gente tome sus propias conclusiones sobre lo que pasa en la ciudad.

Ante la masiva reproducción de imágenes y el fácil acceso que hoy se tiene a los drones, ¿cómo romper con la dinámica que tienen las fotografías en las redes sociales?

Vivimos un boom de imágenes, la competencia por los likes, por tener más followers. Lo que está pasando es que con tanta velocidad, tantas imágenes y tanto egocentrismo se vuelve difícil no dejarse seducir por cuántos likes tuvo tal foto. Te mentiría si te negara que eso me gusta. Muchos fotógrafos, y me incluyo, debemos detenernos y hacer las cosas por pasión, no por obtener un reconocimiento, atrevernos a realizar proyectos fotográficos que impide esta dinámica de la velocidad. Antes un fotógrafo presentaba sus imágenes en una galería o en una revista, hoy las imágenes son desechables. Por ello, considero que deben guardarse, ser parte de un archivo, imprimirlas, tenerlas físicamente.

En la evolución tecnológica que han tenido los drones, ¿qué nuevas técnicas has podido utilizar que antes eran imposibles?

La exposición larga. Me impresiona que puedas tener exposiciones de un segundo de algo que se está moviendo. Eso logra que algunas imágenes que retrato por la noche sean todavía más raras para el ojo humano porque tienen una combinación de altura y luz. Aunque estuvieras arriba, el ojo humano no ve igual que la cámara.

Además de un dron y el equipo técnico, ¿qué necesita un fotógrafo para hacer tomas aéreas?

No tener vértigo. Aunque uno esté en tierra, da vértigo porque es una inversión que está en el cielo. Es como cuando uno sube a un edificio y se asoma al vacío. Y la otra es ser responsable o tratar de serlo, porque los fotógrafos rompemos muchas reglas para lograr las imágenes; ser cuidadosos para no lastimar a nadie porque si un dron le cae a alguien en la cabeza, lo mata.

¿Cuál es tu delegación favorita para fotografiar?

La delegación Cuauhtémoc es la más fotogénica pero Iztapalapa es mi favorita porque tiene una combinación de zona volcánica, mares de concreto, ciudades arriba de cerros, pocos árboles. La gente de ahí me comenta: “Vivimos del carajo”. Es cierto, son las consecuencias de una mala planeación, donde hay una extrema conglomeración urbana y malos servicios, pero ahí es barato vivir. No podemos comparar lo que se paga por una renta en la Cuauhtémoc con lo que pagas al lado del Reclusorio Sur.



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