Cultura

Santana relata su historia en tono universal

“Cinco cosas van dentro de una nota: alma, corazón, mente, cuerpo y cojones”, dice el músico mexicano en su autobiografía, publicada en inglés.

Carlos Santana es todo un innovador, ya que creó un estilo que combina sus raíces en la música latinoamericana, la profundidad del blues, la apertura del jazz y la vitalidad del rock. Hay un sonido Santana y aunque por momentos parece debilitarse, mantiene la chispa creativa que cimbró al mundo en 1969 con la edición de su primer disco: Santana.

El guitarrista nacido en Autlán, Jalisco, considera que gracias a ciertos creadores —sus modelos— existe una música caracterizada por lo que denomina el “tono universal, donde el ego desaparece y la energía ocupa su lugar. El tono universal está fuera de mí y corre a través de mí. Yo no creo este tono, solo me aseguro de no estorbarle”.

Las palabras forman parte del libro The Universal Tone. Bringing my Story to Light (Little Brown and Company), biografía de Carlos Santana escrita en colaboración con Ashley Kahn y Hal Miller. El guitarrista agradece haber escuchado en vivo a sus ídolos John Coltrane, Mahalia Jackson, Bob Marley y Martin Luther King. “Algunas personas están en este planeta para ayudar a elevar la conciencia, y a través de ellos vienen el sonido, las palabras, las vibraciones y la música. No tiene que ver con el negocio del espectáculo o del entretenimiento. No es música de elevador: es música que eleva”.

Claro que Carlos Santana —así como la gente que le rodea— ha sabido lidiar con el mundo del espectáculo y hacer una fortuna bastante considerable. Y también lo es que su música no está libre de pecado, pues ciertos discos, como el tan alabado Supernatural, han entrado indiscriminadamente en el terreno de la música corporativa. Pero también es cierto que nos ha legado álbumes maravillosos, además de que ha compartido su fortuna en programas altruistas.

En las 536 páginas de su autobiografía —aún sin traducción al español—, Santana hace un sabroso recorrido por su vida, desde su infancia en Autlán, su paso por Tijuana, la llegada a EU, la búsqueda de un sonido propio y el camino al éxito. Habla de su relación con las drogas y sus facetas espirituales, así como sobre los integrantes de las distintas alineaciones de Santana Band y la hechura de sus discos.

Aclara que Javier Bátiz no fue su maestro, pues “en cuanto a técnica guitarrística, lo que más me enseñó fue su espalda. En verdad: así tocaba, para que no viera lo que hacían sus manos”. Mejores lecciones obtuvo en lugares non sanctos: “Aprendí mucho de ver a las desnudistas y escuchar cómo las apoyaban los bateristas: hacer un redoble cuando hacían girar las borlas sobre sus senos, golpear el platillo cuando ellas mueven la cadera o tiran una patada”.

Del blues dice que “no es ninguna tontería. Es fácil aprender la estructura de las canciones, las palabras y los riffs, pero no es como otros tipos de música: no te puedes esconder detrás de él. Si realmente quieres tocar el blues tienes que revelarte a ti mismo. El blues siempre ha sido parte del sentimiento de la música de Santana”.

No oculta el papel que las drogas han cumplido en su música, cuando afirma que aprendieron a tocar “hasta el gorro. Usualmente Gregg Rolie (tecladista de la banda original) se aferraba a su cerveza y el resto de nosotros fumábamos mota cuando tocábamos —y teníamos muchos viajes. Sin duda, los alucinógenos tuvieron mucho ver con el sonido Santana. Así era entonces con muchos de los grupos: no hubiera habido la Jimi Hendrix Experience sin ellos o el Sgt. Pepper de los Beatles. Hasta los Beach Boys se movieron de la música surf por el LSD”.

Para Santana, “la música es una amalgama de sonido e intención, emoción y sabiduría (…) Necesito todo lo que soy para dar una nota y estar a tono. Cinco cosas van dentro de esa nota: alma, corazón, mente, cuerpo y cojones”.

Maltratado y reconocido

La de Santana es la historia de un músico que, desde la pobreza, ascendió al firmamento. Sabrosos, y por momentos estrujantes, son sus recuerdos de Autlán y Tijuana, sus inicios en la música y la problemática relación que mantuvo con sus padres, especialmente con su madre, que finalmente fue superada.

En su primer concierto estelar en México, en 1973, fue maltratado por la prensa, que lo cuestionaba por no tocar música mexicana. La actitud cambió al llegar el éxito masivo de Supernatural: “Fue la primera vez que realmente me sentí cómodo siendo mexicano y estar en México”. Sin embargo, tocar en Tijuana, agrega, “fue muy difícil por las dificultades que enfrentamos con el gobierno local, la corrupción y la política”.

Mejor le ha ido en Autlán, donde contribuyó a construir la clínica Santuario de Luz con el doctor Martín Sandoval Gómez. Cuando visitó Autlán en 2006 “gente de varios pueblos de Jalisco fue a verme y a decirme cómo había cambiado su vida por lo que hacíamos con el doctor Martín. Escuchar eso fue mejor que recibir cualquier cantidad de premios Grammy”.

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Xavier Quirarte
  • Xavier Quirarte
  • xavierquirartenuevo@gmail.com
  • Es autor de Ensayos de jazz y literatura (Editorial Doble A), es coautor de Por amor al sax y John Coltrane. Periodista especializado en jazz, rock y música contemporánea, sus textos han aparecido en los periódicos El Nacional, La Crónica y Milenio, y en revistas como Casa del Tiempo, Rock y Pop, Sólo Jazz & Blues, Círculo Mixup, La Mosca en la Pared, Cine Premier, Dos Filos, Sacbé y otras
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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