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Miércoles , 20.03.2019 / 16:42 Hoy

Rulfo reinventó el lenguaje mexicano: Juan Villoro

“Rulfo crea la gran parábola del despojo: hombres que son tan pobres y tan desposeídos que ni siquiera tienen derecho de que algo les suceda", asegura el escritor.

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“No conozco libro que exprese mejor que Pedro Páramo la tensión ante la historia del país y la imposibilidad de incorporarse a ella”, aseguró Juan Villoro durante la segunda sesión de su ciclo de conferencias sobre Novelas mexicanas en El Colegio Nacional.

Para el escritor, la novela de Rulfo es la gran metáfora de quienes han sido excluidos del acontecer, los despojados de la historia. “Si Mariano Azuela escribió Los de abajo y Martín Luis Guzmán escribió de ‘los de arriba’, Rulfo lo hizo de los expulsados”, comentó.

Pedro Páramo, novela capital de Juan Rulfo, refleja una realidad y la reinventa. Aunque tiene que ver con la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera, la historia aparece como un telón de fondo: lo lineal, que define al país, no tiene protagonismo en Comala, donde el tiempo es circular y mítico. El mundo exterior al pueblo de Susana San Juan, Damiana Cisneros, el Padre Rentería, Abundio Martínez y Pedro Páramo es el mundo de la historia, de hechos y sucesos, lejano a Comala donde todo se repite.

“Rulfo crea la gran parábola del despojo: hombres que son tan pobres y tan desposeídos que ni siquiera tienen derecho de que algo les suceda, no tienen propiedad ni un destino propio, no tienen historia”, apuntó Villoro. Los personajes de esta novela buscan una muerte que los redima moralmente, son almas en pena que no pueden salir de Comala por sus pecados. La religión no les da consuelo, no les sirve de nada.

Juan Villoro evocó a un Juan Rulfo tímido, innovador de la literatura fantástica e inventor de realidades: “es tan honda su relación con el campo mexicano que lo pensamos como un taquígrafo del habla popular y no como un supremo artífice, con frecuencia se elogia por méritos antropológicos y no se piensa en la construcción tan delicada y arriesgada de su obra narrativa”, dijo, “Rulfo no sólo es un gran reflejo de la oralidad mexicana, él hizo algo más difícil: reinventó el lenguaje mexicano.”


Uno de los misterios de la obra de Rulfo radicaría en esto, de acuerdo con Villoro: nunca un campesino mexicano ha hablado como un campesino de Rulfo y nunca un campesino mexicano ha sido tan genuino como los campesinos que aparecen en Pedro Páramo o en El llano en llamas. Partiendo de una realidad auténtica para construir una autenticidad artificial en la novela, Rulfo logró una construcción del habla que va más allá de la simple oralidad. De este uso especial del habla surge otro de sus misterios: cómo convertir las voces populares en un tejido poético.

Publicada en 1955, Pedro Páramo tuvo otro título, provisional e inferior desde lo eufónico: Los murmullos. El miembro de El Colegio Nacional indicó que este título previo da una clave muy importante para entender la técnica narrativa empleada por Rulfo para construir la novela, hecha de voces sueltas y fragmentos que se unen por la lectura. Me mataron los murmullos, dice Juan Preciado después de percatarse que los demás son fantasmas y morir. El hijo de Pedro Páramo se va convirtiendo en un murmullo, su voz se transforma y le deja de pertenecer, se vuelve un fantasma.

Pedro Páramo es una historia maestra de fantasmas”, afirmó Villoro, “uno de los giros maestros de Rulfo, que contribuyen a la extrañeza de la trama, es que todo sucede en un desierto sobrepoblado de fantasmas. Esto da inquietud: en un desierto no debería haber nadie”. Estos fantasmas vienen de la realidad mexicana, son inolvidables, no requieren de escenografía alguna y son un recurso de contraste.

El miembro de El Colegio Nacional aseguró que Juan Rulfo es un maestro de las repeticiones, al repetir palabras y elaborar pasajes de gran pobreza léxica: “las repeticiones las usa como guijarros pobres, que hace que suenen a pesar de no tener mucha música dentro, música de piedras”, explicó, “utiliza el lenguaje desde la escasez para producir abundancia de sonido”.

“Pocas novelas han conferido tanta importancia a sus lectores como Pedro Páramo, los lectores tienen que establecer puentes de sentido, nosotros los que leemos estamos en el mundo de la historia y observamos a los expulsados, la gran pregunta es qué hacemos por ellos”, concluyó Juan Villoro, “aquí tenemos nosotros un alto desafío ético donde Rulfo nos convierte también en sus personajes: si no respondemos a este desafío, si no hacemos algo, es que nosotros también pertenecemos a la legión de los fantasmas”.

El próximo martes 28 de junio el ciclo Novelas mexicanas continuará con Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia. Juan Villoro analizará y comentará esta novela, considerada como el reverso humorístico de la novela de la Revolución Mexicana.

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