Desde niño escuché de mi abuela la palabra resolana, aplicada a la acción del Sol de la tarde de iluminar indirectamente y calentar un determinado lugar, "la resolana está muy fuerte, vamos a la sombra" decía.
Luego supe que la Real Academia de la Lengua la define como "el lugar que permite situarse bajo los rayos del Sol y resguardo del viento".
Monterrey no es un lugar sin viento, pero hay días que el viento está en calma, la bruma en un nivel aceptable y los rayos del Sol del atardecer iluminan la ciudad en tenues tonos rojizos y amarillentos, por lo que me parece que ésta es una imagen, según la Real Academia de la Lengua Española, de la resolana regiomontana.
Sin embargo, yo no podré concebirla así, para mí y por lo que he sondeado, el concepto de mi abuela es el que predomina en nuestro entender; parece que las abuelas de todos tenían la misma concepción.
Y parece que el mismo Alfonso Reyes tenía arraigado esa interpretación, pues en su poema "Sol de Monterrey", se refiere a la resolana así, en dos breves extractos del poema:
"Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.
Cada ventana era sol,
cada cuarto era ventanas.
Los corredores tendían
arcos de luz por la casa.
En los árboles ardían
las ascuas de las naranjas,
y la huerta en lumbre viva
se doraba.
Traigo tanto sol adentro
Que ya tanto sol me cansa.
Yo no conocí en mi infancia
Sombra, sino resolana".
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