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Lunes , 18.03.2019 / 18:49 Hoy

Ramón Xirau, viajero

Ramón Xirau, poeta, filósofo, maestro, dejó un bello ejemplo de la mejor prosa escrita a partir de la experiencia.

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Es quizás el del viajero uno de los perfiles más originales en la obra de los grandes escritores.

Como también un ejercicio no siempre cultivado por éstos.

Pareciera que lo observado y experimentado durante el viaje inhibe a los autores, quienes guardan en la intimidad dichos registros.

No fue el caso de Ramón Xirau, poeta, filósofo, maestro, que en el conjunto de su vasta obra dejó un bello ejemplo de la mejor prosa escrita a partir de la experiencia.

Una breve muestra, apenas un centenar de páginas divididas en seis estaciones, Florencia, Siena, Amalfi, Capri, Venecia y Verona, resultado de un viaje realizado (en compañía de su mujer y su hijo) a mediados de la década de los 60.

Ciudades se llama el libro. Fue publicado originalmente en 1969 por Alberto Dallal y recuperado posteriormente por la Universidad y el Colegio nacionales, hasta su actual inclusión en el catálogo del Fondo de Cultura Económica.

Bello libro en verdad, que desde su primera página da cuenta de la extensión de los conocimientos filosóficos e históricos del autor, como también de su disposición a mantener abiertos los sentidos.

“Algo tiene el libro de sentimental”, advierte Xirau.

Y cómo no, si al avanzar en su lectura nos encontramos con “la espontánea inmediatez de las sensaciones” y los “barruntos de teoría (que) nacen éstos de la misma experiencia”.

A quién pretenda entender a Maquiavelo bien le hará acercarse a Ciudades. Xirau lo disecciona en su propia ciudad, Florencia, la de Giotto, Dante, Cimabue, Masaccio, Brunelleschi, Donatello, Boccaccio, Guicciardini, Cellini, Ghiberti…

Una Florencia que el autor atisba ya desde “la cumbre no muy alta de San Miniato del Monte” y a la que arribará mediante “el camino (que) sube envuelto en una sospecha de otoño”.

“Siempre fue Maquiavelo un partidario del pueblo”, escribe pasos adelante Xirau. “Siempre sugiere que el pueblo es mejor que el príncipe. Pero no nos dejemos llevar a engaño. Por naturaleza todos los hombres —príncipe o pueblo— son igualmente malos, y si el pueblo es de hecho mejor que el príncipe, lo es porque no quiere ser sometido”.

El recorrido proseguirá.

En Capri Xirau entrará en una librería donde comprará libros de Heidegger y Jünger, “cuyo nihilismo”, de este último, “no está hecho para leer en Capri, donde la sencillez se une a la dignidad y la belleza”.

Ya en Venecia, nuestro autor se encontrará con la Pala d’Oro (en la Basílica de San Marcos) para preguntarse: “¿cómo es posible que se emplee este material lujoso para adorar a Cristo, señor y servidor de la humildad?”.

Pregunta que traerá la evocación del más profundo deseo de los alquimistas, “no tanto transformar los metales en oro como simbolizar, mediante esta transformación, la posibilidad de purificarnos”.

Y algo más.

El truncado entendimiento que tenemos de Platón.

“Lo que seguramente entendemos mejor de Platón es lo que actualizamos, lo que hacemos nuestro, como actualizamos y hacemos nuestro un poema, un cuadro, una estatua”.

Como también, advierte Xirau, lo que habremos de hacer con la historia.

“Cuando la reconstruimos la reconstruimos en un entonces que es ahora y entonces al mismo tiempo; es decir, que no es del todo ni entonces ni ahora”.

Ramón Xirau nació en Barcelona el 20 de enero de 1924 y murió el pasado miércoles 26 de julio en esta ciudad.

Bon viatge mestre Xirau.

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