Cultura

"Quisimos invocar a María Sabina para ayudar a curar al mundo": Marcela Rodríguez

Invocación operística o La sabia de los hongos presenta 4 funciones en el Foro Experimental Black Box del Centro Nacional de las Artes (Cenart)

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La compositora Marcela Rodríguez quiso rendir homenaje a María Sabina, pero también, junto con su hermana Jesusa Rodríguez y su hija Catalina Peralta, invocar a la chamana mazateca “para ayudar a curar al mundo”, con su más reciente ópera de cámara Invocación operística a la sabia de los hongos.

“Estamos en un mundo tan espantoso, en principio por la inteligencia artificial, por millonarios como Elon Musk que están gobernando al mundo, porque el dios ahora es el dinero, que es lo que manda. Jesusa, yo y mi hija queríamos invocar a María Sabina para que nos venga a ayudar a curar al mundo, que ya no sea tan despreciable, tan materialista”, dice Rodríguez a MILENIO previo a su estreno.

La autora también del ballet 'Ciudad delirio', con premier en 2024 en el Palacio de Bellas Artes, por el 90 aniversario de este escenario, enfoca su homenaje a la curandera —cuyo conocimiento reconoce que se ha tergiversado por quienes buscan los hongos como drogas alucinantes— al regreso a la naturaleza.

“Totalmente es como regresar a la naturaleza, como dice mi hermana: a la inteligencia artesanal, a trabajar más con las manos, a no tener endiosado el dinero. Estamos en un mundo donde la cosa visual es espantosa y la inteligencia artificial nos está deshumanizando totalmente y al rato nos va a dominar.
“Por ese lado, acercarse a un mundo tan natural, tan con los pies en la tierra, pero la tierra, la tierra, la que pisaba María Sabina con sus pies, es muy bonito, es volver a revisar lo que es la naturaleza”, dice.

Con la producción de la compañía Ópera Portátil, fundada por Catalina Pereda, montaje de Jesusa Rodríguez y dirección musical de Gonzalo Gutiérrez, Invocación operística a la sabia de los hongos se presenta del jueves 10 al domingo 13 de septiembre en el Foro Experimental Black Box del Centro Nacional de las Artes (Cenart), con aforo de sólo 60 personas. Pero las cuatro funciones ya están agotadas.

La propuesta dramática llega al Cenart como parte del ciclo por fiestas patrias “Del color de la sandía”.

El público entra a un foro a oscuras en cuyo centro se despliega una espectacular escenografía de ixtle, que evoca el micelo, las raíces de los hongos, diseñada por Jesusa y Daniel Primo, responsable igual de la onírica iluminación, donde emergen cinco voces femeninas de tejedoras: dos de los personajes protagonistas, y tres más que interpretan el coro, con vestuario también de zacate creado por Marcela.

La soprano, actriz y productora general Catalina Pereda (La Niña), la mezzosoprano Lydia Rendón (La Vieja), acompañadas en este ritual musical y escénico por el trío vocal femenino que hace las veces de coro: las soprano Graciela Morales y Narda Belinda Moreno, y la mezzosoprano Íngrid Fuentes.

Al fondo, sólo cuatro músicos y sus instrumentos animan una partitura muy contemporánea, sin folclorismos, que, como el zacate, da la sensación de raspar pero al mismo tiempo de estar limpiando, interpretada por colaboradores desde hace muchos años de las Rodríguez: Mariana Chávez-Lara (flauta), Nabani Aguilar (violín), Virna Lanza (violonchelo) y Andrea Yáñez-Centeno (percusiones).

“Empecé casi con una orquesta sinfónica y fui quitando instrumentos, porque el personaje de María Sabina es muy austero. Pensé que estaba engolosinándome con la orquesta, cuando en realidad ella era una persona austerísima, casi ni usaba zapatos, todo el tiempo vivio descalza sobre la Tierra".

“Tenía que ser algo sencillo. María Sabina habla mucho del salterio y el violín y 'Flor de naranjo', la pieza musical que tocan siempre en Huautla, muy bailable. El violín y la percusión son muy importantes para mí en un ensemble pequeño, el cello da contrapeso al violín, más grave, y yo necesitaba un aliento”, explica Rodríguez por qué optó por esos instrumentos clásicos y no folclóricos.

El proceso creativo duró dos décadas en que la compositora pasó de la orquesta sinfónica al cuarteto.

“La estructura es muy extraña, surrealista. Se mezclan frases de la vida de María Sabina con letanías. De repente ella está hablando de que no sabía en qué año nació ni cuál era su edad y, de repente, entra un coro con las letanías y de repente se queja de que llegaron los hippies y le echaron a perder todo porque la hicieron famosa en The New York Times, y se enoja, porque todo es un desastre".

“Termina ese momento musical tremendo y ella empieza a hablar del agua fresca, de la flor fresca. La obra es muy surrealista, no tiene narrativa lineal, sino que va contando su vida y de repente entran en el coro las letanías”, agrega Rodríguez y recuerda que Octavio Paz consideraba a María Sabina poeta.

¿QUIÉN FUE?

María Sabina (1894-1985), mazateca de Huautla de Jiménez, cobró celebridad por el uso curativo y visionario que dio a hongos alucinógenos, llamados por ella “niños santos”, que llevó a celebridades como John Lennon y Yoko Ono o al banquero, micólogo y escritor Robert Gordon Wasson a visitarla.

La compositora señala que la partitura es totalmente contemporánea, a diferencia de la tentación de muchos músicos de folclorizar una obra cuando se trata del mundo y la cultura indígenas, pero reconoce que hay algunas melodías populares que cantaba María Sabina, que se siguen interpretando en Huautla, adonde viajó el año pasado, como “Flor de naranjo”, a las que les hace variaciones corales.

Y respecto al uso del zacate en la escenografía, destaca que la decisión fue de Jesusa Rodríguez, con quien ha colaborado en muchas obras mutuas anteriores, prácticamente desde que ambas eran niñas.

“La idea de Jesusa me pareció maravillosa, siempre tiene elementos escenográficos muy maravillosos, como cuando hicimos Las cartas de Frida (2013), donde usó cartas. En Invocación operística a la sabia de los hongos toda la escenografía es como si estuviéramos bajo tierra, y el miselio es igualito al ixtle (zacate), que tiene la misma textura que se ve de las raíces de los hongos”, explica la compositora.

Expone las dificultades para ella de trabajar el vestuario con ixtle, que se saca de magueyes, hay que deshilarlo y coserlo sobre tela negra, pero también ve en ese material la austeridad de María Sabina.

“Jesúsa tiene una tendencia a la austeridad y a ser muy minimalista en sus escenografías”, añade Rodríguez, orgullosa de que su nueva composición está dedicada a su hija Catalina, productora y protagonista, hija también del filósofo Carlos Pereda, con la que ha colaborado en familia otras obras.

Subraya que con su hermana Jesusa ha trabajado toda su vida, desde su primera ópera La sunamita (1991), con libreto de Carlos Pereda, hasta Las cartas de Frida y obras de teatro que ella le musicalizó.

“Tanto la ópera de Las cartas de Frida como Invocación operística a la sabia de los hongos están dedicadas a mi hija Catalina, que tiene la compañía maravillosa Ópera Portátil, de la que Jesusa y yo somos integrantes. ¿Por qué se llama Ópera Portátil, porque creemos que una ópera tiene que caber en una maleta para viajarla por todos lados”, explica Rodríguez, que no descarta en llevar su más reciente creación a Huautla de Jiménez, el poblado de la sierra oaxaqueña donde nació y murió María Sabina.

MGR

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José Juan de Ávila
  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.
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