La misión institucional y económica del Principado de Asturias en México concluyó frente a uno de los paisajes más poderosos del continente: la Zona Arqueológica de Teotihuacan.
Ahí, entre la Calzada de los Muertos y las pirámides que marcaron la historia precolombina, el presidente asturiano, Adrián Barbón, cerró una agenda enfocada en comercio, diplomacia cultural y vínculos con la comunidad española asentada en el país.
Después de reuniones con organismos empresariales mexicanos, encuentros con la colectividad asturiana y visitas al Museo Nacional de Antropología y al Ateneo Español, Barbón eligió Teotihuacan como última parada.
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Presidente del Principado de Asturias:
"Teotihuacan permite comprender la grandeza de las civilizaciones prehispánicas, su vasta cultura, altísima capacidad constructiva".
Lugar de dioses y grandeza mesoamericana
El gesto tuvo un significado político y emocional: agradecer la hospitalidad mexicana y reconocer el peso histórico del país: “estamos en las pirámides de Teotihuacan, como un gesto de agradecimiento al pueblo mexicano, que nos ha acogido con los brazos abiertos”, expresó el mandatario.
Añadió que el sitio permite comprender “la grandeza de las civilizaciones prehispánicas, su vasta cultura, altísima capacidad constructiva y su comprensión de la astronomía y del mundo”.
Teotihuacan, cuyo nombre en náhuatl suele traducirse como “el lugar donde fueron hechos los dioses”, fue una de las mayores urbes del mundo antiguo. Alcanzó su apogeo entre los siglos I y VII de nuestra era, llegó a concentrar decenas de miles de habitantes y extendió su influencia política, comercial y religiosa hasta regiones tan lejanas como el área maya. Desde 1987 forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Durante el recorrido, el historiador Miguel Guerra explicó que la ciudad fue diseñada con una notable precisión urbana. La Calzada de los Muertos articula el conjunto ceremonial; al norte se levanta la Pirámide de la Luna, vinculada al Cerro Gordo, mientras que la Pirámide del Sol domina el horizonte como eje monumental. También destacó el Templo de la Serpiente Emplumada, en La Ciudadela, donde el poder político y la cosmovisión religiosa quedaron esculpidos en piedra.
Guerra subrayó que Teotihuacan no fue solo un centro ceremonial, sino una ciudad compleja con barrios multiétnicos, sistemas de drenaje, conjuntos residenciales y una tradición mural que todavía asombra por su sofisticación.
Para concluir, Adrián Barbón recordó que el Museo Nacional de Antropología recibió el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, precisamente por tender puentes entre culturas, “que nos permite aprender, que nos permite comprender, y que, en mi caso, como presidente del Principado de Asturias, después de haber estado con la comunidad asturiana, después de haber trabajado con el empresariado durante todos estos días, también tiene que servir para invitar a todos aquellos españoles y españolas que vengan a México, que no dejen de visitar estas pirámides, este conjunto ceremonial que, desde luego, merece la pena”.
Durante su visita a México, el presidente del Principado de Asturias fortaleció las relaciones comerciales y también exploró nuevas oportunidades empresariales en México, uno de los principales mercados de América Latina para la región asturiana.
RRR