Cultura

“Poesía y rock, hijos gemelos de la rebeldía”

“Vivimos tiempos difíciles, injustos y violentos, pero ¿cuándo no ha sido así?; hoy más que nunca se deben escribir poemas”, asegura la autora.

En el Fausto, de Goethe, Mefistófeles decide llevarse al infierno el alma del protagonista antes de que éste haya pensado en venderla. No importa la confianza que tiene Dios en su criatura para no corromperse, el pacto se firmará usando la propia sangre del condenado. La poesía es así, te elige, pero no para siempre, asegura la poeta española Raquel Lanseros.

De visita en México, donde participó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la también traductora reitera que en este oficio no basta la voluntad de escribir versos, ni trabajar duro todos los días. Al final la poesía elige a quién comprarle el alma, aunque también es veleidosa: puede darte luz un día y dejarte luego en la más completa oscuridad.

Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) es la poeta más relevante en lengua española nacida después de 1970, según 200 académicos de más de 10 universidades del mundo (Sorbona, Salamanca, Harvard, Princeton y Oxford, entre otras) consultados por la editorial Visor, que este año publicó dicha investigación en un libro titulado El canon abierto.

En 2013 Lanseros ganó el 29 Premio Jaén de Poesía por Las pequeñas espinas son pequeñas (Ediciones Hiperión) y este año publicó Poemas (Valparaíso Ediciones), una selección de textos de Lewis Carroll que acompañan el 150 aniversario de Alicia en el país de las maravillas (80% de ese material se conocerá por primera vez en español).

También tradujo Los ojos de Elsa (Visor, 2015), de Louis Aragón, un himno de amor que el poeta y cofundador del surrealismo dedicó a esposa y a su patria, Francia, ante la afrenta de la invasión nazi. La obra fue publicada originalmente en 1942 y gracias al trabajo de Lanseros ya se puede leer por primera vez en castellano.

En entrevista con MILENIO, cuenta la conexión que ha encontrado entre poesía y rock. Y arriesga una hipótesis: esta música, al igual que la poesía, tiene una madre común: la rebeldía. Deletrear unos versos eléctricos y escuchar a Led Zeppelin generan la misma sensación liberadora, dice. De esta simbiosis surgió el poema "Bécquer y el rock and roll".

EMOCIÓN Y MÚSICA
Octavio Paz llamó a la poesía "pan de los elegidos" y "alimento maldito". ¿Es así?

Estoy de acuerdo, pero aquí enfrentamos el eterno dilema: ¿el poeta nace o se hace? Ambas. El poeta se forma en los talleres y las lecturas, pero necesita algo más: alma, consciencia, entrañas: el tamiz por el que pasan las palabras para convertirse en poesía. También creo que la poesía no es para cualquiera. No basta con querer ser poeta, se requiere esa chispa que llamamos poesía: una mezcla de pensamiento, emoción y música.

¿La poesía te elige?

Sin duda, pero no para siempre. Escribir un libro meritorio no significa que siempre será así. La poesía puede alumbrarte un día y dejarte después en las tinieblas. Aquí no hay maestros; todos andamos en el camino. En este sacerdocio puede hacer todos los votos y a veces no es suficiente.

¿En qué momento supiste que querías ser poeta?

A los 12 años abrí un libro de mi padre, un libro viejo en papel cebolla, de pastas de cuero. Eran las Rimas y leyendas de Bécquer, que es una hermosura de título para un niño. Cuando leía esos versos descubrí algo maravilloso: que las palabras pueden transformarse, crecer, decir algo más de lo nombran en su uso cotidiano. Hubo una impresión física. ¿Qué era eso? Era el deslumbramiento de un niño cuando descubre algo.

En "Bécquer y el rock and roll" combinas tu experiencia poética y musical, que al final es una sola y la misma. ¿Cómo llegas a esa conclusión?

A mí me gusta mucho el rock. La sensación que tuve al oír esa música, también cuando era niña, fue la misma de aquella tarde en que leí por primera vez las rimas de Bécquer.

¿Qué bandas de rock te gustan?

Supongo que soy un poco anticuada, pero me gusta el rock clásico de Led Zeppelin. Escucho a Guns N' Roses, aunque los muy entendidos lo tacharán de blando. También me gusta el metal; es una música que lleva implícita una suerte de rebeldía y libertad. En eso se parece mucho a la poesía. Me gusta Craneón, que hace un metal muy puro, y Fuzz.

SABINES, PAZ, VELARDE...
¿Qué poetas mexicanos te interesan y cuáles sigues de cerca?

Octavio Paz es tan famoso que uno lo conoce desde siempre, pero el primer poeta mexicano que descubrí en la adolescencia, a quien rindo veneración, es Jaime Sabines, ese chiapaneco maravilloso con una poesía tan poderosa que mueve montañas. Me gusta también Rosario Castellanos, Eduardo Lizalde, Rubén Bonifaz Nuño, Velarde...

¿Qué libros hay en tu cabecera? ¿A cuáles vuelves otra vez?

Son muchos. En el avión a México he vuelto a Wislawa Szymborska, pero regreso siempre a García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Pablo Neruda y Rubén Darío, sin cuya obra la poesía moderna en español no existiría. Y, por supuesto, a César Vallejo, que está sentado a la derecha de Dios...

¿Tienes temas recurrentes?

Mi poesía es muy variada. La muerte, el amor y el erotismo son imprescindibles, pero me obsesiona más es el paso del tiempo. No hablo de acumulación de años, sino del tiempo como materia definitoria de nuestra existencia. El paso del tiempo es una tragedia, pero también es una alegría; es una lucha descarnada entre Eros y Thánatos: la fuerza motriz y la muerte. Al final eso es lo que somos.

También eres traductora. Recientemente trabajaste con Poe y Carroll, ¿cómo fue ese proceso?

Mi reto con Poe fue conservar la rima, porque la frontera con el ripio era peligrosa. En el caso de Lewis Carroll, traduje una selección de textos que se titula Poemas (Valparaíso Ediciones, 2015) para acompañar el festejo de los 150 años de Alicia en el país de las maravillas. La gran novedad es que 80% de esos poemas no habían sido traducidos al español. Sin embargo, tengo especial cariño por Los ojos de Elsa (Visor, 2015), de Louis Aragón, uno de los poetas fundadores del movimiento surrealista. Esta obra fue publicada en 1942 y se traduce por primera vez al castellano. Es un libro considerado un templo en el mundo francófono; fue escrito en la Francia ocupada por los nazis y es un himno de amor a su mujer y a su patria ante la humillación del país invadido.

El filósofo alemán Theodor Adorno dijo que era imposible escribir poesía luego de Auschwitz. Por fortuna estaba equivocado. ¿Los tiempos actuales son mejores?

Vivimos tiempos difíciles, injustos y violentos, pero ¿cuándo no ha sido así? Una de las tareas de la poesía es abordar el horror, no solo cantar cosas bonitas. Después de Auschwitz se escribieron muchos poemas sobre esa atrocidad y hasta hoy no se ha repetido. Sin embargo, hay que dejar claro que la poesía no combate ni elimina el mal, aunque sí lo conjura. En estos tiempos no solo se puede escribir poesía, se debe. Es un arma de la que no debemos prescindir.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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