“Desde chiquita traigo la pintura conmigo”, dice la artista abstracta mexicana Pilar Mainou. Recuerda cuando, a los 6 años, su mamá pintó la recámara que compartía con sus hermanas con imágenes de “nuestras princesas favoritas”. Ver esas paredes llenas de colores y formas le parecía “mágico”.
Esa sensación no ha hecho más que potenciarse. Muestra de ello es su primera exposición en solitario, Una mirada, una artista, que se erige bajo la máxima de que “defender la sensibilidad es casi un acto de resistencia”.
“Siento que vivimos en un mundo tan acelerado, con tanta inmediatez, que no hacemos una pausa. Por ejemplo: vas de vacaciones, estás en la playa y te quedas viendo tu celular, no la puesta de sol”, comenta en entrevista con MILENIO.
Una artista que pinta sensaciones
En un “momento de transición en mi vida”, Mainou presenta esta muestra conformada por 16 obras, de gran y mediano formato, que expresan sus emociones interiores y se abren a la interpretación del espectador.
“Pinto sensaciones, lo que hay dentro”, apunta la artista, que busca provocar la reflexión y la pausa en quien observa. Es decir, que “se tome un momento para observar, sentir y permitir que la obra dialogue con él; mi obra está terminada cuando genera un sentimiento”.
Se considera perfeccionista, “pero no al grado de quitarme la libertad de hacer”. Sobre todo porque “lo abstracto no puede ser perfecto, pero sí equilibrado”. Sabe cuándo detenerse.
“Cuando la eché a perder — dice soltando una ligera risa —. Puedo seguir y seguir, pero entonces entro en una especie de diálogo con la obra donde me dice: ‘Terminaste’. Y cuando no aprovecho esa oportunidad, se echa a perder”.
Sobre el poderío y movimiento que genera la mezcla de colores en sus piezas, como Se terminó la fiesta, Hay nubes en el horizonte y Listones, explica que la selección previa de tonos “sí es una decisión consciente”, pero que “lo que va a salir de esa selección muchas veces no lo es; es más espontáneo”.
La dimensión social del arte
Mainou también destaca la dimensión social del arte. “Como artistas, debemos contribuir a las causas”, afirma. Por eso, un porcentaje de las ventas de sus cuadros se destinará a dos organizaciones: La Cana y Mi Valedor.
La Cana, explica la pintora, “ayuda a mujeres privadas de la libertad a generar ingresos dentro del penal, y a que cuando salen de prisión puedan tener un trabajo y valerse por sí mismas”. Mientras que Mi Valedor es una revista que “ayuda a que personas en situación de calle vivan de manera más digna”.
“Es de vital importancia que no nos dediquemos solo a lo bello, sino también a la sociedad, que lo necesita tanto”, subraya.
Libertad y paz
Agradece a la joyería, rama en la que se formó, por haberle dado paciencia. "Es un trabajo minucioso que lleva muchos pasos, por lo que debes tener precisión y equilibrio. Es tan delicado todo: la selección del material, los tiempos de fundido, las temperaturas".
También reconoce a la honestidad como su brújula creativa: "Es encontrar tu propia forma de expresión sin buscar parecerte a nadie más. Es ser libre entre lo que estás sintiendo y plasmando".
Estos elementos, aunados a su constante exploración artística, le han permitido alcanzar hitos en su trayectoria, como su presencia en la plataforma internacional Artsy. "Estoy orgullosa de haberlo logrado en poco tiempo. Incluso tengo ya dos galerías internacionales que me representan. Son grandes logros".
Al cierre de la entrevista con MILENIO, Pilar Mainou invita a visitar su exposición — que abrió el sábado pasado y cierra el 28 de marzo — en Casa Polivalente Roma (Tonalá 97, colonia Roma Norte), con visita previa cita.
Y confiesa que desde esa "magia" que sintió de niña, al ver las princesas que pintó su mamá en su habitación, eligió el arte como compañero de vida: "¡Me da mucha paz! Si me pongo a pintar, ver arte o estudiar algo relacionado, se me olvida lo que me preocupa. Es un bálsamo, una meditación, un espacio donde mi mente deja de lado lo intrascendente para disfrutar el momento".
hc