El escritor Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) charla con MILENIO sobre Los nuevos (Emecé), novela en la que el escritor hace un retrato generacional a través de las vivencias de Thiago, Pilar y Bruno. Los protagonistas enfrentan la ruptura de sus familias y se enfrentan al mundo adulto.
¿Los nuevos es una novela de iniciación?
No pienso en términos de temas cuando estoy escribiendo, sino que pienso en individuos, en términos de personajes. Los tres tienen 19 años; por lo tanto, están en un momento de la vida iniciático de muchas cosas. Me interesa mucho ese momento en que uno sale por primera vez de la casa familiar y se te enloquece la brújula, empiezas a dormir en otros lugares, con otra gente, empiezas a trabajar de cosas que no te gustan, no sabes cómo vas a ganar plata. Un montón de cosas que suceden ahí, una vulnerabilidad, una soledad y también una fuerza muy grande.
¿Por qué los ubicaste en los años 90 y no en la actualidad?
Lo escribí buceando en mis 19 años; estos chicos de los que escribo no son tanto de ahora, son un poco anacrónicos, un poco atemporales. Por lo tanto, están más inspirados en mis 19 años. Pero también la novela está inspirada en mi mirada como padre, mi miedo a enjuiciar a los hijos. Yo confío en que el lector tiene todas las edades en potencia, pero uno como padre también lo lee de otra manera.
En una charla con Benito Taibo ambos mencionaban que crecer parece una trampa del capitalismo.
Es terrible la idea de que en realidad madurar sería convertirse en un consumidor. Esa concepción de la vida totalmente monetizada es espantosa. En la novela se pone de manifiesto lo del trabajo. Bruno limpia el campus universitario y toca el bajo; Tiago trabaja en una inmobiliaria mostrando departamentos y Pilar da clases particulares de inglés. Creo que a veces el trabajo lo que hace es que te empodera un poco; te emancipa también. Quizá lo que es importante también a esa edad es saber que el trabajo no te define, sino que es un trabajo que estás haciendo para ganar plata.
En la novela, Thiago se refugia en el silencio tras la pérdida de su madre; Bruno intenta hallar su propia voz desde una universidad en Estados Unidos, y Pilar lucha por sostener al grupo, pero tampoco la está pasando bien.
Thiago es un narrador que no quiere narrar.
Desde esa complejidad nació el libro. Eso me parece que en sí mismo es muy literario, porque la literatura es muy buena para lo no dicho. Así como el cine es muy bueno para el movimiento, las persecuciones; el teatro es muy bueno para el conflicto, que sale la confrontación entre individuos, la literatura es muy buena para lo que quedó adentro, lo no dicho, todo ese monólogo interno cerebral. Todos intentan que este personaje cuente lo que pasó y él no quiere. La literatura es muy hermosa en ese sentido, porque funciona como una instancia previa a la palabra dicha. Es casi lo que está pensando en silencio alguien.
Estos jóvenes buscan romper "burbujas" sociales.
Cada uno de los protagonistas utiliza la curiosidad como herramienta para fracturar su entorno. Thiago entabla amistad con el cuidador de caballos en un ambiente de privilegio; Bruno se vincula con el personal de mantenimiento en su campus universitario, y Pilar sigue con su cámara a Rosa, la empleada de su abuela, descubriendo una brecha social que ignoraba. En esta novela, estos chicos son criados en estas burbujas sociales y cada uno encuentra una manera de salirse con su propia curiosidad. De algún modo se rompe esa burbujita donde la pusieron o le encuentran una grieta, que eso creo que es importante a esa edad: encontrar la grieta por donde salir de eso.
Eres novelista, cronista y compones canciones, ¿cómo convive todo eso en ti?
Soy un circo adentro de mi cabeza y trato de compaginarlo. Me manejo tratando de adquirir compromisos, que eso lo aprendí del periodismo. Me comprometo con fechas de entrega y eso me obliga a que el hombre orquesta se ocupe de una cosa. Me entrego bastante al deseo de escritura, pero los compromisos me ayudan a salir de esta especie de deriva. El peligro de esa multiplicidad es que te puedes atomizar a la nada.
¿Todo esto nutre al escritor?
Sí, porque al fin y al cabo los cables están todos cruzados dentro de uno. En esta novela, mi tarea de hacer canciones se cruzó con mi tarea de narrador. Al final del libro hay un código QR que te lleva a unas canciones que son una grabación de los personajes. Bruno, Thiago y Pilar hacen una banda que se llama Hijos Únicos y graban tres temas. En realidad, está grabado por mí con una chica que canta muy bien, Miranda Díaz, y con Nacho Algorta. Fabricamos un falso ensayo de ellos y en este libro tengo la enorme suerte de que confluyeron la música y la narrativa.
BSMM