Óscar Vázquez Sánchez es un joven vitralista. Su discurso de la luz a través del vidrio ha roto ya con los formatos y técnicas tradicionales y cobró una dimensión donde la estética va de la mano de la funcionalidad.
Nació en Torreón pero sus padres vivían en la Ciudad de México por lo cual no ha conocido a cabalidad la luminosidad del desierto lagunero, aunque su padre es originario de Lerdo, y su mamá vivió en Gómez Palacio y en Torreón.
"Desde pequeño me gustó el dibujo y medio que se me dio. En secundaria tomé el taller de vitrales, ahí fue cuando comencé a conocer el mundo del vitral. Creo que sí fue una fortuna contar con esa educación".[OBJECT]
"El profesor que daba el taller era muy entusiasta en el arte, también daba el taller de cerámica, la escuela era privada. Después de la secundaria lo dejé un rato pero no dejé la expresión, seguía de necio que quería vivir de las artes plásticas y me metía a más cursos parecidos".
Óscar también tomó cursos en la Escuela Nacional de Artesanías en el INBA y allí abordó de nueva cuenta la creación del vitral tomando además clases de ebanistería y esmalte sobre metal.
"Después de un rato un amigo propuso hacerle un vitral a su tío, quería un Buda muy grande para su sala".
"Yo no había hecho ninguna pieza tan grande, no sabía cuánto cobrar, ni tenía dónde hacerlo pero acepté y le pedí a mi amigo que me ayudara porque sí fue un trabajo complicado".
"Al final lo logramos y fue como mi primer trabajo profesional. ciendo cálculos lo cobré como a una cuarta parte de lo que debió ser, pero igual fue mi primera experiencia con un cliente de verdad", apuntó.
De 1 metro 80 centímetros de alto por 90 de ancho, lo elaboró en el mes de agosto de 2009. Esa fue su primera experiencia de venta con cliente directo. Luego aprendería que en el mundo de vidrio, el vitral emplomado es el más común, es sólo la punta del iceberg.
Así conoció la técnica del vidrio fusionado que consiste en calentarlo hasta que esté en su punto de fusión, entre los 750 y 900 grados centígrados, con ello se combinan colores y se le da forma al vidrio, sea curva o angular pero el molde también debe resistir la temperatura.
Cómo aparece Vitrum Studio
"Después de un par de cursos me animé a comprar un horno. Fue una inversión fuerte, y después mesas de trabajo, desechables, moldes y un montón de cosas que no piensas cuando quieres poner tu taller".
"El horno era eléctrico y no lo puedes conectar así en el enchufe de la sala. La electricidad es un tema súper complicado".
El artista complementa. Nadie tiene una conexión trifásica de 10 amperes por línea, eso, dice, es "un chingo de electricidad".
"Conocí al arquitecto José Luis Razo, le caí bien. Él tenía un taller de marcos y ventanas muy lindos, su taller tenía espacio y la conexión trifásica, me invitó porque necesitaba quien hiciera unos vitrales para un oratorio que se construía en San José de Puerto Rico".
"Además él me presentó con Armando Ruiz Castellanos, un sacerdote que manejaba un proyecto muy grande y le dice que 'ya encontró' a su vitralista".
La intervención en el oratorio fue sobre 8 metros de largo por tres metros de alto. Esto le resultó en primera instancia aterrador, pero se reunió con el sacerdote, el ingeniero encargado de la obra y el estructurista.
"Moría de terror de no poder concluirlo y de que no resultara buen, digo, sin mencionar que el padre Armando lo quería todo con vidrio fusionado".
"Presenté el presupuesto que superaba el cuarto de millón de pesos, contemplé contratar a un trabajador por 3 meses y tenía que pedir vidrio a los Estados Unidos, un molino y un montón de desechables. A una semana lo aceptaron".
Después de hacer muchas pruebas de degradados de color en el vidrio, lo que resultó muy complicado, logró innovar sus propios conocimientos. Hizo más de 100 placas pero a los tres meses el avance reportaba menos del 50%.
El horno se descompuso, pidió más dinero que se acabó y volvió a pedir otra cantidad: "Tuve que entrar a trabajar a una oficina para poder pagarle al ayudante y se me ocurrió casarme".
"La obra se concluyó en 9 meses. La luz que entra es muy diferente con cada hora que pasa del día", aseguró Óscar, quien acotó, el padre le comentó que su presupuesto, aún y con las aplicaciones que pidió, era una tercera parte más barato de todo lo que encontró.
Después de eso comenzó a hacer las lámparas para un bazar.[OBJECT]
"Me doy cuenta que es muy complicado hacer arte en vidrio. Me gustaría contar con capital para echar andar el horno, comprar moldes y una maquinaria nueva, pero sé que el mundo no necesita vidrio para que funcione".
"Digo, sé que lo que trato de vender es un lujo que pocos se pueden dar, pero creo que es algo muy bello, cuando ves la luz llena de color o cuando prendes una lámpara que le da calidez a tu casa, cambia tu percepción de los espacios".
"Cuando tomé mi primer curso de vidrio fusionado conocí un mundo que no se conoce en México. Me gustaría poder capacitarme para pertenecer a The Glass Art Society".
"Eso es lo que quiero para Vitrum Studium, ir a Pilchuck para formarme pero tengo que aplicar beca al 50% y conseguir la otra mitad".
Las lámparas de Oscar Vázquez Sánchez están en venta en su Facebook y se pueden hacer pedidos especiales.
"Yo puedo enviarlas las lámparas y también hago biombos, espejos y hasta macetas, esto hablando del arte utilitario. También vitrales para ventanas y puertas", concluyó.