Los antiguos cines en La Laguna, de cadenas como la paraestatal COTSA y la independiente Cinemas Martínez o Cinemas Ramírez, fueron destruidos por incendios, se demolieron para dar paso a estacionamientos, fueron vendidos y sus nuevos dueños los transformaron en tiendas de departamentos.
Lugares considerados como patrimonio artístico, tal es el caso del Cine Princesa frente a la Plaza de Armas de Torreón, donde ahora hay un estacionamiento. O el Centauro en Lerdo y Torreón en el centro de esta ciudad, los cuales fueron demolidos o transformados a tal grado que ya no se reconocen.
El recuento incluye al Cine Modelo que se incendió, el monumento del Art Decó, que fue paseo de domingo para los laguneros. Así como los cines de los Martínez en la Alianza, por el bulevar Revolución.
Los Gemelos de Organización Ramírez, ahora son una plaza comercial, en el bulevar Revolución oriente. Luego, la compañía exhibidora de Michoacán regresó como Cinépolis y tiene la cadena más grande en la ciudad.
El cascarón del Cine Torreón, fue derrumbado para construir la Plaza Mayor. El Cine López es una tienda de departamentos que pertenece a una cadena nacional que compró al Estado la Compañía Operadora de Teatros y Cadena Oro, S.A., y que fuera parte de empresarios de ciudades como México, Distrito Federal y Puebla, Puebla.
De cines a teatros
Los cines Isauro Martínez y Nazas tuvieron mejor suerte, fueron convertidos en teatros. El Martínez fue construido por el empresario del mismo nombre en los años 30 y rescatado a iniciativa de un grupo de estudiantes universitarios en los años 70.
Mientras que el Nazas fue construido a principios de los años 50 y convertido en teatro en la primera década de este siglo.
El Cinelandia pasó mucho tiempo creyendo que un sueño lo podía revivir, hoy sobrevive solo una miscelánea con ese nombre en la avenida Abasolo, esquina con la calle Madero.
Lo mismo pasó con los vecinos de la calle 5 de Mayo en el sector Alianza, que leían el letrero en el baldío anexo al Torreón (hoy Museo del Algodón) y creyeron que ahí se construiría un cine.
El Salón Xavier en la calle once, esquina con Avenida Bravo, dejó de ser refugio de los niños del barrio luego de misa dominical, cuando asistían a ver los "Cachitos" de lucha libre o Chabelo por unos cuantos centavos. Ahora es un salón de fiestas anexo a la iglesia de San José.
La iglesia de Nuestra Señora del Socorro, en la esquina de Falcón y Avenida Juárez, también tuvo su sala de "Cachitos" domingueros. Y la sala 2001, se mantiene en ruinas por la avenida Hidalgo y calle Falcón, todos ellos en el centro de la ciudad.
Eventos familiares y manifestaciones
Ir al cine era como asistir a un evento familiar, hasta los años 80. Cada sala tenía su público, sus costumbres, pero en todas había que formarse en largas filas para poder entrar, para ver por ejemplo “¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?” con la lagunera Carmen Salinas.
En los años sesenta las señoras de "sociedad" se manifestaban en la entrada al cine Torreón con pancartas para invitar al público a que no entrara a ver películas como "Rebelde sin causa" con el desaparecido James Dean y diez años después se programaron en el mismo cine de la avenida Abasolo y calle Galeana, las primeras funciones de medianoche, con "El Exorcista" en cartelera.
Eran los años setenta. En el Comarca 2000, en el boulevard Independencia poniente, luego convertido en discoteca y finalmente, se mantiene cerrado, se organizaban festivales de cine internacional que a veces escandalizaban a ciertos sectores sociales Así sucedió con "La gran Comilona" de Marco Ferrari o se asustaba al público en funciones de medianoche con "Masacre en Texas" en las desaparecidas Salas de Arte "Buñuel" en el mismo boulevard Independencia, donde hoy funciona una ferretería.
Algunos quedaron en terrenos otros en negocios
El Continental, estaba en Gómez Palacio, en la calle Santiago Lavín y avenida Morelos, hoy se aprecia solo un terreno baldío y el Roma, en la esquina de la avenida Madero y calle Zaragoza, convertido en mueblería, eran cines de barrio en el centro de Gómez Palacio.
Y el más popular de la ciudad era el Palacio, frente a la plaza de armas, cita obligada para los alumnos de secundaria y preparatoria en la región. Los dos cines de Ciudad Lerdo eran parte de la comunidad, todos se conocían y se saludaban en la oscuridad de la sala. Los niños disfrutaban de su domingo en la matinee del cine López, era su premio por haber hecho la tarea, la oportunidad para disfrutar un espectáculo sin la vigilancia de sus papás, iban solos al cine y lo hacían en grupos.
En esos tiempos había dos tipos de público. Entre semana los mayores, los que huían del sol, entraban al cine porque había aire acondicionado, era como un refresco antes de regresar a casa. Empleados y obreros que salían a caminar por el centro de las ciudades y veían una, dos o tres películas, como parte del paseo.
Los fines de semana, los jóvenes que iban al cine a pasear con la novia, con los amigos, a conquistar muchachas, a conocer gente. Las amas de casa de Ciudad Lerdo, iban al Centauro mientras sus esposos regresaban del trabajo, sus hijos entraban con permiso del portero para buscar a su mamá y avisarle que ya estaba su papá en casa.
En el otro extremo estaban las señoritas que trabajaban en la Zona de la Alianza e iban al cine Variedades, de la calle Ramos Arizpe y avenida Morelos, hoy convertida en tienda departamental, en busca de clientes. También estaban los cinéfilos que buscaban tesoros cinematográficos, como el arquitecto Salvador Pruneda, el doctor Jorge Estrada Berg o el actor Jorge Méndez.
Cine, una opción de entretenimiento popular
El cine era una de las pocas alternativas de entretenimiento popular, no había televisión por cable, las revistas especializadas sobre cine eran escasas, editadas casi todas por el estado. Los cineclubes eran pocos, como el de la UA de C Unidad Torreón, que funcionaba los domingos con tres funciones en el auditorio de la Facultad de Derecho, en el boulevard Revolución poniente.
Luego llegó el del ITESM, funcionaba los viernes por la tarde y el de la Alianza Francesa que proyectaba cine francés los martes por la noche en el teatro Mayrán, después teatro Garibay Fernández, hoy cerrado. Estos cine clubes funcionaban con proyectores de 16 milímetros, las cintas eran de la Cineteca Nacional o de distribuidoras independientes como "Zafra".
La UA de C tuvo un cine con proyector de 35 milímetros en el auditorio de la FCA donde se mostraron cintas alternativas al cine comercial, como "Saccoy Vanzetti", luego desapareció el proyector y se acabó la función. La familia entera iba al cine donde comían semillas de calabaza, palomitas y emparedados.
El estado mexicano proyectó casi todo el cine que produjo en sexenios como el de Luis Echeverría. Se pudieron ver en el cine Continental "Canoa" de Felipe Cazals, en el Torreón "Actas de Marussia", de Miguel Littin y "La Patagonia rebelde".
Luego de la proyección vespertina de "Noches de boulevard" en el cine Modelo, se pelearon grupos de jóvenes, como si estuvieran en la película. El cine Modelo tenía la peor curva isóptica imaginable, estaba hundido y era incómodo, se incendió luego de su etapa de oro en que pasaron "El dormilón" de Woody Allen.
Había tres cafés frente a la plaza de armas donde se reunía luego de ir al cine: La Rambla , el Café de París y Los Globos. En ciudad Lerdo, estaba El Covadonga y en Gómez Palacio, era obligado pasear por la plaza principal, después del cine. Con la llegada de la familia Martínez, La Laguna tuvo cines modernos, con tecnología de punta en los años 70, 80, incluso los primeros años de los años 90, como el Centauro, los Gemelos del Boulevard Revolución, ya demolidos, los Gemelos Plus, en la Calzada Colón y la avenida Ocampo, uno se demolió y el otro es un centro de oración.
También construyeron el Comarca 2000 y la Sala 2001 y tuvieron una cadena de cines a nivel nacional. Los cines de arte Buñuel formaron parte de una cadena que proyectaba cine alternativo como "Nos amábamos tanto" de Ettore Scola o "El Ángel Extermiandor", de Luis Buñuel.
Esos cines grandes, aislados, como sembrados en las ciudades, de algunos de barrio y pequeños, como el que funcionaba en la colonia Vicente Guerrero, o el que estuvo unos meses en la Colonia Las Rosas, en Gómez Palacio, fueron parte de la cultura de la Comarca Lagunera.
En los años 80, películas como las italianas "Cinema Paradiso" de Giuseppe Tornatore y "Splendor" de Ettore Scola, aventuraron profecías sobre el fin de esos cines enormes.
No muere, se transforma
En "Cinema Paradiso", el cine del pueblo termina abandonado y luego lo derrumban. En "Splendor", con Marcelo Mastroianni, el cine del lugar termina como tienda de departamentos. Por su parte, el cine de madera que construye Ignacio Guadalupe, Juan Carlos Ruíz y Gabriela Olivo en "Vidas Errantes" del duranguense Juan Antonio de la Riva, se incendia y ellos deben seguir su camino como exhibidores ambulantes.
Pero el cine no se acabó, no hubo "La Muerte del cine", solo se transformó en sus formatos de preproducción, producción, post producción y exhibición. Llegaron las grandes plazas comerciales y se construyeron en ellas las multisalas.
Los cines dejaron el centro de las ciudades y se instalaron en los suburbios, se volvieron objetos caros de consumo y las salas son ahora pequeñas, con pantallas pequeñas y tecnología digital.