Carlos Mapes desentraña la pálida sombra que a todos encanta. Consigue grandes momentos de lucidez poética y nos involucra en la esencia de esos ritmos intensos y esos sueños musicales que han marcado a generaciones, se trata de su obra “Sombra del rock” (UANL-Trilce).
El autor nacido en la Ciudad de México en 1955 lanza la hendrixiana pregunta: ¿Tienes experiencia? Y la de él está llena de imaginación y poesía en el rock.
Es este libro atemporal, Carlos Mapes se adentra en los valores universales del género con un estilo trepidante, ameno, poderoso, incluso salvaje, animado en los grandes discos y exponentes de los años más fructíferos del rock, estamos hablando de los cincuenta a los setenta. En el libro se respira la psicodelia, el heavy metal, el rock ácido, jazz, el folk o la canción de protesta, que pasaron en definitiva al inconsciente colectivo.
Mapes ofrece un agradable tratado de cómo se deben contar las historias de los clásicos y las de él mismo, que pueden ser las de todos, con los intereses fluidos y espiritualmente rockeros de la palabra. Cada relato o poema tiene un título más personal que nada, que nombra, que invita, que seduce.
Es el rock cómo se hace y cómo nos gusta consumirlo. Ejemplos bastan y sobran. Aquí extraigo algunos fragmentos, y hay que empezar con el “Rey”, para que todo tenga sentido, bajo “El sol de Memphis”, dice el autor: “‘Suspicious minds’, collage de música en el cual las caderas de Elvis se pegan a la melodía, al ritmo y a la armonía”.
Mapes también dedica algunas “Líneas sueltas sobre los Beatles”. Cito a continuación:
“Cuando Ringo pensaba en el futuro le daba insomnio. Si al fin lograba dormir, soñaba a Paul en su lugar, tocando la batería”.
“Si Hamlet hubiera vivido en la época de los Beatles, su corte de pelo hubiera sido como el de ellos”.
“Para los Beatles el pasado no existe. Incluso ‘Yesterday’ se convierte en presente”.
Describe también figuras “Indomesticables”, y se espera no sea difícil adivinar de quién se trata: “Únicamente conseguían apaciguarse a través de la música: entonces producían una resonancia parecida a la del sol, en la cual traslucía su lado más humano”. En referencia a los Animals y su canción “House of the rising sun”.
Mapes no se olvida del “Fragor deslumbrante” del siguiente guitarrista: “Cuando Hendrix decidía acercar la guitarra al amplificador se convertía en su más grande transgresor, creando un eco inédito”.
El escritor acude a un dúo que al escuchar sus discos permiten “habitar aquella atmósfera que solo tienen los poemas, oírse a sí mismo con otra voz”. Simon y Garfunkel: “En ‘The sounds of silence” se compenetran a la perfección el sonido de la guitarra acústica con los arreglos instrumentales. Cuando escuché esta canción llegaron a mi vida las preguntas; me aparté de los demás y creció la soledad”.
Desde luego la mujer en el rock está tan presente como la siguiente “Estampa”: “Mujer de ancestral belleza y poderosa voz, rasgada, jaspeante, con cortes desiguales en la definición de su canto: chispas en la oscuridad”. Palabras que aluden a Tina Turner.
Y ya en esas no se olvida del solo de voz más famoso de la historia del rock: “Janis Joplin se despidió de nosotros, inmolándose como una estrella, con un toque de humor, al cantar ‘Mercedes Benz’ a capella, tentándonos para siempre sola y, paradójicamente, sin más ruido”.
Soy fan de los discos en directo y sus versiones largas, y Mapes no “se olvidó de mí”, esto entrecomillas por supuesto, con un poema llamado “Más vivos que muertos”: “Para los Grateful Dead la vida transcurría en sus diacanciones de larga duración; fueron los inventores de las melodías extendidas que duraban toda una jornada como ‘Viola Lee blues’: continuas, abundantes, voluptuosas”.
Con breves frases dice mucho. Cito:
“Joan Baez es tu voz femenina. A través de su canto te expresa a ti y a sí misma”.
“Cuando Joe Cocker cantaba, al parecer el sonido salía de sus manos”.
Mapes no se olvida de aquella “Pared”: “Pink Floyd transmite la fragilidad propia del ser humano, cuyo espíritu se extiende hasta el espacio cósmico con un estilo imaginario y melancólico. Caos de sonido. Obra hermosa, destinada para oídos desgraciados como los míos, tristemente desoladora. Infausta, hiriente”.
Y así pasan por el filtro poético de Carlos Mapes más clásicos como Creedence, Chicago, Traffic, Led Zeppelin, Santana, Van Morrison, Bob Dylan, Los Stones, Bee Gees, Aretha Franklin, los Doors, Cream, los Troggs, y bueno hasta aquí, porque no puedo parar el rock and roll.