Cultura

[Multimedia] La muerte de un vampiro

Germán Robles quedó marcado para siempre como "el vampiro del cine mexicano" luego de su interpretación del personaje en el cine en tres o cuatro ocasiones.

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Alguna vez me tocó presenciar un breve altercado del actor Luis Gimeno con un periodista de espectáculos. Al cruzarse con el actor, el reportero le soltó algo así como un "hola, Chaca Chaca". Gimeno no se contuvo y le dijo dos o tres enérgicas verdades al confianzudo sujeto, que lo pusieron en su lugar. Una de ellas era que el mote de Chaca Chaca no lo merecía por interpretar en un anuncio televisivo a un vendedor de detergentes que se valía de esa frase para ilustrar la eficacia de su producto. En realidad, tenía detrás una brillante carrera como actor, sobre todo en el teatro, y la publicidad a la que se refería el periodista no significaba más que un episodio mínimo en el desempeño de su profesión.

A Germán Robles le pasó algo similar. Quedó marcado para siempre como "el vampiro del cine mexicano" luego de su interpretación del personaje en el cine en tres o cuatro ocasiones. Prácticamente ninguno de los personajes a los que prestó con notable eficiencia su rostro y su voz en casi 90 películas tuvo un éxito similar. Como Gimeno, hizo de sus actuaciones caracterizaciones tan extraordinarias que sus personajes quedaron para siempre en la memoria de todos. Alguna vez Robles demandó a una empresa que promovía sus productos con su exitosa imagen de elegante vampiro. Les ganó el pleito.

Quienes interpretaron en otras cinematografías al mismo personaje quedaron también marcados para siempre con esa imagen, como Bela Lugosi en los productos estadunidenses y Max Schreck y Klaus Kinski en el cine alemán. Como cualquier vampiro que se respete, Robles encontró la muerte al amanecer, con los primeros rayos del sol. Alguien recordó hace unos días cómo, fiel a su personaje, pudo superar hace tiempo una aguda crisis de salud gracias a la sangre que le donaron sus amigos y discípulos.

Robles interpretó con solemnidad al aristocrático chupasangre desde que apareció por primera vez en el cine como el Conde Karol de Lavud en El vampiro, de Fernando Méndez, realizada en 1957. Al año siguiente regresó para su segunda actuación fílmica en El ataúd del vampiro, también bajo la dirección de este realizador. Tal vez entonces el actor tendría solo una vaga idea de la trascendencia de su personaje, derivado del Nosferatu de Murnau, que llevaba el rostro de Schreck.

Friedrich W. Murnau hizo circo y maroma para recrear en 1922 las peripecias del melancólico vampiro que tenía formalmente prohibido llevar el nombre de Drácula sin el pago de las regalías correspondientes a los herederos de Bram Stoker, el autor irlandés de la célebre novela. Pero al gran maestro del expresionismo alemán nunca se le ocurrió que su vampiro podía volar agitando sus alas de plástico mientras reía de manera siniestra. Tal vez Robles tuvo muy en claro el homenaje que rendía al kitsch con su personaje y supo sobrellevarlo con orgullo y dignidad enormes.

Que descanse en paz el vampiro más querido por todos.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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