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Jueves , 25.04.2019 / 11:39 Hoy

“En momentos límite, la moral pasa a segundo término”: Arturo Menéndez

[Entrevista]


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Don Cleo (Santiago García) es un humilde vendedor de piñatas en San Salvador. Un mal día recibe una nota de extorsión por quinientos dólares. Acude con las autoridades y amigos en busca de ayuda pero topa con pared. Desesperado, no encuentra otra solución mas que enfrentarse a los criminales. Inspirado en un hecho real, el director salvadoreño Arturo Menéndez filmó Malacrianza, una historia latinoamericana de cabo a rabo. Valga decir para la estadística que ésta es la primera película de El Salvador que viaja a festivales desde 1969.

Su película partió de una anécdota real.

En 2010, un señor de edad avanzada me contó que estaba dispuesto a salir de El Salvador por una extorsión. Su drama me motivó a escribir el guión; no obstante, retomé cosas de otro conocido. Digamos que Malacrianza es una especie de collage de distintas realidades.

Don Cleo encarna la frustración de quien a falta de respuesta de las autoridades busca hacer justicia por propia mano.

En Latinoamérica sucede constantemente. A través del personaje quería mostrar a los antihéroes cotidianos que se ven obligados a ir un poco más allá para resolver sus problemas.

Unos de los rasgos de Don Cleo, como antihéroe, son la empatía con el espectador y la conciencia de los límites entre el bien y el mal.

Don Cleo es un antihéroe de la épica cotidiana. Un sujeto que se juega la vida, sobrevive; alguien a quien no le salen las cosas, pierde el trabajo, lo asaltan. Son situaciones cotidianas; si se asoma a su ventana seguramente verá a alguien como él. En nuestros países las realidades son similares pero a veces no somos conscientes de ello.

¿Hasta dónde se vale tomar la justicia por uno mismo y hacer a un lado la ley?

Cuando tu vida o la de tu gente está en riesgo, el discurso moral cambia. Don Cleo descubre que la justicia no puede hacer nada por él y, en consecuencia, no hay más que moverse por uno mismo; incluso en ocasiones se alía con el mal por una cuestión de vida o muerte. En momentos límite la moral y la ética pasan a segundo término.

Exhibe también la imposibilidad del Estado para afrontar a ciertos sectores del crimen.

En nuestro país es común ver autoridades con las manos atadas, por mucha voluntad que tengan. Me parece importante y necesario hablar de aquellas situaciones en las que la justicia se convierte en un personaje mudo.

¿Es verdad que durante el rodaje una pandilla le ofreció seguridad a cambio de no pedir apoyo policiaco?

Las condiciones de rodaje fueron guerrilleras. Filmamos en la calle y sin permisos. Cuando llegaba la policía pedíamos su apoyo y casi siempre accedió. Es verdad que en una ocasión una pandilla nos ofreció seguridad a cambio de no convocar a las autoridades. Su líder fue muy amable, incluso quería colaborar o aparecer en la película.

Ahí hay otro tema: los territorios impenetrables para la ley y que funcionan en paralelo al Estado.

Es curioso, los pandilleros se mostraron cálidos cuando vieron que podían confiar en nosotros. Creo que su reacción social obedece a la forma en que la sociedad los sataniza.

Malacrianza es la primera película salvadoreña que tiene proyección internacional desde 1969. ¿Por qué?

No somos un país con una cultura cinematográfica tan grande. Al ser una nación con tantos problemas, obviamente el cine y las artes se colocan en el tercer o cuarto lugar de prioridades. Hasta hace poco el gobierno salvadoreño creó apoyos a través del Ministerio de Economía y de la industria privada, de modo que confío en que esto cambiará.

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