La canción nace de un momento intensamente personal. Rafael Mendoza describe el enamoramiento como algo incendiario, avasallador, de esos que no dejan espacio para la tibieza. En su proceso creativo, una frase se le revela como un relámpago:
“No quiero solo, quiero contigo.”
Esa línea se convierte en el eje de toda la canción, aunque llegar a ella no fue inmediato. Durante años, el compositor intentó construir la obra desde ese verso, llenando páginas enteras de una libreta con intentos que no terminaban de cuajar. Hasta que entendió que esa frase no debía abrir la canción, sino cerrarla, como una afirmación final, contundente e irrevocable.
A partir de ahí, Solo contigo se construye como una instantánea emocional, una manera de cantar el deseo, la entrega y la rendición ante el otro. Versos como “venderle mi alma al dios de nuestros sentidos” colocan al cuerpo y a la percepción como territorios sagrados y peligrosos a la vez: ventanas al mundo, pero también puertas a la obsesión y al abandono.
La obra visual que acompaña a la canción corre a cargo de la maestra Liliana Mercenario, quien interpreta la letra desde un lenguaje simbólico cargado de misterio. Al escuchar la canción, Liliana identifica imágenes recurrentes: el cielo, el infierno, la pasión, el deseo. Una frase la marca especialmente: “rasgar el cielo”. A partir de ella construye un dibujo donde el cielo aparece desgarrado, ordenado y herido, como un espacio donde lo divino y lo infernal se tocan.
En su pieza, la figura femenina emerge desde la mirada: silenciosa, intensa, inevitable. Para Liliana, el proceso creativo también parte de dejarse arrebatar por el tema, permitir que la emoción guíe la mano. No se trata solo de ilustrar una canción, sino de habitarla desde la propia sensibilidad.
Ambos creadores coinciden en que la pasión es el motor central del arte. Para Mendoza, escribir canciones es traducir emociones en melodía; para Mercenario, es volcar lo que conmueve en una imagen que también conmueva. En ese cruce entre música y artes plásticas, Solo contigo encuentra una nueva dimensión.
El compositor comparte además algunas coincidencias reveladoras: la canción fue alguna vez titulada Infierno y paraíso por otro intérprete, y años más tarde Elena Poniatowska publicaría La piel del cielo, resonando con uno de los versos más discutidos de la obra. Para Mendoza, arañar esa “piel del cielo” representa la urgencia humana de alcanzar lo que parece inalcanzable.
Solo contigo se convierte así en un espejo de esas experiencias que todos reconocemos: amores que exigen entrega absoluta, deseos que desbordan la razón, emociones que no saben quedarse a medias. Para Rafael Mendoza, la canción fue la necesidad de concluir una emoción intensa; para Liliana Mercenario, la oportunidad de darle forma visual a ese fuego interno.
La obra confirma que el arte nace del arrebato, de la pasión y de la honestidad emocional. Y que, cuando música e imagen se encuentran, una buena canción puede convertirse en un espacio donde todos, de algún modo, nos reconocemos.
Escucha esta entrevista completa en “El Arte de la Canción: Segunda Temporada” Celebrando los 80 años de la Sociedad de Autores y Compositores de México en Milenio Televisión.