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Viernes , 22.03.2019 / 19:08 Hoy

Mexicano destaca en el MIT por sus ganas de ayudar

El alumno de ingeniería química crea un sistema para fabricar medicinas, analiza problemas de vinicultores y auxilia a hijos de personas con cáncer.

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Originario de Linares, Nuevo León, Juan Jaramillo Montezco no solo destaca como estudiante de ingeniería química en el Massachussets Institute of Technology, sino también por ser un joven que se dedica a ayudar a la gente, tanto con su investigación científica, como con su tiempo libre.

“En todo lo que hago me gusta ver que estoy ayudando a los demás, sobre todo a mi familia, porque ellos son primero”, comentó a MILENIO el joven de 22 años que este verano recibirá su título de ingeniero en química.

El hijo de Juan José Jaramillo Gómez y Sylvia Montezco Villagrán dice que, además de las ganas de ayudar, la curiosidad es el otro ingrediente principal en su vida.

De la cocina al laboratorio

“Mi padre me inculcó la ciencia, aunque a él le gusta más la física. En realidad mi vocación viene de mi madre, ella cocina mucho y una de las cosas que más recuerdo de cuando era niño es el olor a frijoles y ajo en la cocina: eso es química, los aromas y los sabores. Mi gusto por esa disciplina se lo debo a ella, aunque nunca se lo he dicho”, recordó Jaramillo en entrevista.

Con el paso del tiempo, el neoleonés decidió abordar esa disciplina desde la ingeniería para ayudar a un gran número de personas. Por dos años, con su profesor Allan Myerson, trabajó en el diseño de un sistema llamado Farmacia en Demanda.

“Es como una planta química que normalmente ocupa un edificio pequeño, pero logramos que fuera del tamaño de un refrigerador. Puede servir para sintetizar muchos químicos y hacer casi cualquier medicamento en presentación de tabletas. En las pruebas lo adaptamos para antiinflamatorios”, explicó.

“Esto puede ser de mucha utilidad en localidades apartadas, como en África, donde no pueden llegar las medicinas o las que se envían se degradan por el clima”, comentó.

En su penúltimo año en el MIT, Jaramillo aprovechó una oportunidad para trabajar con Jean-François Hamel, especialista en fermentación del Departamento de Ingeniería Química.

“Primero le escribí para comentarle que me interesaba ingresar a su cátedra porque de grande, cuando tenga 50 o 60 años, quiero retirarme y poner un viñedo y para eso se usan levaduras”, remembró.

El catedrático no le contestó durante meses, pero de repente le habló porque unos vinicultores en Óregon lo contactaron debido a que el cambio climático estaba haciendo que las uvas tuvieran mucha azúcar, lo que provoca que el vino salga con demasiado alcohol.

“Me uní a la investigación, que sigue en desarrollo, en la que buscamos como modificar las levaduras (bacterias) para que produzcan otras sustancias que ayuden al sabor de la bebida y no generen tanto alcohol. No usamos transgénicos porque la gente no quiere consumirlos, pero cambiamos sus condiciones de desarrollo para que actúen de manera diferente y ayudar a los vinicultores con su problema”, señaló.

Altruismo y medicina

Pero Jaramillo no solo ayuda desde su laboratorio, también es uno de los tres presidentes del Kesem Camp, un campamento de dos semanas para niños cuyos padres padecen cáncer que ayuda a más de 180 menores cada verano de forma gratuita.

“Durante todo un año me la pasé recolectando fondos y junté 127 mil dólares, creo que es un poco más de dos millones de pesos, para poder ayudar a esos niños”, dijo.

“Les ponemos varias actividades. Tenemos una fogata enorme, imagínate, caben 200 personas, y cantamos canciones con ellos. He entrenado como a 80 consejeros, ellos inician platicando experiencias con familiares enfermos”, detalló el futuro ingeniero.

“Eso ayuda a que después los menores, desde 6 hasta 18 años, cuenten a los consejeros su experiencia, hablan de como su mamá perdió el cabello o como después de batallar con la enfermedad su padre falleció. El campamento les ayuda mucho porque es muy difícil salir adelante si no tienes a tu familia”, aseguró.

Después de esa experiencia, Jaramillo decidió que también quiere estudiar medicina.

“Voy aplicar a esa carrera en el MIT, pero también en Harvard, Stanford y Johns Hopkins. Aunque sé que como ingeniero químico puedo ayudar a 200 mil personas en un año y como doctor solo a 300, al conocer lo que viven esos niños me di cuenta de que es muy importante”, subrayó.

Pero al final, además de ayudar a la humanidad, “quiero ayudar a mi familia. Mi padre continúa laborando como electricista en Houston, pero quiero que se pueda retirar, porque ya ha trabajado mucho”, concluyó.

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