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Lunes , 18.02.2019 / 22:04 Hoy

Más historias mínimas

Hombre de celuloide


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Cristi Puiu, cuya película La muerte del señor Lazarescu es considerada por los críticos una de las cien grandes obras fílmicas del siglo XXI, nos espeta ahora con casi tres horas de realismo en tono posmoderno. En Sieranevada, Lary es un médico que pelea con su mujer porque ha comprado para su hija el disfraz equivocado. La niña quería uno de Disney y él ha conseguido uno de los hermanos Grimm. Se supone que el diálogo tiene que ser chistoso, pero uno piensa: los rumanos tienen otra clase de sentido del humor. Más tarde, Lary nos introduce en una fiesta familiar y no hay manera de justificar esta aventura en la que se habla tanto y sucede tan poco. Aún así hay dos cosas que vale la pena notar para entender por qué los críticos elogian tanto el trabajo de Cristi Puiu. Primero: en las secuencias en que Lary interactúa con su madre se nos revela su infancia sin la necesidad de flashbacks. Segundo: yendo y viniendo por este departamento, asistimos a un interesante mosaico de las ideas políticas en el este europeo. Aquí están la vieja comunista, el sacerdote ortodoxo, la monárquica empedernida y dos tipos atontados que, celular en mano, tratan de demostrar a los invitados que el ataque del 11 de septiembre en Nueva York fue en realidad autoría de George Bush. En efecto, Cristi Puiu tiene talento para escribir y para mover la cámara pero el problema está en sus intenciones. Lo que quiere es transmitir un fragmento de vida cotidiana y lo consigue. Que uno no se sienta particularmente atraído por las reuniones familiares parecería ser problema personal. Y es que por más que sea aburridísimo este cine, Cristi Puiu y otros compatriotas suyos (como Cristian Mungiu, autor de 4 meses, 3 semanas, 2 días) estriba en que utilizan la tradición del cine ruso para darle un nuevo sentido. De ello no se sigue ni que todo mundo tenga que imitarlos ni que todas sus obras sean igualmente interesantes. Gran parte del éxito de crítica del Nuevo Cine Rumano está en la resignificación de una tradición propia, de modo que dos recomendaciones: si usted no es un cinéfilo calado absténgase de Sieranevada. Segundo: si usted es un cineasta mexicano, no sea pretencioso y no trate de imitar una tradición soviético–posmoderna en la que, a decir verdad, no pasa nada digno de narrar.

@fernandovzamora


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