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Martes , 19.03.2019 / 05:04 Hoy

Los maestros y los otros

EL SANTO OFICIO

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El cartujo no simpatiza con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ni comprende a sus apólogos, muchos de ellos vociferantes radical chics, dispuestos a todo menos a enviar a sus hijos a una escuela pública y ni si diga a una con maestros de la disidencia. No le caen bien Rubén Núñez ni Francisco Villalobos Ricárdez, respectivos secretarios general y de organización de la Sección 22, ni ninguno de los demás dirigentes de esa agrupación, promotores de violencia en distintos lugares del país, precisamente en aquellos con los más bajos índices de aprovechamiento escolar.

No le caen bien, y sin embargo no puede estar de acuerdo con la detención de Núñez y Villalobos, los acusan de enriquecimiento y lavado de dinero, de robarse libros de texto gratuitos. Tal vez también podrían acusarlos de mirar feo al secretario de Educación, Aurelio Nuño, o de no saberse las tablas de multiplicar. En todo caso, una vez más, el gobierno federal parece andar dando palos de ciego.

Para empezar, si se han enriquecido: ¿dónde está el dinero?, ¿dónde las cuentas bancarias, las casas, los ranchos, los automóviles de lujo, los yates, las joyas, los relojes caros como los de César Camacho, ex gobernador del Estado de México?

En un país de políticos corruptos inmensamente ricos, como Carlos Romero Deschamps, César Duarte, Javier Duarte, Roberto Borge y Guillermo Padrés, Núñez y Villalobos serían unos pobres diablos si solo se robaron 132 millones de pesos. Quizá son tontos o nunca tuvieron las oportunidades de otros personajes de nuestra vida pública, como el exonerado Humberto Moreira, quien dejó la gubernatura de Coahuila con una deuda de más de 36 mil millones de pesos y un envidiable patrimonio personal.

Núñez y Villalobos no son héroes de la disidencia magisterial, como pretenden Andrés Manuel López Obrador y sus acólitos, no les importa la educación de los niños más pobres del país, su agenda es política, no educativa. Como la de Aurelio Nuño, a quien su nuevo cargo lo ha hecho conocer por encima la realidad de las escuelas de gobierno —como se decía antes, en la fiera infancia del monje—, una realidad incomprensible para él, parte de una élite alejada de los problemas de maestros de a pie, cansados de promesas falsas y alebrestados por líderes proclives al poder. De ahí su discurso monótono, sus constantes amenazas, las decisiones sobre las rodillas, temblorosas sin duda.

Los líderes de la 22 son producto de un sistema podrido, del sindicalismo charro y abusivo protegido por los gobiernos priistas, del cual es ejemplo perfecto la maestra Elba Esther Gordillo, cuya fortuna sigue intacta aunque ella esté de vacaciones en Tepepan. Ellos son resultado de décadas de clientelismo y negociaciones por debajo del agua. Seguramente tienen una cola larga, ahora falta ver si el gobierno puede probar sus acusaciones.

Queridos cinco lectores, con el sol a plomo sobre su descarapelada tonsura, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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