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Domingo , 17.02.2019 / 04:18 Hoy

“En la literatura llevas prestigio a casas, pero no monedas”: Alberto Barrera Tyszka

El escritor venezolano revela que, a la par de su desarrollo literario, ha elaborado guiones de “telenovelas rosas”, como Nada personal, que marcó un antes y un después en la producción en México
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Todo empezó en el periodismo, aunque la poesía haya ido a la par. Después vino la narrativa, pero también la necesidad de construir un universo en el que la situación de su país, ya de por sí problemática hace tres décadas, cuando comenzó en la escritura, estuviera planteada desde diferentes perspectivas.

Quizá por ello, Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960) sea considerado de los escritores más representativos de la literatura venezolana de nuestro tiempo, en especial porque ha sabido estar dentro y fuera de su territorio: pese a la crisis, no deja de viajar hacia allá para tener el pulso de lo que sucede.

Es autor de títulos como La enfermedad, Patria o muerte, o el más reciente Mujeres que matan (Literatura Random House, 2018), ubicada en una ciudad sin nombre, donde se funda un club de lectura como un acto de rebeldía, pero también como el espacio en el que los deseos más oscuros de las mujeres se pueden hacer realidad.

Y junto a esa vena literaria, hay una faceta que ha desarrollado a la par, la de guionista de telenovelas, en el que su éxito ha corrido de manera paralela a su progreso literario.



¿Cómo se dio tu primer acercamiento a la escritura de guiones para telenovelas?

Era un joven en Venezuela que trabajaba en el archivo de un periódico y necesitaba ganar más. Ya escribía algunas cosas y un dramaturgo que estaba escribiendo una telenovela me llamó y me pidió unos diálogos para la telenovela Amanda Sabater, de eso ya hace más de 30 años.

“No tenía ni idea, pero me iban a pagar más y yo tenía una hija de un año y necesitaba cambiar de trabajo. Ni siquiera veía telenovelas, no me gustaban, pero llegué al trabajo a aprender cómo hacer diálogos: eran tiempos en que se escribía en máquinas de escribir con papel carbón, cuando la telenovela venezolana atravesaba por un buen momento”.

Comenzó la historia por necesidad, ¿cuáles fueron los siguientes pasos en tu incursión?

Durante un buen tiempo hice diálogos para telenovelas rosas, al estilo de Televisa; después tuve la posibilidad de escribir una serie para Colombia, al lado de Bernardo Romero, un autor importante, quien había escrito muchos éxitos; después me fui a Miami y a Argentina, hasta que en 1995 la productora Argos hizo como una especie de casting de escritores y me eligió para escribir Nada personal.

Una telenovela que marcó un antes y un después en la producción en México, ¿qué significó para ti?

Fue una experiencia sensacional. No conocía México y había la posibilidad de hacer algo nuevo con Tv Azteca, que se arriesgó a hacer esa novela, que dialogaba con el referente político del asesinato de Colosio y tenía muchos elementos de la realidad.

“Resultó una experiencia extraordinaria, tan solo porque eran otros años de la televisión. Después hicimos Demasiado corazón, con Demián Bichir: la primera que hablaba del Señor de los cielos, y he seguido con todos esos procesos hasta la actualidad”.

¿Cómo ha sido escribir literatura y los guiones para telenovelas?

La televisión tolera poco, sobre todo la abierta, la complejidad y la ambigüedad; la telenovela tiene unas reglas muy estrictas: es un producto que funciona con unos códigos muy fuertes, donde la historia de amor es muy importante; además, se trata de un sistema de producción estricto y preciso, que debe ser muy rentable.

“La literatura es el reino de la ambigüedad, de la imaginación y donde todo es posible. En literatura puedo empezar con una línea que diga: ‘el helicóptero estalló en el aire’ y ningún editor me va a decir nada. Si lo escribo para un guion, el productor me cancela el proyecto”.

¿Se mantiene el interés por las telenovelas?



Todo ha cambiado y he estado trabajando más para Sony, para un proyecto personal de una serie y probablemente tenga que escribir más series este año. El año pasado hice el comienzo de una serie que tenía que ver con la Conquista.



En la actualidad, pareciera que las series dominan la atención de los espectadores…



El tema es que se ha producido una revolución tecnológica que ha cambiado el panorama de cómo se consume el material audiovisual. Las plataformas afectan a la televisión abierta tal como lo conocíamos; aquí, por ejemplo, Tv Azteca ya anunció que dejaría de producir ficción y Televisa también está cambiando. Posiblemente su futuro esté en los deportes, noticias, concursos, programas de opinión, y la ficción va a estar más asociada a esas plataformas.



“Eso lo manda quien compra y en la actualidad ese es Netflix, y si a Netflix le gustan las series, la gente es lo que va a producir y lo mismo pasa con Amazon. Y como no compra telenovelas, el género va a ir reduciendo su nicho: lo que era antes el gran producto de la televisión abierta se reduce a un nicho menor y la gente va a producir más series”

¿Cómo ha sido vivir entre esas dos esferas: la escritura de ficción literaria y la de telenovelas?



Hay un escritor venezolano, Salvador Garmendia, un hombre muy sabio y maravilloso, quien contaba que cuando de pequeño le dijo a su hermano mayor que quería ser escritor de literatura, ‘éste le dijo: traerás prestigio a la casa, pero no monedas’.



“En general, los escritores de literatura vivimos de otras cosas: del periodismo, de la publicidad o, como es mi caso, de los guiones de telenovela. Yo he vivido de la televisión”.



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