En el este de Jerusalén no hay muros visibles, pero las latas de aluminio aplastadas por los carros revelan una frontera líquida y desigual. Rodrigo Ímaz, artista visual y documentalista mexicano con formación en grabado metálico, recorrió durante dos meses ese territorio y encontró en un detalle la clave de un conflicto: las latas israelíes se reciclan; las palestinas, no. La misma materia prima es desvalorizada por su origen. “Es como si el aluminio dejara de ser aluminio o las personas dejaran de ser personas”, dice.
El creador que utiliza el dibujo, grabado, pintura, fotografía, escultura, cine e instalación para cuestionar y representar críticamente el acontecer, en entrevista con MILENIO, dice que la observación nació “Latas de Palestina”, proyecto que ahora se presenta como exposición y libro, en el Centro Cultural de España en México (CCEMx).
Las piezas, refiere, son fotografías de alta resolución de latas individuales, impresas en aluminio para matizar la materialidad del conflicto. A primera vista parecen cercanas al pop art de Warhol, pero su historia es profunda: cada sello del shekel, es un registro de discriminación.
La metodología de Ímaz remite a su documental Juan Perros, sobre un pepenador en Coahuila: analizar los desechos para entender la vida de una comunidad. Testigo etnográfico y contexto ambiental se entrelazan con imágenes de las latas, tratadas como artefactos arqueológicos.
En el libro, cuatro textos complementan la propuesta: el internacionalista Genaro Lozano aporta historia del conflicto; la curadora Maayan Sheleff explica la residencia; Nadya Rasheed, embajadora del Estado de Palestina en México, habla acerca la cultura de su país, y Sol Vargas, gestora cultural, reflexiona sobre la metáfora del aplastamiento.
“Es una radiografía del territorio. Descubrí relaciones desiguales, una fuerza mayor aplasta a una fuerza inferior”. La posición del artista fue de respeto y empatía, sin pertenencia religiosa pero con “raíz espiritual profunda”.
La exposición y el libro Latas de Palestina buscan catalizar un diálogo respetuoso. “Es una invitación a encontrar en la metáfora de los objetos una relación entre humanos”, dice Ímaz, maestro en práctica artística por la Universidad Politécnica de Valencia, España.
Un gesto cotidiano como el de desechar algo porque viene “del otro lado, revela racismo y deshumanización”, cuestiona el artista, que tiene en su trayectoria 20 exposiciones individuales.
¿Qué te llevó a recoger latas en Jerusalén y a convertir ese hallazgo en proyecto artístico y editorial?
Intenté encontrar en los desechos las claves de la convivencia y del conflicto. Durante prácticamente dos meses recorrí diariamente el territorio del este y analicé qué injusticias y carencias había de un lado que no había del otro. Quería diagnosticar lo que veía en mis paseos por esos barrios. No existe un muro físico en la ciudad; la frontera es invisible, líquida y transitable. Lo que descubrí fueron muchas latas tiradas en la calle y aplastadas por los carros. Eso me llamó la atención por mi formación como grabador en metal.
¿Por qué Israel no recicla las latas de aluminio de Palestina?
Evidentemente hay un gesto de discriminación hacia una materia prima que es la misma. Es como si el aluminio dejara de ser aluminio o las personas dejaran de ser personas. Me pareció un reflejo ontológico del conflicto: asumir que no puedes reutilizar algo por su origen habla de racismo.
¿Tu trabajo es una radiografía de la injusticia?
Diría que es una radiografía del territorio. Descubrí relaciones desiguales: hay una fuerza mayor que aplasta a una fuerza inferior. Presento fotografías digitales e impresas en distintos soportes; en la exposición y en el libro se intercalan además imágenes que dan contexto y un registro más ambiental y etnográfico del territorio y sus habitantes.
¿Cómo abordaste las implicaciones estéticas, éticas y políticas para trabajar allí?
Añado el ingrediente religioso: ambos lados del territorio están inmersos en una religiosidad profunda. Es como si todos estuvieran rezando todo el tiempo, aunque con visiones distintas. Hay raíces muy delicadas y uno debe ser muy respetuoso al aproximarse a los distintos grupos. Mi posición fue siempre de respeto y empatía para entender lo que pasaba y propiciar, de alguna manera, una conversación. No soy religioso, pero tengo una profunda raíz espiritual; no me considero parte de ninguna iglesia. Considero que la exposición y el libro son una invitación a conversar desde el respeto, cualquiera que sea la ideología u opinión.
¿Qué detalle de las latas no debería pasarse por alto?
La propuesta invita a encontrar en la metáfora de los objetos una relación establecida entre humanos. Que un acto cotidiano de desechar algo, revele cómo valoramos o desvaloramos a quienes consideramos ‘el otro’.
¿Cómo decidiste el orden y la secuencia del libro?
El volumen se organiza con textos que ofrecen distintos marcos de lectura: Genaro Lozano aporta la visión histórica internacional; Mayan Shelles, la curadora, contextualiza la residencia; Nadia Rachid, desde la embajada de Palestina, acerca a la cultura palestina; y Sol Vargas reflexiona sobre la metáfora del aplastamiento y su representación visual.
El libro Latas de Palestina y la exposición, que se podrá visitar en el Centro Cultural de España hasta el 28 de junio, además de ser una obra de arte, es un diagnóstico visual de fronteras invisibles que se manifiestan en lo cotidiano. Ímaz convierte un objeto desechado, una lata aplastada en emblema de discriminación y en catalizador para el diálogo.
El libro, presentado este sábado 20 de junio, invita a conversar con respeto sin importar la ideología y a reconocer que el gesto de desechar “lo del otro lado” es un acto de racismo.