El año que terminó presentó una enorme variedad de películas nacionales y extranjeras en las pantallas de México. Cintas que dejaron huella en los espectadores a su paso por la cartelera comercial, las plataformas digitales como Netflix —que ha ido creando su propio contenido y se ha convertido en una alternativa de exhibición— así como por los circuitos festivaleros de Guadalajara, Morelia o Los Cabos.
Esta lista de filmes, todos vistos este año —aunque no todos exhibidas comercialmente aún— busca representar, en opinión de este crítico, lo más destacado en diversos géneros. El orden obedece únicamente a un criterio personal.
1.- ‘LaLaLand’ de Damien Chazelle
Concebida como un homenaje al musical cinematográfico del siglo XX, en esta cinta todo está referenciado, desde las coreografías espectaculares de Busby Berkeley, Harold Prince o Bob Fosse, hasta los filmes de Fred Astaire, Gene Kelly, Judy Garland y muy particularmente la demoledora y colorida opera de Jacques Demy Los paraguas de Cherburgo (1964). Esta segunda película del director de Whiplash narra los acontecimientos en torno al genuino enamoramiento de Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling) en Los Ángeles, escenario propio para un derroche de estilo visual y musical que convierten al filme en una expresión artística profundamente original, clásica y desolada al mismo tiempo. Es sin duda una de las obras maestras de este año y con seguridad una de los contendientes más fuertes al Oscar el próximo febrero. La química entre Gosling y Stone es casi milagrosa en este planteamiento acerca del precio que hay que pagar por realizar un sueño.
2.- ‘Animales nocturnos’ de Tom Ford
La segunda cinta del célebre y visionario diseñador de modas convertido en cineasta es probablemente la historia de horror psicológico más bellamente filmada de la historia. Desde su polémica secuencia de créditos hasta su brutal anticlímax, la trama-dentro-de-una-trama (a su vez adaptada muy libremente de una novela de Austin Wright) muestra en paralelo las historias de Susan Morrow (Amy Adams), una glamorosa art-dealer de Los Ángeles, y del personaje ficticio Tony Hastings, creado como protagonista de una novela inédita por su ex marido (ambos interpretados por Jake Gyllenhaal) y cuyo viaje nocturno por Texas deviene en una pesadilla. Como ejercicio de metaficción, la cinta funciona sin falla para mostrar dos realidades que se van entrelazando al punto en el cual el espectador no puede separar la realidad de lo imaginario. Michael Shannon (Take Shelter) en su papel de un policía en la parte “ficticia” del filme, ratifica su sabida calidad, al igual que la consagrada Laura Linney, que en su única y breve aparición como madre de Susan consigue robarse la película, prácticamente sin dificultad, con el mejor parlamento en una cinta en la que los buenos diálogos abundan y todos los miembros del elenco deslumbran.
3.- ‘Elle’ de Paul Verhoeven
Tras casi una década de ausencia, el polémico y deliberadamente provocador cineasta holandés parece haber encontrado una manera mucho más sutil de causar impacto con esta formidable cinta, la comedia negra más aguda de la década, protagonizada por Isabelle Huppert en una interpretación monumental como Michèle Leblanc, una mujer ejecutiva de aparente temple de acero, que en la primera escena ha sido brutalmente violada en su hogar por un hombre enmascarado. Después del incidente, ella decide no llorar, sino que limpia rápidamente el desastre y decide continuar su vida, aunque no puede evitar obsesionarse por encontrar, retar y destruir a su violador, al tiempo que cambiada por una repentina descarga de energía consecuencia el ataque, pone en orden todas las demás relaciones en su vida —hijo, ex marido, amante, amigas, madre. Probablemente la interpretación de la Huppert sea la más destacada del año.
4.- ‘Manchester by the sea’ de Kenneth Lonergan
El dramaturgo y cineasta Kenneth Lonergan es una figura completamente idiosincrásica, como lo demostró en sus cintas anteriores —Puedes contar conmigo y Margaret— al tomarse entre cinco y 10 años de tiempo entre cada una. Aquí explora los lazos familiares en una aldea de Nueva Inglaterra, a la que el taciturno Lee Chandler (Casey Affleck) debe volver después de la repentina muerte de su hermano mayor (Kyle Chandler) para ocuparse de su sobrino adolescente, del que es tutor legal. Mediante un prolijo uso del flashback —del que no abusa, como a veces sucede con este recurso—, conocemos las razones que Lee tuvo para alejarse, no solo de su pueblo natal, sino de la raza humana en general, encontrando su lugar haciendo tareas domésticas repetitivas como una parte clave de su búsqueda de expiación. En el rol de Randi, ex mujer de Lee, Michelle Williams hace un trabajo deslumbrante y desgarrador, necesitando tan solo tres escasas escenas para resultar inolvidable, catártica y al mismo tiempo tan bella como vulnerable.
5.- ‘Arrival’ de Denis Villeneuve
Doce naves procedentes de otro mundo aparecen en diferentes puntos de la tierra. Esta no es una invasión extraterrestre, sino un encuentro cercano del primer tipo. Por lo mismo, ésta tampoco es una cinta de ciencia ficción convencional. Basada en la novela corta de Ted Chiang Historia de tu vida, la trama presenta a Louise Banks (Amy Adams, en otra interpretación magistral) una lingüista que es convocada por el gobierno de Estados Unidos para intentar decodificar el lenguaje de las criaturas alienígenas y saber así cuáles son sus intenciones para con el planeta. Acompañada por un físico (Jeremy Renner), Louise consigue comunicarse con la especie galáctica y de paso paga un precio muy elevado por los dones que le otorga su descubrimiento. Por momentos poética y a ratos demoledora, es sin lugar a duda, la cinta que todo estudiante de ciencias de la comunicación debería ver.
6.- ‘The Invitation’ de Karyn Kusama y ‘I am the pretty thing that lives in the house’ de Oz Perkins
El empate en este renglón obedece a que estas dos cintas, ambas de un inquietante terror psicológico aunque muy distintas en su planteamiento y atmósferas, no se estrenaron en circuito comercial convencional, sino que se estrenaron directamente en la plataforma digital Netflix, que ha ido revolucionando internacionalmente los métodos de creación y exhibición. La cinta de Kusama, ambientada en un tétrico Bel Air, describe lo que ocurre cuando un divorciado es convocado, junto con su nueva pareja, a una cena de gala en la que fuera su casa, por su ex esposa, que ahora está casada con un ex amigo de él, siendo ambos el vínculo con un siniestro culto que extiende su influencia entre los amigos que acuden a esta reunión para nada gozosa. Paranoica y elegante, la película tiene todos los elementos para ser una de la más atmosféricas y angustiosas del año.
Por otra parte, la cinta de Perkins también se apuntala en la atmósfera, pero aquí se explora otra vertiente del género: la fábula gótica de fantasmas, al más puro estilo de Henry James o —en un tenor más moderno— Shirley Jackson. Ruth Wilson (The Affair) encarna a una joven enfermera que llega a una aislada mansión campestre a cuidar de una anciana escritora de novelas de terror (nada menos que la legendaria Paula Prentiss) y descubre que hay una presencia espectral manifiesta en la casa, y que ambas mujeres están conectadas de muchas formas. Ambas cintas representan lo mejor de su género, realizado con ingenio, sobriedad y una insólita belleza.
7.- ‘La región salvaje’ de Amat Escalante
La cuarta cinta de Escalante regresa a sus territorios (Guanajuato) para narrar, esta vez con elementos sobrenaturales y fantásticos, un sórdido melodrama doméstico anclado en la realidad: la enigmática Verónica (Simone Bucio) llevará a la joven ama de casa sexualmente frustrada Alejandra (Ruth Ramos), y a su hermano Fabián (Edén Villavicencio), quien sostiene una relación secreta con su cuñado (Jesús Meza), a involucrarse con una criatura que les ofrece todo el placer y todo el horror que sus cuerpos puedan soportar. En parte homenaje a Posesión (1981) de Andrezj Zulawski y en otra retrato de las condiciones domésticas de la clase media provinciana, la película muestra a un Escalante mucho más seguro de sí, con inventiva y mano diestra, lo que lo llevó a obtener el León de plata a mejor director en el Festival de Venecia.
8.- ‘Love & Friendship’ de Whit Stillman
Stillman, otro cineasta sui géneris desde su debut, en 1990, con la comedia Metropolitan, es de esos creadores que se toman mucho tiempo entre una cinta y otra, además de ser constantemente comparado —por sus guiones pasados— con Jane Austen. En esta ocasión, aborda una novela poco conocida de la autora de Orgullo y prejuicio, para contar una de las comedias más ácidas y divertidas del año. Kate Beckinsale es la inescrupulosa y muy astuta Lady Susan, una aristócrata en apuros que para casar a su hija con el mejor partido, es capaz de cualquier cosa, incluso de enredarse con el pretendiente que a su heredera no le conviene. Mordaz y elegante, Stillman aborda el universo Austen con aplomo y el resultado es una cinta llena de diálogos citables, con una excepcional dirección de arte y que arranca carcajadas de principio a fin.
9.- ‘The Neon Demon’ de Nicolas Winding Refn
Es verdad que la trama de esta cinta del director de Drive no es realmente la gran cosa: una especie de variación en los temas de Cenicienta, trasladada al mundo de la alta costura y el glamour, con unas hermanastras como ronda de arpías capaces de cosas siniestras y una princesa banal y desalmada—, pero ese no es el punto de su existencia, sino el esmero y la visión con la que Refn establece todos los set-pieces visuales de la cinta. El despliegue de colores, técnicas de cámara, diseño y fotografía, hacen que la película sea una deslumbrante obra de arte, que a manera de un catálogo de hermosas atrocidades, se desenvuelve para impresionar y seducir al ojo del espectador, prescindiendo deliberadamente de la cohesión narrativa.
10.- ‘Bellas de Noche’ de María José Cuevas
Por turnos conmovedor y despiadado, tierno y agudo, este documental muestra, en sus vidas cotidianas de hoy y al margen de su gloria pasajera, a cinco vedettes que hace casi 40 años fueron la sensación en la vida nocturna de un DF que ya no existe. Así seguimos a Olga Breeskin, Lyn May, la Princesa Yamal, Wanda Seux y Rossy Mendoza, que viven —o sobreviven— en una realidad muy distinta a la que construyeron en escenarios como El Belvedere o El Señorial. Cuevas no es condescendiente con sus entrevistadas y más bien sirve como el enlace del espectador para ver y redescubrir a estas figuras que fueron icónicas y mostrarlas ahora, con franqueza, en un mundo que no las intimida. Uno de los documentales más aclamados del año, muy merecidamente.