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La doble vida de Da Vinci

Entrevista

Una biografía reciente traza los escenarios en los que se movió el pintor italiano, a quien recordamos a 500 años de su muerte, el 2 de mayo de 1519.
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Pintor, arquitecto, investigador, inventor, escritor, estudioso. Nadie encarna el ideal del Renacimiento, del uomo universale, de manera más brillante que Leonardo da Vinci. En su conmovedora biografía, Leonardo. El hombre que quería saberlo todo, que apareció el 14 de febrero, su autor, Bernd Roeck, sigue a Leonardo a través de la Italia del Renacimiento y del cosmos espiritual de aquella época, cuyos límites el artista traspasó repetidamente.

Leonardo era un hombre poseído que dejó una riqueza infinita de ideas que alentaron el florecimiento de la imaginación y la proliferación de especulaciones. En su libro, Roeck somete las fuentes a un estricto escrutinio para revelar lo que se sabe sobre el artista, y lo que no se sabe. Nos pone al tanto de las redes que promovieron la carrera siempre en ascenso de Leonardo y la agitación política de su tiempo. Sobre todo, nos hace partícipes de los procesos creativos en los que El Maestro gestó su arte único.

—¿Qué es en lo primero que piensa al escuchar la palabra Renacimiento?

En imágenes: Florencia, la cúpula de Brunelleschi o el David de Miguel Ángel; en el renacimiento del Renacimiento, que no significaba sólo copiar formas antiguas o repetir viejos pensamientos. Significaba crear algo completamente nuevo con el pensamiento en el futuro; un proceso trascendental, único en la historia de la humanidad.

—¿Cómo se llegó a eso? ¿Por qué la gente empezó a ver el mundo con otros ojos?

Ojalá lo supiéramos con exactitud. Personalmente, iría a la Alta Edad Media, un periodo cálido que favoreció el aumento de la población. Se fundaron miles de asentamientos. Las ciudades crecieron y se desarrollaron en espacios de intercambio cultural y de despertar intelectual.

—¿Marcó el cambio climático el comienzo de una era?

El comercio internacional se expandió. Nuevas ideas comenzaron a circular a la par del dinero y los bienes. En este tránsito, la herencia india y la árabe fertilizaron el mundo espiritual de Europa.

Autorretrato

—Un gran auge, pero a mediados del siglo XIV aparece la peste.

Sí, pero la muerte masiva, por cínica que parezca, no trajo sólo consecuencias negativas. Sugería la “preocupación por uno mismo”, ya sea que se pensara en términos de vida eterna, en el más allá, o acordarse de pasar bien nuestro breve tiempo en este mundo. Ambas posturas influyeron las artes: por un lado se ofrecían altares y misas a las almas, por otro se construían palacios, se celebraban fiestas y la gente se rodeaba de cosas hermosas. El dinero necesario estaba disponible porque la epidemia no afectó el capital ni los bienes. La fortuna de los muertos pasaba a manos de los sobrevivientes, como es lógico.

—¿A qué se debió el repentino entusiasmo por las reliquias de la Antigüedad?

No sucedió tan de repente; más bien observamos un proceso con años de duración. Un ejemplo: usted necesita expertos para negociar contratos, redactar y certificar actas notariales. En ese momento eran los clérigos quienes se encargaban de gestionar esas cuestiones. A medida que la población crecía y el número de negocios aumentaba, se hacía necesario recurrir cada vez más a los laicos, que se regían por las reglas del Derecho romano, lo que generó también un renacimiento en el campo jurídico. Muchos de estos abogados empezaron a interesarse por la cultura generada de algo tan maravilloso como el Ius romanum. Por lo tanto, no es casualidad que muchos de los “creadores” del Renacimiento, desde Petrarca hasta Leonardo y Maquiavelo, procedieran de familias de abogados.

​—¿Y el arte? ¿Por qué se volvió tan importante?

La posesión de cosas bellas, junto a la construcción de magníficas villas y la posesión de animales entrenados marcaron las diferencias sociales. El arte, como dijo el sociólogo Pierre Bourdieu, sirvió de distinción. El exceso de pinturas y esculturas era la expresión de competencia política y social. El mecenazgo era una forma de ir pasando las horas muertas en el día a día de las personas ricas.

"Somos los herederos del Renacimiento, para bien o para mal".

Bernd Roeck

Historiador alemán

—¿Hubo algún coleccionista que desarrollara una especie de “tierna” relación con el arte?


La marquesa Isabel d’Este, la gran mecenas de Mantua, una verdadera amante del arte moderno, una coleccionista entusiasta del arte manierista. Ella quería un “Leonardo” a toda costa, sin importar cuál fuera el tema del cuadro, ni cuánto tiempo le tomara al maestro producirlo, ni el costo.

—A menudo se dice que el individuo moderno nació en el Renacimiento. ¿Es así?

Fue el historiador Jacob Burckhardt quien creyó reconocer un “individualismo moderno” en el Renacimiento. Puede ser que la crisis del siglo XIV sugiriera redefinir la relación de la humanidad con Dios y el más allá.

—Entonces así comenzó la era moderna en la que hoy vivimos.

Que los italianos del Renacimiento fueran los “primogénitos entre los hijos de la Europa moderna” es también una tesis central de Burckhardt. Esa no sería una forma de decirlo hoy, aunque es cierto que las obras modernas fueron construidas en el Renacimiento. Es decir, en el campo técnico, había tomado forma la “era de la mecanización”; una era que, con la máquina de vapor, produjo el motor más importante de la industrialización y, por tanto, la variante occidental de la modernidad. La celebración de la tolerancia, que Erasmo de Rotterdam encuentra en el Renacimiento, se convirtió más tarde en leitmotiv de la Ilustración, así como en un acceso racional al mundo, sobre todo, con un espíritu crítico. Somos los herederos del Renacimiento, para bien o para mal.

—Florencia se convirtió en cuna del Renacimiento. ¿Por qué no Génova o Venecia?

Bajo el patrocinio de los Médici, a través de su banco, Florencia se hizo cada vez más poderosa e internacional, hasta convertirse en una metrópoli de altas finanzas. Por otro lado, había relaciones con Flandes, el otro gran centro de las artes de la época. En el siglo XV, los florentinos toman de sus maestros una visión más realista del mundo. El Renacimiento italiano, por lo tanto, tiene su origen en esta combinación de elementos flamencos con formas antiguas. La ubicación geográfica central de Florencia es probable que haya sido también una ventaja sobre otras ciudades italianas.

—Leonardo se sintió muy cómodo en Florencia durante mucho tiempo, luego fue a la corte de Milán en 1481. ¿Se podía ser más liberal allí?

Leonardo siempre estuvo dispuesto a correr riesgos cuando se trataba de clientes potenciales. Por debajo del duque de Milán, el papa, el rey de Francia o el sultán del Imperio Otomano, no ofrecía sus servicios. Florencia todavía estaba llena de clientes importantes en ese momento, pero Milán era mucho más rica y, por ende, más atractiva para él.

—Sin embargo, Leonardo casi no terminó ningún trabajo. ¿De dónde venían el dinero y estos clientes influyentes?

El factor decisivo es que el rango de un ingeniero, un arquitecto o un músico era mucho más alto que el de pintor, por lo que se les pagaba mejor; lo que también se aplicaba a Leonardo. Como arquitecto e ingeniero era mucho más respetado que como pintor. Por las gigantescas celebraciones que organizaba para la nobleza, por la construcción de canales acuíferos, por sus diseños arquitectónicos y por todo lo que producía, debió haber sido bien remunerado.

—¿Por qué pintó tan poco?

Esa es una de las grandes preguntas. Para el historiador del arte Martin Kemp, es un verdadero milagro que no haya logrado concretar algo; con las innumerables ideas que tenía… De por sí, en vida era demasiado solicitado, vivía agobiado en su función de organizador de celebraciones, una labor descomunal de la que ya casi no queda nada. Supongo que mucho de su arte no se ha perdido. Además, es muy probable que a menudo le interesaran otras cosas aparte de la pintura.

—Señala en Leonardo una fascinación por los acertijos, la dificultad por comprender la mayoría de sus escritos, y atribuye usted la agenda del pintor al programa intelectual de la época. ¿A qué se refiere?

Para la gente de esa época nada está ahí simplemente. Todo tiene una causa y todo significa algo. No saber cómo la perla entró en la concha, cómo fue creada, convirtió tal fenómeno no solo en un símbolo de la concepción virginal de María, sino que generó una profunda conexión interior que la gente fue desarrollando hasta convertirla en una fuerte creencia. Los artistas, entre ellos Leonardo, jugaban con esta forma de pensar. Según fuentes antiguas, Leonardo simboliza la pureza en La dama del armiño, retrato que hizo de Cecilia Gallerani.

—Los innumerables bocetos, dibujos, notas y planos que conocemos hasta el día de hoy lo descubren como un científico que resultó ser un artista genial.

Leonardo anotaba todo. El papel era caro, así que llenaba hasta el último rincón con muchos de sus pensamientos parcialmente abortados. Desde muy joven se concentró en la aritmética y las figuras geométricas, cuando se suponía que debía trabajar en los encargos de obra pictórica. Los historiadores de la ciencia afirman que de haberse conocido sus ideas el mundo habría cambiado. Pero Leonardo no lo supo porque no publicó nada debido al ansia de perfeccionismo.

—¿Y qué pensaban sus contemporáneos de las “chifladuras” de Leonardo, como llegó a referirse Giorgio Vasari?

Se sabía muy poco. Hasta el siglo XIX fue conocido principalmente como pintor. Hoy sabemos que Leonardo llevaba una doble vida: en casa se sentaba y jugaba a poner sus pensamientos sobre el papel, y no permitía que nadie viera sus bocetos con los prototipos de máquinas voladoras. Por otro lado, era el elocuente y encantador artista de la corte, el genio osado aferrado a la vida palaciega. Supongo que se dio por entero a sus experimentos, a la cientificidad de su oficio. Me atrevería a señalar sus experimentos con las naves de vuelo como su proyecto de vida más importante.

Perfil Bernd Roeck

Profesión

Historiador

Edad

65 años

Nacionalidad

Alemán

Especialidad

Renacimiento
Profesor de Historia en la Universidad de Zurich, sostiene que la era moderna comenzó en la época de Leonardo, que el cambio climático detonó un auge artístico en el siglo XIV y una transformación en el serhumano que lo hizo entenderse de manera distinta.

@ Die Zeit, enero de 2019.

Traducción del alemán: Andrea Rivera.


ÁSS

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