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Viernes , 22.02.2019 / 13:31 Hoy

Fernando Solana: “El lenguaje es prioritario para defendernos de la barbarie”

Entrevista

En 'Luna Roja', Fernando Solana Olivares reflexiona sobre lo mucho que el lenguaje limita o amplia la perspectiva de un individuo.
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El lenguaje dice mucho de lo que somos como individuos y como sociedad. Mediante la filosofía y la literatura, Fernando Solana (Ciudad de México, 1954) se plantea esta cuestión en Luna roja, donde reúne una serie de ensayos que ubican su blanco en el intento por explicar nuestra época.

En uno de sus ensayos escribe: “Volver al lenguaje para crear nuevo ser”. ¿Reinventarnos a partir de la palabra?
Hay un problema en términos de pérdida del lenguaje. Una de las plagas posmodernas ha sido la reducción. George Steiner sostiene que alguien con doctorado usa entre 80 y 90 palabras a lo largo de su vida. Al reducir nuestro vocabulario reducimos también nuestro número de perspectivas. El lenguaje es prioritario para defendernos de la barbarie que nos acecha.

¿Cómo defendernos y retomar esta bandera cuando, como cita en el libro, vivimos en la época del homo videns?
Sartori definía al homo videns como aquel individuo que ve el mundo a través de la pantalla y en consecuencia no alcanza a comprender su entorno. El homo sapiens, en cambio, estructura procesos de reflexión abstracta que le permiten establecer categorías. La gran lucha como civilización debe ser por recuperar el lenguaje como el instrumento fundamental de la conciencia.


¿Cree que se está dando esta batalla desde los foros naturales como las escuelas, los medios de comunicación o la literatura?
Parcialmente. Somos muchos los preocupados por estos temas, aunque es real que son más a quienes no les interesa plantear una renovación del lenguaje. No obstante, siempre hay pequeños grupos dispuestos a morir en la raya. La lucha por el lenguaje cruza nuestro proceso civilizacional y confío en que el homo sapiens restablecerá su predominio y el homo videns tendrá una posición secundaria.

En sus ensayos habla de la apocatástasis como una época donde se vuelve al origen, pero en medio de un caos político y social.
La apocatástasis es aquello que define la aparición inesperada de formas de representación y mentalidades del pasado. La tradición señala que estos periodos aparecen al inicio de una transformación radical donde tienen que resolverse los pendientes para poder pasar a una etapa distinta. Otros autores usan el término “fantología” para hablar del acoso del pasado no resuelto; esta corriente se ubica dentro de una línea psicoanalítica aplicada a la sociedad. Vivimos una época final, el fin de una civilización en sí misma que dará paso a una nueva cultura.


Estamos en una suerte de oscurantismo zombi, escribe.

Hay una oscuridad inducida. Me llama la atención que desde el cine se reivindique al zombi, cuando según la tradición filosófica equivale a la pérdida de la razón. Lo que ahora pasa delante de nuestros ojos es el descerebramiento o la deshumanización de la conciencia; de ahí la multiplicación de gente dormida o gente que no está viva ni muerta.



Y que se hila con la falta de una narrativa. Usted cita en este sentido al filósofo Byung Chul-Han y su reivindicación de la literatura.

La literatura es el aparato que describe la circunstancia del ser en el mundo. Byung Chul-Han dice que hemos perdido la capacidad de contarnos la vida a nosotros mismos y a los otros, narrándola como algo estructurado. En ese sentido, el proceso de pensamiento literario es relevante porque permite que el individuo aprenda a contarse a sí mismo el transcurso de su vida. Hoy estamos ayunos de esas perspectivas. No tenemos narrativas personales y culturales.



¿Por eso también el desencanto de sistemas como la democracia y una añoranza a lo vintage?

Creo que sí; estamos en la circunstancia de la incertidumbre. Estamos delante de un tiempo muy complejo que sobre todo es impredecible, y por eso hay una fascinación nostálgica y algo reaccionaria por el pasado.



¿Esta posición reaccionaria tendrá que ver con la revitalización del racismo o los neofascismos?

Esta idea del regreso a la idea de la frontera pura y el aislamiento trumpiano tiene que ver con el regreso a lo inexistente. Sloterdijk dice que las esperanzas que no tienen perspectivas entran en una especie de pánico abortivo y se encierran; es el mismo dilema de Habermas entre sociedad abierta y cerrada. La sociedad cerrada que nos rodea contiene un alto grado de actitud reaccionaria e incapacidad para asumir el presente.



¿Cómo convive lo fragmentario en el escenario de la inmediatez que marca la época?

Esta idea del tiempo real, que a mí me parece una abstracción, es una compulsión. Como sociedad nos falta un proceso de reflexión categóricamente distinto donde el lenguaje nos permita establecer interpretaciones múltiples. El sentido está delante de la apariencia y el consumo. Estamos ante un momento grave, pero con posibilidades de transformación.


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