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Viernes , 22.02.2019 / 17:27 Hoy

La Virgen de Guadalupe, revisitada por "Artes de México"

“Su historia se cruza con la de México y su figura ha sido motivo de múltiples manifestaciones literarias y artísticas”, coinciden los editores.

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María J. Rodríguez-Shado, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, afirma que cada año asisten a la basílica de Guadalupe en la Ciudad de México más de 20 millones de personas. “Rebasan la cantidad de peregrinos que visitan El Vaticano y la Basílica de San Pedro, que recibe aproximadamente 18 millones 500 mil personas al año”.

La antropóloga social refiere que en “la celebración del 12 de diciembre, en 2016, hubo aproximadamente 4 millones 32 mil visitantes, que superó a los casi 2 millones de personas que fueron a la Meca ese año. Casi sobra decir que la Basílica de Guadalupe es uno de los lugares sagrados de la cristiandad más visitados del mundo”.

En su editorial para Guadalupe Tonantzin, el volumen más reciente de la revista Artes de México, Margarita de Orellana advierte que “el poder que ha generado la imagen de la Virgen de Guadalupe desde hace 500 años no tiene comparación. Su historia se cruza con la historia de México. Su figura ha sido motivo de múltiples manifestaciones tanto literarias como artísticas. El tema es enorme y difícil su conocimiento exhaustivo”.

La editora de la revista recuerda que hace 22 años publicaron Visiones de Guadalupe, un profuso estudio sobre el Museo de la Basílica. Ahora, los artículos incluidos en Guadalupe Tonantzin, advierte, “nos permitirán conocer mejor los diversos significados sobre la Virgen de Guadalupe, como símbolo característico y protagonista de nuestra cultura”.

Entre los testimonios literarios figura un fragmento de “Ansia de las rosas”, poema en el que Carlos Pellicer describe a la Virgen en los siguientes términos: “Ella es el Universo: las estrellas /anidan en su manto y todas cantan,/ un plantío de plumas de quetzal/ florece en instantáneos colibríes”.

En un texto de 1884, “La fiesta de Guadalupe”, citado por Jaime Cuadriello, Ignacio Manuel Altamirano destaco su poder aglutinador. “Los mexicanos adoran a la Virgen de consuno; los liberales, por acuerdo de la bandera de 1810; los indios, porque es su única diosa; los extranjeros, por no herir el sentimiento nacional y todos la consideran como un símbolo esencialmente mexicano”.

Miguel León Portilla afirma que en la veneración de la Guadalupana “convergieron, desde el principio, antecedentes indígenas prehispánicos y otros procedentes de España, sobre todo de Extremadura”. En este caso, agrega, “sobresale el nombre de Guadalupe, que es el de una imagen muy venerada en el pueblo de ese nombre, provincia de Cáceres”. Considera que en esta adoración guadalupana “tenemos otro caso más de la fusión de elementos culturales derivada del encuentro de dos mundos”.

Gisela von Wobeser destaca que existe “un discurso visual único, creado desde la Nueva España, en torno a la Virgen de Guadalupe” y que la primera pintura fue realizada “por un indígena llamado Marcos Cipaq Aquino, un afamado y admirado artista indígena, cercano a los franciscanos”.

Von Wobeser destaca la originalidad de la pintura en el sentido de que “no correspondió a ninguna advocación mariana existente ni fue una réplica de una imagen de culto”, aunque “sus características formales y conceptuales obedecieron a patrones netamente europeos”.

Con el paso de los años la representación fue cambiando para llegar a ser, como señala la investigadora, “la Virgen de Guadalupe mexicana, la cual resultó más convincente que las imágenes de culto importadas de Europa”. No solo se volvió bandera del “movimiento liberador del cura Miguel Hidalgo y Costilla”, sino que después de la Independencia, “símbolo del nacionalismo mexicano”.

Un símbolo vestido de sol

Diseñador gráfico y fotógrafo, en años recientes Rafael López Castro ha dedicado parte de su producción a exaltar la cultura nacional, porque, como declara en una entrevista incluida en Guadalupe Tonantzin, “soy un enamorado del lugar donde nací”.

A su imagen dedicó el libro Vestida de sol (Ediciones Era), donde la Virgen aparece en paredes de lotes baldíos, loncherías, altares, comercios, viviendas, cortinas metálicas, piedras, anuncios y todo lo que uno no se imagina. Esta obra, explica su autor, “es producto de ese guadalupanismo y de un periodo muy particular, en el que, por una corriente devocional, la gente pintaba la imagen de la Virgen de Guadalupe dondequiera que se le ocurría”.

Muchas de estas representaciones fueron borradas por el paso del tiempo, pero, por fortuna, las fotografías de López Castro dan testimonio de un culto que tiene muchas aristas y diferentes formas de mostrar su vitalidad.

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