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Sábado , 23.03.2019 / 21:13 Hoy

La música, un arte que no requiere palabras

“Hablar es importante, pero sentir es más importante”, dice el clarinetista francés.

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Representante fundamental del estilo de clarinete francés, gran conocedor del repertorio para el instrumento, maestro de varias generaciones y autor de tratados sobre el tema, Philippe Cuper dice con una sonrisa: “El instrumento es lo de menos, la música es lo que me gusta”.

Invitado para participar en el Festival Internacional de Clarinete MusicAdemia, Cuper recuerda en entrevista que su familia escuchaba “música de acordeón y a Edith Piaf, pero no música clásica. Sin embargo, me encontré con un profesor que tocaba el clarinete y así empezó una historia de amor. Sin embargo, el instrumento no me interesa tanto, sino la música. El instrumento no es el fin último, es un medio de expresión para brindar emoción al público”.

Cuper tiene más de 40 discos, figura como solista o en grupos de cámara, además de incursiones en la música de cine. “Adoro toda la música: clásico, jazz, música popular, folclor. La música no tiene fronteras y es universalista”.

Ha trabajado con grandes compositores, ¿cómo fue su experiencia con Olivier Messiaen?

Él murió en 1992 y yo lo conocí en la Ópera de París porque la orquesta grabó un disco con su música. El director me pidió tocar con ella y otro solista el Cuarteto para el fin de los tiempos, una obra simbólica. Messiaen lo escribió en un campo de prisioneros, que no es lo mismo que uno de concentración. No fue fácil escribir una obra de música en esas condiciones. Pude trabajar con el maestro en su cuarteto, pero también lo hice con otro compositor famoso de su generación, Jean Francaix, muy talentoso. También he trabajado con compositores más jóvenes, como Nicolas Bacri, Anthony Girard y otros.

Colaboró con Luciano Berio...

Sí, era muy simpático. Toqué con él una ópera en 1984 en la Ópera de París: La vera storia. Cada compositor es un mundo diferente: Messiaen, Berio, Pierre Boulez y Jean Francaix.

En el jazz tocó con Paquito D’Rivera.

Paquito me gusta mucho, es un músico muy talentoso. Me invitó a tocar con él en Boston en una obra que escribió para cinco clarinetes. Hay muchos clarinetistas de jazz que me gustan. Los primeros discos que recuerdo son los de Louis Armstrong, porque mi papá tenía muchos discos de 78 revoluciones. Después escuché a Artie Shaw, Benny Goodman, Buddy DeFranco y Eddie Daniels.

Cuénteme de su trío con Giora Feidman y Eddie Daniels.

Tocamos en Tel Aviv el Concierto para tres clarinetes y orquesta de Shlomo Gronich. Es una obra con tres movimientos: el primero, para un clarinetista clásico, yo; el segundo, para un clarinetista de jazz, Eddie Daniels, y el tercero, para un músico de klezmer, Giora Feidman. Tocamos juntos y fue una gran emoción.

¿Por qué es importante la música?

Hay una frase del compositor francés Claude Debussy que me gusta mucho: “La música comienza allí donde las palabras no pueden expresar algo”. En ocasiones no necesitamos hablar. Hablas con alguien, pero a veces no necesitas palabras y, aun así, sientes muchas cosas. La música es arte que no necesita palabras. Me gusta esta filosofía. Hablar es importante, pero sentir es más importante. Y la música es un arte de emoción y sensaciones.

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