Cultura

Kelly Wearstler, contra la perfección

EDICIÓN FIN DE SEMANA | |Revista M

Entre mármol, piezas de archivo y accidentes felices, su trabajo demuestra que el lujo puede convivir con la rareza, la historia y la imperfección.

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No existe una única manera de articular el buen gusto, y Kelly Wearstler lleva más de dos décadas demostrándolo. Sus interiores pueden reunir mármol, muebles vintage, colores difíciles, objetos casi absurdos y piezas de arte con una naturalidad que, en manos menos seguras, sería exceso. En las suyas, la tensión forma parte del sistema.

Desde Los Ángeles, Wearstler ha construido una práctica que cruza interiorismo, arquitectura, mobiliario, arte y coleccionismo, y que ha definido buena parte de la imagen contemporánea del lujo californiano. Nunca ha dependido de una fórmula fija. Le interesan los accidentes, la pátina, las proporciones extrañas y aquello que parece ligeramente fuera de lugar. 

“La perfección rara vez logra retener mi atención”, dice.

Esa inclinación empezó antes de los hoteles, residencias y proyectos que la convirtieron en una de las figuras más reconocibles del diseño estadunidense. De niña, su madre la llevaba a mercados y subastas en Carolina del Sur y le enseñó a detectar anomalías. Décadas después, sigue trabajando de forma parecida: busca, mezcla, elimina y vuelve a mirar.


RM: ¿Te atraen las cosas extrañas?

KW: Siempre. La perfección rara vez logra retener mi atención. Me atraen las proporciones casi demasiado altas, una colisión inesperada de materiales o un esmalte que sale mal y revela un color que nadie podría haber planeado. Esos momentos generan tensión, y la tensión le da vida a una habitación. Algunas de mis mejores ideas comenzaron como accidentes que tuve el instinto de conservar. Cuando todo está perfectamente resuelto, la mirada no tiene dónde detenerse. Me gusta dejar una nota ligeramente fuera de tono, algo curioso, provocador o incluso un poco extraño; eso suele ser lo que permanece contigo mucho después de salir de una habitación.

RM: ¿Existe una conexión entre diseño y psicología?

KW: Absolutamente. El diseño moldea cómo nos sentimos, muchas veces antes de que entendamos por qué. La luz, la escala, la textura, el color y la manera en que un espacio se despliega pueden hacernos sentir estimulados, reconfortados o transportados. La parte más significativa de mi trabajo es escuchar las emociones y recuerdos que las personas asocian con los espacios que creo. Se enamoran, se comprometen, celebran momentos importantes o se reconectan. El lugar termina siendo inseparable de la memoria. Ahí es donde se encuentran diseño y psicología: un espacio bien pensado puede crear las condiciones para que las personas se sientan más presentes y conectadas.

Kelly Wearstler.
Kelly Wearstler. | Fotografía: Bryan Rodner Carr


RM: Vienes de una familia de mujeres de Carolina del Sur. ¿Cómo despertaron tu madre y tu abuela en ti la pasión por el estilo y la búsqueda de objetos?

KW: Mi madre tenía 18 años cuando nos tuvo a mi hermana y a mí, así que en muchos sentidos crecimos junto a nuestros padres. Tanto ella como mi abuela trabajaban, y su independencia y capacidad de resolver formaban parte de nuestra vida cotidiana. Mi madre empezó a llevarme a mercados de pulgas y subastas cuando yo tenía cinco o seis años. Me enseñó a mirar con atención, a detectar anomalías y a entender qué hacía especial a un objeto; aprendí a reconocer la buena manufactura, los materiales inusuales y la huella de la mano que había creado algo. También llevaba a casa cajas de revistas antiguas de moda y diseño que fueron mi primera educación en estilo y cultura. Esa mezcla de curiosidad, intuición y amor por la búsqueda sigue definiendo la manera en que veo el mundo.

RM: Reúnes ideas, épocas y disciplinas contrastantes. ¿Cómo refleja esto tu diseño?

KW: El diseño es una forma de vida y un lenguaje de expresión personal. Miro hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo, tomando referencias de distintas culturas, siglos y disciplinas. Me interesa la tensión entre lo delicado y lo masculino, lo antiguo y lo nuevo, lo elevado y lo cotidiano, lo liso y lo texturizado. Pienso en una habitación como una cena. Necesita una mezcla interesante de invitados y cada uno tiene que ganarse su lugar. Cada objeto debe aportar algo significativo. Soy rigurosa con la edición porque los espacios más fuertes pueden contener muchas historias y seguir hablando con una sola voz.

RM: ¿Los contrastes hacen interesante la vida?

KW: Absolutamente. El contraste crea energía, ritmo y emoción. Me interesa la tensión entre una curva sensual y una línea severa, algo precioso junto a algo crudo o una forma antigua reinterpretada con un material contemporáneo. En la arquitectura contemporánea introduzco piezas vintage y muebles con historia, pátina y carácter. En un espacio histórico incorporo obras contemporáneas o encargo algo nuevo a un artista.

RM: ¿Qué coleccionas y cuál es tu posesión más preciada?

KW: Colecciono mobiliario importante, moda vintage y arte. Tengo un almacén de 15 mil pies cuadrados que se ha convertido en parte archivo, parte laboratorio creativo y parte autobiografía. Cuando viajo, siempre estoy buscando. Incluso al seleccionar piezas para un proyecto, inevitablemente encuentro algo que no puedo dejar atrás. Mi posesión más preciada es el almacén mismo. Cada pieza guarda el recuerdo de una persona, un lugar, un viaje o un proyecto. Juntas cuentan la historia de mi vida en el diseño.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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