La muestra ‘Deus Ex Machina’, curada por Hilario Galguera, reúne más de 30 obras y marca la primera exposición individual del escultor Javier Marín con la galería en Madrid.
En entrevista con MILENIO, el artista habló sobre el papel del proceso creativo, la relación entre tecnología y materia, y la manera en que su trabajo investiga la transformación de la forma y del cuerpo.
El título de la exposición tiene un sentido irónico frente a la idea clásica del “dios que aparece para resolver la trama”:
“En mi caso, la máquina no viene a resolver nada, viene más bien a desplazar el problema. Introduce nuevas mediaciones entre la intuición y la forma”.
Durante siglos, la mano del artista fue el vínculo directo entre pensamiento y materia, pero hoy ese trayecto puede pasar por escáneres, algoritmos, brazos robóticos o sistemas de codificación: “La máquina no sustituye el gesto: lo reformula”, insiste el artista.
El proceso como obra
Javier Marín habla sobre cómo ha centrado su investigación artística durante años en el proceso creativo más que en el resultado final.
“Nunca he sentido que el qué sea lo más importante; la forma aparece, se transforma, se corrige, se traduce y vuelve a aparecer de otra manera”.
En esta exposición “me interesaba hacer visible ese recorrido: mostrar cómo una imagen puede pasar del dibujo al modelado, del modelado al escaneo, del escaneo al código y del código nuevamente a la materia. El proceso no es una etapa previa a la obra, es la obra”.
Dos tapices realizados con técnica tradicional de gobelino introducen en la exposición la relación entre tejido y pensamiento digital, uno de ellos surge de un papel utilizado durante el proceso de ampliación de una escultura.
“Era uno de esos papeles de trabajo que se llenan de marcas, accidentes, anotaciones y huellas que ayudan a trasladar una forma de una escala a otra —explica Marín—. Ese material estaba destinado a terminar en la basura del taller, pero descubrí en él una estética particular y el registro de un proceso de trabajo. Decidí traducir ese residuo técnico a una técnica extremadamente sofisticada como el gobelino”.
Tecnología, memoria y estructura
Otra parte de la muestra retoma una fotografía de una obra presentada por Marín en la Bienal de Venecia de 2005. Cubrió casi toda la imagen con óleo blanco para dejar visibles únicamente los cables y nudos metálicos que sostenían los fragmentos escultóricos.
“Al desaparecer la masa figurativa, lo que queda visible es una especie de dibujo muy expresivo, casi gestual. Puede parecer abstracta a primera vista, aunque en realidad proviene de la estructura interna de una obra figurativa”, comparte el escultor.
Al eliminar el volumen descubrió una dimensión inesperada de fragilidad: “Cuando desaparece la masa, lo que queda es casi el fantasma de la forma. Los cables sostienen una presencia que ya no está completamente ahí. Es como si se volviera una estructura de memoria”.
La exposición también incluye piezas de la serie Cortes: “Cuando el volumen se convierte en línea desaparece la masa, pero aparece algo distinto: la arquitectura del cuerpo”, dice.
En su estudio conviven materiales orgánicos y herramientas digitales: “No los veo como opuestos. Lo orgánico me recuerda que la forma nace de la vida, mientras que lo digital permite explorar nuevas maneras de traducir esa vida en estructura”.
Entre las piezas se encuentra una cabeza tallada en madera por un brazo robótico que sigue un proceso completo de creación: parte de un dibujo y modelado manual, continúa con escaneo y codificación digital y termina con ejecución mecánica.
El artista detalla: “La máquina ejecuta un código que nace de decisiones humanas. Cada etapa del proceso contiene elecciones del creador. La tecnología amplía el gesto, pero no lo sustituye”.
A Javier Marín le interesa que el público reflexione sobre el papel de las herramientas tecnológicas en la creación contemporánea: “La tecnología es una herramienta, pero también es una condición cultural de nuestro tiempo”.
Después de más de cuatro décadas de trayectoria, esta exposición representa continuidad y transformación en su trabajo.
“Es la consecuencia natural de un largo camino de investigación sobre la escultura, el cuerpo y la materia. La incorporación de procesos digitales me ha permitido observar mi propia práctica desde otra perspectiva. Cada exposición es una fotografía momentánea de un proceso que sigue evolucionando. Lo que aparece aquí no es un punto final sino una serie de preguntas que seguramente continuarán desarrollándose en trabajos futuros”, termina el artista michoacano.
Semblanza
Javier Marín nació en Uruapan, Michoacán, en 1962 y cuenta con más de cuarenta años de trayectoria artística. Ha realizado más de cien exposiciones individuales y participado en más de doscientas muestras colectivas en México, Estados Unidos, Canadá, Europa, Asia y América Latina.
Su trabajo abarca escultura, dibujo, fotografía, textil y gráfica, y se caracteriza por investigar el proceso de construcción y transformación de las formas tridimensionales, incorporando materiales tradicionales y, recientemente, herramientas como el escaneo y la robótica.
La exposición Deus Ex Machina permanecerá abierta al público en Madrid hasta abril de 2026.