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Miércoles , 20.03.2019 / 02:42 Hoy

En Israel se construye la torre solar más grande del mundo

En medio del desierto de Néguev, ingenieros y obreros se afanan en la iniciativa con la que ese país apuesta por las energías renovables.

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En medio del desierto de Néguev, los ingenieros y obreros se afanan en la construcción de la torre solar más grande del mundo, un proyecto colosal a la altura de la confianza depositada por Israel en las energías renovables.

Cuando entre en funcionamiento a finales de 2017, la torre Ashalim medirá 240 metros y podrá verse a decenas de kilómetros a la redonda.

Al pie de la torre se extenderá un campo de 300 hectáreas de espejos que reflectarán los rayos solares hacia lo alto de la torre, una zona llamada La Caldera, que de lejos parece una bombilla gigante.

La Caldera, cuya temperatura alcanzará los 600 grados Celsius, generará vapor que luego se canalizará hacia el pie de la torre, donde se producirá la electricidad.

Se prevé que suministre 2 por ciento de la electricidad del país (121 megavatios), el equivalente al consumo de 110 mil viviendas.

La obra, cuyo costo se calcula en 500 millones de euros, la financia el grupo General Electric, que compró la división energética del francés Alstom, así como el fondo de inversiones privado israelí Noy.

El Estado, que en 2013 lanzó una licitación para el proyecto, se ha comprometido a comprar la electricidad durante 25 años a un precio muy superior.

La energía producida por la torre "es entre dos y tres veces más cara" que la de las centrales de carbón o petróleo, explicó el director del proyecto Eran Gartner, del consorcio Megalim. "El Estado acepta apostar por la tecnología (...) para precisamente bajar los costos a largo plazo", afirmó.

Para garantizar la transición energética, algo clave en un país pequeño y aislado, Israel se ha propuesto a cubrir con energías renovables 10 por ciento de sus necesidades antes de 2020.

La diputada de la oposición Yaël Cohen, jefa de los ecologistas en Israel, considera que el proyecto es demasiado atrevido, por no decir megalómano.

"Es claramente la última vez que Israel puede permitirse ver las cosas tan a lo grande, en un terreno tan grande, con unas condiciones tan exigentes y precios tan altos; nadie responderá más a licitaciones tan complicadas. Entre bastidores, los empresarios se tiran de los pelos", asegura.

"Nos hallamos en una situación en la que no podemos mirar solo el aspecto económico. Israel no tiene otra elección más que diversificar sus fuentes energéticas para reforzar su independencia, sobre todo por motivos de seguridad", consideró por el contrario Eitan Parnass, director de la asociación israelí para las energías renovables.

Las cinco principales centrales eléctricas israelíes funcionan con carbón y gas natural. El problema es que Israel tiene que importar parte del gas de Egipto.

La torre y su "patio" de espejos reflectores, una tecnología solar térmica concentrada (STC), solo son rentables con un proyecto a gran escala. Por eso se han previsto 55 mil espejos que, como los girasoles, seguirán por el día la trayectoria del Sol.

"Hemos multiplicado por tres el tamaño de los espejos con relación a la generación anterior. Todo está conectado con wifi y no con cables. Se hizo todo lo posible para que sea rentable", declaró Eran Gartner.

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