El director de la Compañía Nacional de Danza, Mario Galizzi destacó que la pieza Giselle se distingue de entre todo el repertorio dancístico por dos cualidades: el romanticismo que plantea y el reto técnico que representa para los ejecutantes.
“La principal condición es el romanticismo en este ballet, que me parece que en esta época está un poco pasado de moda, o tratamos de esconderlo es un ballet romántico por excelencia, el primero que marcó una época y precisamente por eso es vigente hasta la actualidad. El romanticismo nunca muere”.
Así lo expresó durante la presentación a medios de esta breve temporada que en cuatro de sus fechas se presentará en la Sala Principal del palacio de Bellas Artes y contará con la Orquesta del Teatro de Bellas Artes a cargo de Srba Dinic: el domingo 28 de agosto, martes 30 de agosto, jueves 1 de septiembre y domingo 4 de septiembre. Las otras representaciones, sábado 27 de agosto, y sábado 3 de septiembre se realizarán sin orquesta.
Giselle es considerada la obra maestra del ballet romántico, y que emplea la más refinada técnica teatral del siglo XIX, será presentada por la Compañía Nacional de Danza (CND) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Se trata de un ballet dividido en dos actos que en la actualidad forma parte del repertorio de las grandes compañías de danza clásica del mundo.
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El libreto de Giselle fue creado en la época del romanticismo, producto de la inspiración del poeta, novelista y dramaturgo francés Pierre Jules Theóphile Gautier. La coreografía fue realizada por Jean Coralli y Jules Perrot, y la música por Adolphe Adam. La obra fue estrenada en 1841 en Francia y su argumento está basado en la leyenda germánica de las willis, espíritus de las jóvenes que mueren vestidas de novia antes de llegar al altar y que se aparecen a medianoche para llorar su pena y buscar venganza.
Su temática plantea una historia de amor que combina las dos facetas del romanticismo: lo pagano y lo espiritual. Durante el primer acto se presenta uno de los momentos más interesantes, cuando Giselle, con la magia de la danza, se transforma de la tierna campesina a la joven traicionada por su amado Albrecht. La decepción la lleva a perder la razón y después la vida misma. El segundo acto se desarrolla entre las tumbas del cementerio de la aldea. Las willis, vestidas con sus trajes de novia, se vengan de los hombres haciéndolos bailar hasta morir.
Tihui Gutiérrez, maestra de la CND, señaló que Giselle es sumamente importante en el repertorio de una compañía de ballet clásico, ya que es el ballet romántico por excelencia. “Es un estilo muy importante porque a partir de ahí se empezó a bailar con las puntas de los pies.
“Para la CND este ballet es como para los actores de teatro Hamlet. Presenta una historia que al público mexicano le gusta particularmente por la exaltación romántica que va mucho con nuestro temperamento. Es una obra que demanda histriónicamente más que ninguna, y al final del primer acto hay una catarsis tremenda donde Giselle se vuelve loca, algo poco convencional de los ballets”.
Explicó que el segundo acto es de un gran rigor en el más puro estilo romántico, en donde técnicamente todo debe de manejarse bajo la sensación etérea e incorpórea. “Es un ballet que todos los bailarines anhelamos hacer. Giselle tiene una fragilidad, característica típica de las heroínas románticas, y su cuerpo de baile es bellísimo por su gran cantidad de formaciones, líneas y dibujos que guarda la coreografía, hay un personaje muy bello, el leñador Hilarion, además de que la mamá de Giselle también juega un rol muy importante”.
En el ballet Giselle participan los primeros bailarines de la agrupación: Agustina Galizzi, Ana Elisa Mena, Blanca Ríos, Argenis Montalvo y Erick Rodríguez, y los solistas Elisa Ramos y Sebastián Vinet.
El vestuario responde a los ballets blancos donde el cuerpo de baile se presenta con vestidos y tutús largos, con faldas de tul de muchas capas, además de que el primer acto presenta escenas muy vistosas y danzas alegres.”
ASS