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Garcini: de glorias pasadas

Merde!


Escribo de memoria sin revisar el número de puestas que Salvador Garcini ha realizado en el teatro mexicano. Escribo lo más objetivo que puedo frente a un personaje que empezó en el teatro universitario y terminó en telenovelas para Televisa, pero se niega a dejar el teatro al que siempre regresa con ímpetu, no siempre decoroso y muchas veces demasiado comercial, en la búsqueda de una buena taquilla con actores, más que reconocidos en la escena, famosos.

He visto de Salvador Garcini montar a Shakespeare en diversas obras, muy destacadamente Sueño de una noche de verano, en 1979. Realizó varias escenificaciones de La Celestina de Fernando de Rojas con la mismísima Ofelia Guilmain, con éxito de público. O a Ignacio López Tarso haciendo de Picasso, junto a Aracely Arámbula —la madre de los hijos de Luis Miguel—, la que vi pero no comenté.

Garcini hoy: primero la taquilla; después, el teatro. Aprendió a concretar repartos donde lo que importa es llevar público a las salas. Vive de glorias pasadas. La canónica crítica de teatro Malkah Rabell lo consideraba talentoso, y hasta “el mejor” de los años ochenta, cuando dirigió Sonata de otoño, de Ingmar Bergman, con Adriana Roel y Alma Muriel. Hoy nadie puede decir que Salvador Garcini pueda revivir su pasado como director de teatro con todas sus consecuencias artísticas, estéticas, de experimentación.

No es gratuito que un grupo de la comunidad teatral que hace experimentación en los escenarios de México y difícilmente tiene acceso a lo comercial, gente talentosa y probada con capacidades profesionales, serias, argumente contra la decisión oficial de llevar a Salvador Garcini a la Unidad Cultural del Bosque, a la Sala Xavier Villaurrutia, para que Olivia Collins interprete el drama escrito, producido y dirigido por el susodicho, Cuarteto de una pasión. No la he visto y no la pienso ver, con sinceridad.

La decisión ya fue tomada y la obra está a la vista de todos. Salvador Garcini ha tenido los teatros comerciales que ha querido: por sus relaciones, sus éxitos ganados a pulso y el enorme temple para lograr sus objetivos. ¿No se pudieron negar las autoridades? ¿De dónde vino el sí definitivo, cuando Garcini representa todo, menos teatro con sentido de búsqueda, compromiso, independencia o al menos sombras del arte teatral? Ofrecer un teatro del Estado cuando existen tan pocas posibilidades para las nuevas generaciones, ¿se vale? ¿Qué dirían sus contemporáneos Juan José Gurrola, Julio Castillo, Héctor Mendoza o el propio Luis de Tavira? Gente que ha hecho teatro comercial pero nunca dejó sus inicios.

En silencio, sin crítica de por medio, la obra avanza a su éxito comercial desde el 11 de enero pasado hasta el 18 de febrero próximo. Temporada para el teatro de taquilla, en un lugar donde la experimentación ha sido primordial. ¿Quién puede explicarlo?

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Braulio Peralta
  • Braulio Peralta
  • juanamoza@gmail.com
  • Periodista, ensayista y editor. Autor de Otros nombres del arcoíris, El poeta en su tierra, diálogos con Octavio Paz, De un mundo raro, un libro de crónicas de sus personales viajes como corresponsal en España, y El clóset de cristal. Publica todos los lunes su columna La letra desobediente.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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