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Florecimiento y derrumbe del rock mexicano: Xavier Velasco

El autor de Diablo Guardián vivió de manera cercana el ascenso de Caifanes durante los años ochenta y noventa; de esa experiencia y su conocimiento de los ambientes roqueros nacionales habló en una conferencia en Tijuana

Las entrañas de la época de oro del rock mexicano solo unos cuantos privilegiados las conocen. Uno de ellos es Xavier Velasco, a quien le tocó atestiguar y vivir el florecimiento y derrumbe del rock mexicano con Caifanes, la legendaria banda mexicana surgida en 1987 y desintegrada en 1995, La Lupita, Fobia y otros grupos.

Como biógrafo del popular grupo que inundó escenarios y calles con canciones como "Afuera", "A través del vaso", "La célula que explota", "No dejes que", y junto con Saúl Hernández, Velasco vivió la época de gloria de la banda, incluidas las interminables parrandas después del backstage, el asedio de bellísimas fans que daban todo por ellos, pasando por la sobrevivencia al sida hasta el abuso de las disqueras y otros secretos que había preferido no contar.

Como estrella de rock: chamarra negra, pantalón azul ajustado, tenis blancos, camisa roja con la palabra "Fuma" en letras blancas, Velasco llegó al Centro Cultural Tijuana (CECUT) el viernes 7 de agosto por la tarde, donde era esperado por una docena de reporteros gráficos que no paraban de tomarle fotografías. Algunos lectores también capturaban el momento con sus smartphones y pugnaban por las consabidas selfies que el escritor accedía a tomarse.

Ahí impartió la conferencia Extraños en el backstage. Mis años en el rock, con el objetivo de recaudar fondos a beneficio de Rosalba Velasco, ya que su esposo, Octavio Hernández, viejo amigo de Xavier, falleció el 25 de mayo de 2015. Ellos se conocieron en los primeros años de la década de los ochenta, cuando rondaban los 20 años y publicaban en la revista Melodía. Octavio emigró a Tijuana en 1988, mientras Xavier se perdió en las entrañas de la época dorada del rock.

Un banco alto y una mesa con botellas de agua integran la clásica escenografía de Xavier Velasco. Con micrófono inalámbrico de solapa y diadema, el popular novelista se dispuso a contar "casi todo sobre mis años en el rock", tal como lo prometió vía Twitter horas antes.

Dijo, para empezar, que conoció a Saúl Hernández en la casa de un amigo que, entre 1987 y 88, organizaba fiestas en su casa con Caifanes o Maldita Vecindad:

"Yo había conocido a Saúl Hernández en las fiestas que hacíamos en la casa de mi amigo Milton; era un heredero que se había quedado sin dinero, pero tenía una casa de 4 mil 500 metros cuadrados, donde hacía fiestas. Alguna vez hizo una con los Caifanes, entraron mil 600 personas; otra con Maldita Vecindad, y entraron mil 200. Eran unas fiestas increíbles, por supuesto, en ellas sucedía todo lo que yo me imaginaba que pasaba en el backstage, rolaba toda clase de sustancias. En fin, eran tiempos muy felices".

Saúl y Velasco se hicieron amigos y luego del primer disco homónimo de Caifanes, en 1988, en una borrachera surgió la posibilidad de escribir la biografía del grupo: "Recuerdo que fui conociendo a músicos, me empecé a llevar con Paco Huidobro. Un día en el Rock Stock vi a Saúl solo. Me acerqué como cualquier fan a preguntarle cuándo iban a volver a tocar; nos tomamos una cerveza, platicamos un poco y le dije que era amigo de Milton y vivía en la casa del Club de Golf México. Me dijo: 'Ah, qué bien'. Después le dije a Milton que quería hacer el libro y le pedí el teléfono de Saúl.

Así consiguió el teléfono y los demás es la historia que desembocó en su primer libro, Una banda nombrada Caifanes (Dragón, 1990).

Con el éxito de Caifanes también llegaron los excesos, cuenta "sin nostalgia" Xavier Velasco: "Por más que la banda estuviera ahí dando entrevistas, dando conferencias, las noches eran locas y salvajes".

Con Caifanes visitó Colombia en una época donde abundaba la mafia y sus sustancias: "De Colombia recuerdo muy poco, pero todo era maravilloso. Recuerdo las fiestas del cártel de la Costa, ¡wow, qué fiestas! Los del cártel de la Costa invitaban a Caifanes y llegábamos nosotros, los pedotes; en esas fiestas, en las mesas había montañas de churros y por todas partes botecitos llenos de polvo blanco. No me gusta el polvo blanco, lo probé allá y tuve que regresar a México con mi caja de kleenex y la nariz sangrando. No lo volví a probar nunca más".

El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida) hizo su aparición en los ochenta, aunque en los noventa era una temible calamidad: "Yo pensé que iba a haber cantidad de muertos y sobredosis. Paco Huidobro, de Fobia, decía: 'El día que le dé sida a uno nos va a dar a todos, carajo'. Era muy posible; pero no nos dio. Lo que les cuento es básicamente una historia de sobrevivencia, años que van de 1989 a 1996".

No todo era todo color de rosa para los grupos de rock. Como era de suponerse, los más abusivos eran los empresarios de las compañías disqueras.

"¿Quiénes eran los malos? ¿Televisa? No hombre, no, no, no... ¡Los malos eran los de la compañía disquera! En este país no había rock, no había absolutamente nada y por lo tanto no había infraestructura, los managers no sabían nada de ser managers: Los primeros managers de los Caifanes les quitaron más dinero del que les dieron; no había preparación en las compañías disqueras para esto. Hubo una, BMG, que se arriesgó a apoyar a la banda y en realidad terminó utilizándolos de las peores maneras".

Suele pasar que quienes repentinamente manejan harto dinero, se vuelven locos: "De repente, un día recuerdo que les dijeron: 'Saben qué muchachos, ¿se acuerdan de todos los reportes de regalías?, ah, pues nos equivocamos, nada más es la mitad de eso'; y nunca hubo nadie que aclarara absolutamente nada, porque nadie sabía defenderse".

"De pronto empezaron a ganar mucho dinero, y cuando llegó el dinero, muchas cosas se empezaron a podrir, empezó a aparecer cantidad de gente de traje, gente de pantalón largo dirían los del futbol".

El autor de Luna llena en las rocas contó también que después de Caifanes, cuando comenzó a colaborar con La Lupita: "La cosa llegó a extremos tan terribles que de pronto ya la compañía disquera les condicionaban a los grupos el apoyo a cambio de obediencia. Tal vez escucharon una canción que se llama 'Hay que pegarle a la mujer' con La Lupita. El grupo nunca quiso grabarla, no quería, y la compañía les dijo: 'Graban esa canción o no hay apoyo'. Así era. Estaba bastante claro quiénes éramos nosotros y quiénes eran ellos. Ellos eran gente que no arriesgaba nada, decían: 'Estamos apoyando al rock nacional'; no, se estaban apoyando en el rock nacional, se estaban encargando de que unos cuantos ganaran un poquito y los demás no ganaran casi nada".

Velasco continúa: "¿Ustedes se acuerdan cuando tronó Fobia?, déjenme decirles por qué tronó Fobia: Fobia tronó porque la compañía disquera le ofreció al cantante Leonardo (de Lozanne) que se lanzara como solista y que acabara con la banda: '¿Saben qué?, los vamos a poyar en el futuro, muchachos, pero no digan nada' —le dijeron al grupo, y así fue como Diego Herrera le pidió a Leonardo de Lozanne que se hiciera solista y acabó con Fobia. Diego Herrera ya no estaba en los Caifanes sino que trabajaba en BMG.

"Ganaron los que tenían que ganar, pero lo bailado a ver quién nos lo quita", concluyó Velasco después de revelar parte de los secretos del florecimiento y derrumbe del rock mexicano.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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