Cultura

“La poesía se nutre de la poesía”:Eloy Urroz

FIL Guadalajara 2018

Eloy Urroz habla en entrevista Antes de todo no hay nada, libro que reúne su producción poética de entre 1984 y 2018.

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Entrevista por: Andre de Oliveira


Autor de Las rémoras, Tres bosquejos del mal, en coautoría con Jorge Vopi e Ignacio Padilla, La silenciosa herejía: forma y contrautopía en las novelas de Jorge Volpi, y Demencia, entre algunos de sus libros, Eloy Urroz acaba de publicar Antes de todo no hay nada, que reúne su producción poética de entre 1984 y 2018. 

—¿Por qué el epígrafe de Eloy Sánchez Rosillo? 

Ha sido uno de mis grandes descubrimientos. Es quizá el mejor poeta vivo en España y para colmo somos tocayos. Su poesía elegíaca, de pérdida y conciencia de la fugacidad del tiempo, esa suave (pero incisiva) introspección que hace de las cosas, los sentimientos y su caducidad, me emocionan. Me siento hermanado con su poética, la cual me parece, a su vez, íntimamente ligada a la de mi poeta favorito de todos los tiempos, Luis Cernuda, de quien escribí una novela histórico-biográfica, La familia interrumpida (Alfaguara 2011). A Eloy Sánchez Rosillo le dediqué un largo trabajo publicado en El ensayo del arte (Universidad Veracruzana, 2017). 

—¿Qué vasos comunicantes hay entre su narrativa y poesía? 

No lo sé. Son dos formas de explorar el mundo y acaso de responderme cosas (asuntos) que normalmente no sabría responderme de otra manera. Más que vasos comunicantes, el poeta novelista debe tener excesivo cuidado en no confundir ambos géneros. Cuando empiezas a hacer poesía en tus novelas, la novela fracasa. Hay que estar alerta. Una novela no es un poema en prosa, no. Dos ejemplos a seguir: Robert Graves y D. H. Lawrence. Ambos grandes poetas y grandes novelistas. En México, no se me ocurre nadie, excepto Rosario Castellanos, a quien considero uno de nuestros mejores poetas. Y también fue una excelente novelista. 

—¿Qué significa para usted la publicación de este libro que habla de pérdidas, a la mitad del camino de su vida (parafraseando el poema de Dante Alighieri)? 

Este libro tardó muchos años en hacerse. Es mi mejor libro, el más cuidado, pulido, reescrito y meditado. Si algo quisiera que quedara de mi obra, sería un par de poemas de este libro, y eso es ya mucho pedir

—Hay temas constantes: la orfandad, la muerte, el paso del tiempo, la nostalgia. ¿Cómo transformar en versos estos temas tan íntimos y difíciles? 

No transformo los temas en versos. No me siento a meditar en cómo haré para poner en palabras un tema cualquiera que de pronto me arrebata. El poema surge de la nada. La poiesis es una experiencia intransferible. Ni siquiera elijo mis temas. Ellos se posesionan de mí; exigen ser dichos, expresados. Junto con esa necesidad, viene la forma, el arduo trabajo formal. No uno después de otro, sino ambos indisolublemente unidos. 

—En algunos poemas sostiene un diálogo con poetas como José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Caballero Bonald, T. S. Eliot y Pessoa. ¿Qué le dicen esos poetas? 

La poesía se nutre de la poesía, lo mismo que las novelas se nutren de otras novelas; son nuestro linaje, nuestra tradición. Si desconocemos esa estirpe, no podemos escribir nada ni remotamente sensato. El poeta debe leer y releer toda la vida a los grandes poetas; ya luego, puede intentar hacer lo suyo. Si no lees lo suficiente, no te das cuenta de la dañina insuficiencia de tus poemas. Crees que son buenos, cuando en realidad son terribles y vergonzosos. 

—¿Y la música? En un poema alude a Mozart. 

Mi ídolo es Beethoven, pero una noche escuchaba los duetos de violín y viola de Mozart y me emocioné muchísimo. Me dio coraje pensar que un día moriría y no los volvería a escuchar, y escribí ese pequeño poema

—¿Qué lo unía a Ignacio Padilla, a quien le dedica el poema “Agosto”?

Me unía una gran amistad, que duró 25 años y que desgraciadamente se fracturó poco antes de que muriera. De eso trata mi poema. 

—Antes de todo, no hay nada se divide en dos partes: poemas escritos entre 1984 y 2003 y otros entre 2004 y 2018. ¿Percibe diferencias en cuanto a los temas en esos dos periodos? 

Absolutamente. A partir de mediados de los años noventa, cambió mi forma de acercarme y explorar el poema. A partir de 1995 o 1996, casi toda mi poesía era contenida y medida. Siento que esto me ha hecho bien y sobre todo le ha hecho bien a mi poesía. Medir los poemas en sílabas, en versos, confinarlos, contenerlos, hace que no me desparrame, no llene el poema de paja y rebaba. Como decía mi maestro Efraín Bartolomé: si el verso por sí solo no se sostiene, mutílalo. En cada poema, intento adherirme a esa inexorable ley. No debe haber versos flojos, mediocres, que busquen sostenerse con la ayuda del anterior o el que le sigue. Por desgracia, hay grandes poetas que llenaron de mediocridad muchos de sus mejores poemas. Dos ejemplos: Neruda y Pellicer.

PCL

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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