Cultura

El tren sólo pasa una vez

El día de ayer

Este año han faltado en la Feria, o al menos en la mía, muchos personajes entrañables.

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Una joven de larga trenza rubia mira hacia la cámara en una pantalla grande en el Pabellón de Portugal. Conduce un anuncio sobre turismo portugués. Tras ella aparecen imágenes de Lisboa, de Sintra, Cascais, Algarve, Oporto. Hace años llegué a esa tierra, que para mí tenía el nombre de un hombre al que amaba. No he podido evitar contagiarme del aire nostálgico de esa tierra mientras recorro los pasillos de la FIL.

El video se torna más filosófico. Habla del tiempo, de lo importante en la vida. “No es una cuestión de finales felices, sino de nuevos comienzos”, se lee en la televisión. 

Este año han faltado en la Feria, o al menos en la mía, muchos personajes entrañables. No he podido bailar con Alberto Ruy Sánchez, no me he perdido en los brazos de Jorge F. Hernández, aún no llega la conversación casual con Lydia Cacho, no he logrado carcajearme con Paola Tinoco ni he visto a Paco Ignacio Taibo II sentado en la silla que, de manera invisible, lleva su nombre y está en la salida del hotel Hilton.

Tal vez, como dice la frase del país invitado, es momento de comenzar de nuevo y socializar con otros autores para contemplar con ojos nuevos esta feria de los milagros. “El tren solo pasa una vez”, finaliza el clip promocional. Me digo que debo comprar un boleto para subirme, aunque su destino parezca incierto. Ya habrá tiempo de tomar el vagón que va de regreso a casa. 

Infinito Presente 

En el escenario del Foro FIL, Camané canta un suave fado. El escenario no tiene visuales, solo la presencia del cantante con sus músicos. Su voz sale de las bocinas, ecualizadas de manera precisa aunque el volumen es bajo para mi gusto. Siento que falta fuerza, emoción. Después comprendo que la hay, pero es de profunda melancolía. La mejor manera de entender a Portugal es a través de sus fados y la mejor manera de entender la razón de la existencia de los fados es visitando Portugal. La saudade aparece en temas de sus discos Infinito Presente y Canta Marceneiro. “El fado no tiene que ser necesariamente triste”, confiesa el cantante. Quiero creerle. Me quedo hasta el final, aunque siento frío por dentro y por fuera.

Me encamino a la fiesta de la editorial Paraíso Perdido, una apuesta tapatía dirigida por Antonio Marts y James Nuño. Un dj toca algo de postpunk. Me quedo bailando sola enfrente de la consola para regresar al redil del buen humor. 

En la terraza, Gabriel Rodríguez Liceaga me hace reír. Ha ganado premios como el Sor Juana, el Agustín Yáñez y el Bellas Artes de Cuento, pero lo veo como un chavito creativo e ingenioso. Hablamos de la Ciudad de México. Le cuento cómo cada día nos soplamos, mientras escribimos en el news room de MILENIO, una presentación sobre el 68 y otra de los feminicidios con performance incluido en donde varias mujeres gritan con harta intensidad, pues tenemos enfrente al módulo de la Ciudad de México. Mis sentimientos son encontrados. “Así no extrañas el Chilango”, me dice. 

Me gusta lo que he ido leyendo de los nuevos talentos en las letras mexicanas. Quiero seguir hablando con ellos, comprendiendo lo que impulsa a los jóvenes autores a escribir por primera vez.

En la pachanga de Almadía me entrego al baile con Los Póker. El ambiente, como siempre, está de lujo; La Mutualista, abarrotada. Termino en el rincón menos concurrido conversando con algunos amigos. Julieta Venegas nos acompaña, con su voz de dulce y su sonrisa tierna. Se crea un espacio ajeno a lo demás donde varios famosos llegan a refugiarse.

Recuerdo que una noche antes vi llegar a Wendy Guerra al Hilton. Iba sola. Vestía un abrigo beige, medias de red, zapatos de tacón y un sombrerito. Se veía como una dama de otros tiempos. La visión me conmovió. Deambulo entre el pasado, el presente y el futuro de la Feria del Libro, pero mi budismo me dice que debo volver al día de hoy. O al de ayer, para ustedes, pero saliendo de mi zona de confort en Guadalajara. Por eso, esta columna la cuento yo, pues necesitaba silencio.

Ahora estoy lista para lo que venga, así que guardo el boleto de tren en el bolsillo de mi abrigo, esperando que caiga la noche. 

ASS

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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