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Viernes , 19.04.2019 / 11:44 Hoy

Federico Kampf, entre la filosofía y el arte

Trabaja en una obra en Teotihuacan y otra en Roma, llamada "Sed, tiempo y energía".

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Los murales de Federico Kampf (Estado de México, 1981) suelen nacer de conceptos que sus estudios de filosofía le han brindado. Aunque originalmente estudió derecho, en cierto punto de su vida decidió dejar de lado su formación como abogado penalista para dedicar todo su tiempo a la pintura.

Tras nueve años de trayectoria, ha participado en diversas exposiciones tanto en el interior del país como en el extranjero, siempre con obra de gran formato. La fecundidad artística de las academias de arte en América latina, Cuba y México, el cual se encuentra en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, en La Habana, Cuba; y El Coloso, situada por Insurgentes, frente al Monumento a la Revolución, en Ciudad de México, son algunas de ellas.

Este estilo de mezclar la filosofía con la emoción nace desde pequeño, cuando sus grandes intereses fueron el arte y la filosofía, los cuales ahora ejerce. Federico Kampf habló en exclusiva con MILENIO sobre su trayectoria.

¿Cómo decides realizar este cambio en tu profesión?

Un viernes 14 de diciembre, de hace nueve años, decidí dejar la abogacía, que ejercí por casi diez años. Este proceso inició cuando empecé a pintar y conocí a mi maestro, Jaime Grifaldo, y se me abrieron los canales de comunicación a nivel artístico. Al tomar esa decisión, tuve dos conflictos: primero, que no tenía obra, así que necesité pintar mucho e irme a vivir con mi maestro a su taller para trabajar: puede haber muchísimo talento, pero si no lo explotas no tiene validez. Luego me fui a París para involucrarme más. Por otro lado, necesitaba estudiar mucho sobre la historia del arte, por no ser artista de facultad; para mi suerte, creo que estas escuelas solo arruinan los conceptos que sus alumnos traen.

¿Qué es lo que ocurre cuando concluye este proceso de aprendizaje?

Cuando abandono el taller de mi maestro ya tenía una obra que se autosustentaba, además de que ya podía crear lo que quería. Ahora necesitaba exposiciones. En esa época me invitaron a una exposición en París, en 2010, en la que hice toda una serie llamada Mexique, en el contexto de la Revolución, la Independencia y el Bicentenario: saqué una serie arquetípica a partir de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, y de El perfil del mexicano, de Samuel Ramos.

¿Cómo describes el proceso de plasmar estas grandes ideas en un mural ?

Como la mayoría de los murales son por encargo, no hay manera de decir que en ellos no interviene nadie. Aun así, yo siempre pido libertad, casi total, en mi obra.

¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy realizando un mural en Teotihuacan y, además, estoy trabajando uno más en Roma, llamado Sed, tiempo y energía. Este último estará en un museo llamado Polmone Pulsante, el cual fue inaugurado por el maestro Saverio Ungheri, quien fue físico, matemático, artista y ahorita el encargado del museo es su hijo. En abril regresaré a trabajar. Por los temas que manejaré, tan cercarnos a mi propia filosofía, esta será mi obra más personal: es sobre la ideología que ahora manejo, la cual es la “irrealidad”, que dice que la realidad no existe, sino que somos ser y tiempo, como decía Heidegger.

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