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Sábado , 23.02.2019 / 17:19 Hoy

Fantasías de recambio

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Como varios teóricos contemporáneos han señalado (Zizek, Salecl, Fisher), uno de los rasgos predominantes del sistema bajo el cual vivimos es la posibilidad de oponérsele incluso de manera estridente, para con ello poder en la práctica reproducir los elementos que a nivel discursivo más abominamos. Así, parecería que basta con pronunciarse incesantemente contra el machismo, el racismo, el clasismo y a favor de las causas progresistas para que en los hechos no haga falta vivir según lo que se desprendería de las propias máximas, y ni siquiera se trata principalmente de un asunto de hipocresía, sino de la plasticidad ideológica que emana de un sistema gatopardiano donde todo está sujeto a transformarse mientras los mecanismos de acumulación/exclusión no solo se mantengan intactos, sino continúen refinándose en la misma dirección.

El hecho de que Vogue y Gillette irrumpan en el mainstream pronunciándose en contra de los estereotipos que han constituido buena parte de su razón de ser y éxito comercial históricos es precisamente un síntoma del carácter rentable de la mutabilidad de los estereotipos dominantes, siempre y cuando los principios fundamentales que les permiten subsistir como megacorporaciones multimillonarias no entren en cuestionamiento. Además de la utilidad práctica de la navaja de afeitar, por unos cuantos pesos ahora incluye la fantasía del rechazo al ideal del hombre como don Juan que acumula conquistas sexuales, que tantos rastrillos vendiera en el pasado.

Es evidente que cualquier marca puede decidir publicitarse como mejor le convenga, y supongo que estos velados mea culpa en algo contribuirán a combatir lo que ellos contribuyeran a propagar, pero no deja de ser significativa la idea de que esperemos que el cambio cultural profundo venga promovido por megacorporaciones trasnacionales que, a menos que les creyéramos el repentino acceso de bondad, probablemente siguen conduciéndose bajo los mismos principios de siempre, solo que hábilmente se percatan de que la fantasía de la cual depende la publicidad requiere un urgente recambio, si es que quiere conservar su efectividad para generar dinero contante y sonante.

¿Más epifanías?

En todo caso, ojalá que la cascada de epifanías resulte contagiosa, y pronto veamos comerciales de Monsanto defendiendo los cultivos orgánicos, de Exxon abogando por energías renovables, de Coca-Cola combatiendo la obesidad infantil y así sucesivamente…



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