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Sábado , 20.04.2019 / 14:13 Hoy

Falso suspenso y nocaut

Hombre de celuloide

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Faltan diez minutos para que Una mujer fantástica termine y uno se pregunta qué hará el guionista para cerrar todas las tramas abiertas. ¿Qué ha sucedido con la investigación de asesinato en que está metida la chica trans? ¿El desagradable hijo del muerto devolverá al perro? ¿Sabremos qué hay en el casillero cuya llave guarda Marina con temblor de manos? Y sobre todo: ¿por qué se llama esta película Una mujer fantástica si lo único que hemos visto es cómo sufre una timorata? Hemos seguido a la chica en apuros por casi hora y media: la hemos visto huir del hospital donde vino a parar el novio cincuentón, la hemos visto en líos con la policía y en su trabajo, la hemos visto boxear, fumar mariguana, meterse en un cuarto oscuro y responder con la lentitud de todo actor en “cine de arte”. ¿Tendrán paga nuestras expectativas? ¿Por qué esta obra ha sido tan elogiada por la crítica? Sigue pasando el tiempo. Uno intuye ya que el final está llegando y siguen abiertas las tramas. Comienza el malestar del espectador que se siente engañado con un falso suspenso que está a punto de dejarlo sin paga. Entonces Marina entra a su camerino, se mira en el espejo y comienza a sonar una trompeta.

Pocos directores son capaces de cerrar una película con la contundencia de un boxeador que gana la pelea por nocaut. La última vez que he visto algo así fue en The Youth, de Pablo Sorrentino. Y sucedía más o menos lo mismo: la película estaba por acabar y uno se había quedado con un montón de interrogantes. El director tenía incluso el descaro de comenzar el rol de créditos. Entonces con una imagen, con una sola imagen, entendíamos toda la película. Y aunque no creo que Lelio, director de Una mujer fantástica, haya alcanzado aún los niveles de Sorrentino (a mi juicio uno de los mejores directores vivos), se le aproxima pues en la última secuencia entendemos, en efecto, por qué la película se llama Una mujer fantástica y por qué los críticos han elogiado tanto a Daniela Vega. Entendemos, además, la función del que hasta ahora había sido el único personaje entrañable: el maestro de música. Suena la música y nosotros recibimos el golpe de un narrador que ha sabido conducirnos desde la mediocridad hasta el nocaut de una excelente narración.

@fernandovzamora


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