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Sábado , 23.02.2019 / 17:37 Hoy

“Escribo siempre, estoy condenado a la literatura”

Cuando se busca en internet la imagen de Mircea Cartarescu suele aparecer un hombre muy delgado, de mirada triste y con el cabello largo.

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Cuando se busca en internet la imagen de Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956) suele aparecer un hombre muy delgado, de mirada triste y con el cabello largo. El protagonista de su más reciente novela publicada en español, Solenoide (Impedimenta, 2017), es un profesor que suele usar el cabello de esa manera y, en gran parte, eso propicia que los piojos de sus alumnos se le suban: “He cogido piojos otra vez”, es la primera frase de la que se considera la obra en la que se funden los temas y obsesiones del escritor rumano.

El asunto es que ahora lo trae muy corto, debido a que “fui a un estilista que por error me cortó el cabello de manera punk y me sentía como muy ridículo, así que fui a otro peluquero”, cuenta a MILENIO el autor de títulos como Nostalgia, Lulu o Cegador, previo a su presencia en la Feria Internacional del Libro, que se inicia este sábado. Por cierto, se piensa que Cartarescu podría ser el primer escritor rumano en ganar el Premio Nobel de Literatura.

Poeta, narrador, ensayista… ¿cómo se relaciona con la escritura Mircea Cartarescu?

Para mí escribir es un proceso muy orgánico, casi un proceso ideológico, no podría vivir sin la escritura: cuando no escribo soy muy infeliz, por lo tanto estoy condenado a la literatura. Intento escribir para entender la situación, así como decía Kafka: intento comprender quién soy y qué es el mundo en el que vivo.

¿Qué tanto se han transformado las obsesiones de un escritor que comenzó en los días de dictadura comunista y ahora escribe con otra libertad?

Fundamentalmente soy el mismo desde los 19 años. Si comparo una página de mi diario de aquel entonces con una escrita hoy en día, son idénticas. He pasado por épocas históricas muy diferentes, por la dictadura y por un régimen democrático, pero el sentido de mi escritura ha sido el mismo. Muchas veces dije en broma que una simple revolución no era suficiente para cambiar mi estilo.

“Admiro mucho a ese joven y le tengo mucha envidia: amaba a la poesía a pesar de la época de tinieblas en la que vivía. Mi generación sobrevivió a través de la poesía, porque no había otra cosa que existiera. Rumania era un país destrozado, pero para nosotros era muy importante la vida interior, guardar esa libertad interior y, en ese sentido, la poesía nos ayudó mucho. Al final, poesía es otra palabra que se puede hacer para llamar a la libertad.

¿De qué le sirvió la poesía en su paso a la narrativa?

La poesía tiene dos sentidos esenciales. Uno, sirve para escribir versos y producir libros de poesía, pero otra definición es la de la mirada inocente sobre el mundo, la mirada de un niño. Si tomamos este último sentido, considero que me he quedado como poeta y espero seguirlo siendo para siempre, aunque hoy en día no escribo versos: prefiero escribir poemas bajo la forma de una novela.

¿Su escritura pareciera muy autobiográfica?

La mayoría de mis novelas tienen un nivel realista, pero que no es esencial. Es un punto de partida para ejercer la imaginación. Nunca me he quedado en el simple autobiográfico, lo que me interesa de mis libros es el desarrollo de lo fantástico y de lo onírico, y esto demuestra mis orígenes como poeta. Por eso, los grandes escritores fueron poetas en sus inicios.

“La realidad también se inspira muy a menudo en la ficción. Por ejemplo, muchas revoluciones se han inspirado en obras literarias, por lo tanto la relación entre la literatura y la vida es mucho más compleja de lo que nosotros pensamos”.

Desde muy joven ha escrito diarios, ¿cómo le ha funcionado para su escritura literaria?

No puedo imaginar cómo un artista no escribe diarios. Escribo mi diario desde hace más de 40 años y si pasan más de tres días sin escribir nada, me siento un poco nervioso, como un alcohólico que deja de beber durante varios días, es una adicción positiva, porque escribiendo sobre mí mismo cada día me entiendo mejor. Es verdad que muchas de mis novelas tienen como punto de partida a mi diario, como es el caso de Solenoide, los sueños contados son reales y primero fueron anotados en mi diario.

¿Cómo ha sido su relación con la literatura latinoamericana, con la mexicana en particular?

Leo con pasión a los escritores latinoamericanos, son los más cercanos a mi estructura interior. En la literatura mexicana siempre he dado como ejemplo a Carlos Fuentes, porque hace 25 años leí Terra Nostra y me influenció muchísimo; también le debo mucho a Jorge Luis Borges, Bioy Casares, Cortázar, Sabato, García Márquez, Vargas Llosa. Me parece que el realismo mágico es una de las grandes victorias de la literatura moderna.

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