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Domingo , 24.03.2019 / 22:51 Hoy

Entre actos y magia

Guía visual


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Fabiola Torres–Alzaga, nacida en la Ciudad de México en 1978, llega a la representación visual de la modernidad con un bagaje curioso: estudios de magia e ilusionismo en Buenos Aires, literatura, sobre todo Borges, y conocimiento del cine de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, además de experiencia como asistente de escenografía no solo en un set de Hollywood con un gran presupuesto, el primero que le permitió saber cómo se construye una ilusión de la realidad, sino en películas mexicanas donde ocasionalmente trabaja. El set hollywoodense influyó poderosamente en su obra, según cuenta en entrevista. Cambió, por ejemplo, su manera de construir espacios ficticios, una de sus grandes preocupaciones, que los espectadores “vemos” como espacios reales: “Y me di cuenta de que la realidad es absolutamente distinta a la hora de construirla en fragmentos para la película. Comencé a incluir a un carpintero y a un ebanista en mis piezas”, dice Torres–Alzaga, cuyo proceso de creación es muy solitario.

Recientemente participó en el primer encuentro de “Construcción del espacio ilusorio”, consistente en dos conferencias suyas impartidas el 14 y 16 de junio a manera de sesión de videoclub. En ese ciclo organizado por La Herramienta Justa, de la HerratecA, mostró sus herramientas visuales. La artista estudió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, donde conoció a docentes como Sofía Táboas y otros miembros de una generación que fue más allá de los soportes tradicionales. Táboas, de hecho, le enseñó a trabajar con lo que tuviera a la mano, una lección fundamental. Pertenece a una generación que no solo ama el cine, sino el lenguaje del video. Entre los directores que más le han aportado están Robert Bresson, cuya influencia en el cine francés, según Jean–Luc Godard, es tan notable como la influencia de Dostoievsky en la novela rusa, o la de Mozart en la música alemana. Otro autor importante para ella es Stanley Donen, célebre por su película Cantando bajo la lluvia. Aprecia, más que nada, su imaginación para solucionar asuntos del lenguaje cinematográfico, que se haya saltado los códigos de censura imperantes en Estados Unidos hasta la década de 1960. Por ejemplo, el aplicado a los personajes casados, quienes no podían dormir en la misma cama en ninguna película. Donen se las ingeniaba para tomar dos planos y crear la ilusión de que un matrimonio charlaba en su propia habitación. La escena, explica muy entusiasmada Torres–Alzaga, está en Youtube. No en vano una de sus piezas se titula Después del set cinematográfico.

¿Pero qué pasa entre la artista y la magia? ¿Por qué dedicar una estancia en Buenos Aires a estudiar los trucos de los elegantes magos argentinos? Cuauhtémoc Medina escribió en 2011 que en la serie El problema de lo real, incluida hace dos años en una colectiva del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, la artista “parte de la poética de los trucos de reflejos comunes en el ilusionismo de la magia de salón”. Para ella, como cita en su blog, “la magia es una propiedad de la mente, el truco de los magos”. Usted tiene la última palabra, estimado lector.

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