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Miércoles , 20.02.2019 / 14:28 Hoy

Entorno muy limpio aumenta el riesgo de asma en bebés

Una investigación canadiense identifica cuatro bacterias de la flora intestinal que son muy importantes para un buen desarrollo del sistema inmunológico.

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Los niños con alto riesgo de contraer asma carecen de importantes bacterias intestinales en sus primeros meses de vida por crecer en ambientes muy limpios, de acuerdo con una investigación de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, que fue divulgada ayer.

Si bien los científicos hasta ahora no tienen una respuesta definitiva sobre las causas de esa enfermedad respiratoria, el hallazgo publicado en la revista Science Translational Medicine identificó por primera vez cuatro bacterias específicas que parecen estar involucradas en el desarrollo de un sistema inmunológico que proteja del asma.

Higiene exagerada

De acuerdo con los autores del estudio, su descubrimiento ayuda a entender por qué en los países desarrollados hay más niños asmáticos. "Esta investigación sostiene la hipótesis de la higiene, según la cual estamos convirtiendo nuestro entorno en un lugar demasiado limpio", explicó el coautor del estudio Brett Finlay, profesor de microbiología e inmunología de la Universidad de British Columbia.

Los casos de asma han aumentado notoriamente desde la década de los 50, en particular en los países occidentales donde más de 20 por ciento de los niños padece esta enfermedad crónica que produce respiración sibilante, tos y dificultad para respirar.

Sin embargo, este padecimiento se ha incrementado en una proporción más baja en los países que están en vías de desarrollo, donde no hay una obsesión por la higiene que limite en demasía la exposición de los bebés a bacterias que pueden ayudar en tener un sistema inmune más fuerte.

El hallazgo de los científicos canadienses también abre la puerta a la búsqueda de tratamientos probióticos para bebés con el objetivo de prevenir el asma, así como la creación de una prueba para predecir qué niños tienen más riesgo de padecerlo.

"Nos da nuevas formas para prevenir esta enfermedad que pone en peligro la vida de muchos niños. El trabajo demuestra que tenemos un periodo corto de tiempo, una ventana de tal vez 100 días, para intervenir terapéuticamente a los bebés y protegerlos", subrayó el inmunólogo pediátrico Stuart Turvey, el otro autor del estudio.

Además de las bacterias, se cree que esta diferencia se explica por varios factores ambientales y las trampas de la vida moderna: los países desarrollados tienen mayores tasas de nacimientos por cesárea, los bebés se alimentan con más complementos que con leche materna y se consumen demasiados antibióticos, ejemplificaron los especialistas en un comunicado.

A pesar de que aún no está claro cómo los niños adquieren las cuatro bacterias identificadas, la investigación "muestra que tienen un papel importante en el asma, aunque esto ocurre en una etapa temprana de la vida, cuando el sistema inmunológico del bebé se está desarrollando", detalló Finlay.

El protocolo

El estudio involucró a 319 infantes en el protocolo, cuyas muestras de heces fueron examinadas a los tres meses de nacidos y después de un año.

Las muestras revelaron que los bebés de tres meses con mayor riesgo de asma registraban niveles bajos de cuatro bacterias intestinales específicas que se llaman Faecalibacterium, Lachnospira, Veillonella y Rothia.

Cuando se estudiaron las muestras fecales de los bebés de un año, los especialistas registraron menos diferencias, lo que sugiere que los primeros 100 días de vida son muy importantes en el desarrollo del sistema inmunológico de los pequeños.

Con el paso de los años los científicos rastrearon a 22 de los niños con poca diversidad bacteriana, de los cuales ocho desarrollaron el padecimiento respiratorio. Los otros 14 infantes, aseguraron los científicos, aunque aún no presentan la enfermedad, tienen más riesgo de padecerla que los niños del estudio con las bacterias halladas.

Ninguno de los participantes en el protocolo de investigación fue tratado con antibióticos, lo que descarta este tipo de fármacos sea la causa de una menor flora bacteriana en los sujetos estudiados.

Los investigadores no examinaron a las madres ni compararon a los niños nacidos por cesárea o parto natural; tampoco analizaron si la sustitución de la leche materna puede haber sido un factor en el riesgo de asma. Todas estas son las direcciones que tomarán los estudios subsiguientes de los expertos.

Por ahora, "esta investigación enfatiza que debemos revisitar nuestra relación con las bacterias", concluyó Turvey.

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