"Ahora veo que éramos rebeldísimas, pero íbamos avanzando de una manera, peleando, pero sin darnos cuenta de que peleábamos; era como un movimiento perfecto y totalmente irracional, pero perfecto, porque podíamos hacer cambios, pero con un sentido”, dijo Margo Glantz (1930) acompañada de Elena Poniatowska (1932) en un encuentro histórico dentro de la Feria Internacional del Libro de Coyoacán.
Elena Poniatowska recordó sus inicios en 1953, una época donde las mujeres periodistas eran confinadas a la sección de Sociales.
“Inicié en 1953 trabajando en un periódico; era un ambiente muy festivo y muy solicitado porque la cantidad de gente quería aparecer en el periódico. A través de él hay una posibilidad de que más personas se enteren de que tú estás vivo o de que tú quieres hacer algo en la vida. En ese entonces, las mujeres solo hacíamos entrevistas de sociales o de cultura muy ligera; no se nos permitía entrar a la política o a los temas que se consideraban 'serios' o de hombres”.
La amistad entre Elena y Margo
Por su parte, Margo Glantz, quien a sus 96 años mantiene una agudeza intelectual envidiable, bromeó con la audiencia: "Elena tiene 93, yo tengo 96, entrados a 97... tengo una cantidad de años que debería ser poco lúcida, aunque todavía soy un poquito lúcida".
Ambas recordaron sus inicios: Glantz desde el rigor de la UNAM y Poniatowska desde la inmediatez del periodismo de a pie.
"Cuando yo entré a la Facultad de Filosofía y Letras, eran casi las pocas maestras; casi todos eran maestros. Y yo estaba como marginada. Ahora la mayor parte de los profesores son mujeres. Ha cambiado totalmente la función de la mujer y la participación es muchísimo más importante en México y en todas partes. Me acuerdo de que cuando yo estaba en la facultad había que usar vestido y que yo de repente empecé a usar pantalones y me decían que qué pesada era yo, que si me creía Donald Trump. Era una ruptura con lo establecido, una forma de decir que estábamos presentes en espacios que no nos pertenecían originalmente".
Y añadió: “Conocí a Elena en el Colegio de México. Como yo era tres años mayor que ella, la veía muy chiquitita. No sabía qué iba a ser Elena, pero me acuerdo de ella muy bien porque muchos de sus amigos iban ahí. Tenía como 20 o quizá 17 años”.
Poniatowska recordó que su amistad se fortaleció en viajes: “Luego nos unió la amistad común con Carlos Monsiváis y Sergio Pitol. Cuando venían estos amigos, nosotras nos encontrábamos también; era una época de mucha efervescencia intelectual”.
Reconocen la labor de Claudia Sheinbaum
En un momento de la charla, las autoras coincidieron en que la formación universitaria es el eje de la transformación.
"El solo hecho de que ahora la presidenta de la República sea Claudia Sheinbaum es una alegría enorme. Yo creo que lo vivimos como un triunfo casi personal. Pienso qué bueno que tengo la posibilidad de ver a Sheinbaum en el poder y verla discutir con Trump, cosa que no es fácil, y hacerlo con la inteligencia y con la presencia de espíritu y con la entereza con la que lo ha hecho. Se ve que Claudia está muy por encima de las respuestas que han dado o del diálogo que es difícil con un presidente que tiene la formación de Trump", afirmó Poniatowska.
Glantz vinculó este presente con la herencia de los movimientos universitarios:
"Me parece muy importante que Claudia haya salido de la universidad. Ella empezó en luchas universitarias desde muy joven, y desde esa tribuna ha logrado escalar hasta ser ahora presidenta. Es verdaderamente impresionante; si uno lo ve en perspectiva, parecería mentira que un estudiante universitario que participó en luchas acabara siendo presidenta de todo un país. Me da mucho gusto porque yo me he educado en la universidad y he enseñado más de 60 años en ella. La educación pública es la que permite estos saltos históricos".
Sobre el activismo, Glantz enfatizó: "Es muy importante marchar el 8 de marzo, pero no solo ese día. En mi época no había manifestaciones de mujeres; íbamos hombres y mujeres, era mixto todo. Creo que es muy importante que se celebre el Día de la Mujer, pero todos los días son días de la mujer porque estamos trabajando todos los días para tratar de cambiar totalmente la realidad personal, femenina y de todo México. La rebeldía no es un evento de un día, es una postura ante la vida".
"Deben tomar la pluma y no soltarla nunca"
Los recuerdos, los amigos en común y la fuerza de dos mujeres excepcionales marcaron la conversación que fue disfrutada por la gente que participó en el evento.
"Elena es la voz de México; yo soy la voz apagada de México, pero chiquitita, porque ella es bestseller y yo longseller”, bromeó Glantz.
Finalmente, Elena Poniatowska aconsejó a las nuevas autoras: "A las escritoras les digo que sigan, que trabajen, que crean en sí mismas, que no lo vayan a dejar, que tienen muchísimo qué decir. Todavía hay grandes zonas en México sin explorar y grandes zonas en nosotras mismas que no hemos descubierto. Me preocupa que las mujeres sigan siendo discriminadas y que sus mejores amigas sean la escoba y el recogedor. Deben tomar la pluma y no soltarla nunca".
Al final de la charla, ambas recibieron una medalla especial de manos del presidente de la feria, Gerardo Valenzuela, en nombre del Consejo de Cultura Continúa en Movimiento. Al entregar el reconocimiento, el fundador de la FILCO calificó el encuentro como “histórico”: “Hay momentos en la vida cultural de un país que no se repiten con facilidad. Momentos en los que la historia de la literatura deja de ser memoria escrita y se convierte en presencia viva”.
hc