Cultura

El pensamiento inmortal

A través de la inteligencia artificial, damos rienda suelta a la fantasía de inmortalidad, como una nueva forma de no saber lidiar con la conciencia de la propia extinción.

Mucho se ha escrito sobre el rasgo que quizá define al ser humano como ningún otro: la conciencia de su propia muerte. En Ruido de fondo, Don DeLillo imaginó unas extrañas pastillas que alivian la ansiedad de la muerte. En La persuasión y la retórica, Carlo Michelstaedter argumenta que prácticamente todas las formas y convenciones sociales son producto de la incapacidad de vivir el presente, y de ahí que los hombres construyan complejos sistemas para vivir en una perpetua fuga hacia el futuro, entregando su vida a metas y objetivos que, se materialicen o no algún día, cumplen con la función de evadirnos del presente, pues su carácter efímero nos produce tanta angustia que no lo podemos soportar. En la actualidad, vivimos bombardeados por productos y cirugías que ofrecen detener el tiempo para instalarnos lo más posible en una (seudo)juventud permanente. A través de la inteligencia artificial, damos rienda suelta a la fantasía de inmortalidad, como una nueva forma de no saber lidiar con la conciencia de la propia extinción.

En “El inmortal”, cuento de Borges, el protagonista busca el río cuyas aguas vuelven inmortales a los hombres. En su camino se topa con unos seres un tanto barbáricos, los trogloditas “que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra”. Posteriormente, luego de haber bebido sin saberlo del río de la inmortalidad, se da cuenta de que esos hombres a quienes despreció son la raza de los Inmortales. ¿Qué imagina Borges que haría una raza tal?: absolutamente nada, pues, “juzgando que toda empresa es vana, determinaron vivir en el pensamiento, en la pura especulación”. Prácticamente no ingieren comida ni agua, pero no es por ascetismo sino porque “No hay placer más complejo que el pensamiento y a él nos entregábamos. A veces, un estímulo extraordinario nos restituía al mundo físico. Por ejemplo, aquella mañana, el viejo goce elemental de la lluvia”.

Con su habitual agudeza demoledora, en este hermoso cuento Borges da en el clavo: en contra de la tendencia a recibir estímulos exteriores y acumular experiencias sin cesar (registradas de preferencia en infinitas selfies), no existe nada más fantástico y estimulante que el propio pensamiento, y su prodigiosa imaginación es uno de los mayores testimonios para respaldar esta creencia. Mientras duren nuestras vidas tenemos la capacidad de ser como los inmortales, y de explorar las infinitas formas, colores, olores y matices a los que el pensamiento puede conducirnos, a menudo de la mano de artistas-guías como el propio Borges, que consiguen el mismo efecto de extraernos de nuestro ser y de la conciencia de la extinción, pero de maneras mucho más hermosas que el aparato de miedos, insuficiencias, envidias y ansiedades en el que a menudo transcurren nuestras vidas en esas cárceles de competencia y acumulación en las que se han convertido nuestras sociedades contemporáneas.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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