Ideología, política, historia, religión, socialismo, literatura, arte, sexualidad, feminismo, aborto, drogas, academia, espectáculo…, ¿qué tema pudo haber quedado fuera de las páginas de esta singular publicación, El Machete, que con el añadido titular de “revista de cultura política” publicó en los años 1980 y 81 apenas quince números mensuales?
Su edición facsimilar, inscrita en la vieja serie Revistas Mexicanas del FCE, nos da la respuesta. Casi ninguno a la sazón de un país que avanzaba en su democratización, vía la normalidad de un sistema partidista y electoral, y que tomó por sorpresa a muchos. Especialmente a algunos sectores de las llamadas fuerzas de izquierda, casi tan longevas como el mismo Estado surgido de la Revolución Mexicana, que tuvieron que enfrentar el dilema de su obligada renovación.
A eso debió responder el que fuera el principal dirigente de la izquierda mexicana, Arnoldo Martínez Verdugo (1925-2013), quien al tiempo que incorporaba al Partido Comunista Mexicano al nuevo sistema (organización semiclandestina hasta la fecha) tenía el reto de romper con una reacia ortodoxia —teórica y práctica— desarrollada a lo largo de los años. Retos que se hicieron ineludibles cuando en otras partes del mundo comenzaron a reconocerse desviaciones, excesos y errores.
Recién legalizado el PCM, desde su dirección se le pidió a Roger Bartra la publicación de una revista que expresara las necesidades desprendidas “de la coyuntura política, con el objetivo preciso de hacer avanzar las posiciones de la democracia y el socialismo en México”. El resultado, ahora al alcance de nuevos lectores, rebasó con mucho el encargo al grado que fue también motivo de divisiones internas, características de la izquierda mexicana, motivo principal de su final.
Aunque signada como una revista “propiedad del PCM”, El Machete tuvo una gran libertad y apertura. Lo demuestra el listado de colaboradores y temas que incluye en esta nueva versión, coordinada por Luciano Concheiro y editada por Gerardo Villadelángel. Práctica a la que se impuso otra práctica, como advierte Concheiro. “Su eclecticismo y su alejamiento del sectarismo de la izquierda mexicana de raigambre comunista generaron rechazo”.
Apuntalada con un diseño innovador, acorde con la diversidad de temas desplegados, la revista fue, como lo observa en la distancia su entonces director: “el reflejo de una tradición de izquierda comunista a nuevas formas de actuación política” y “fue también fruto de la decadencia de una vieja tradición radical que ya había caducado”.
Experiencia, armada de antisolemnidad, de “una extraña y sorpresiva serie de paradojas, coincidencias y azares”, subraya Bartra. Aunque se sepa que “el azar suele reflejar el contexto histórico, y que las cosas nos parecen azarosas porque no entendemos las afinidades electivas que las conectan entre sí y con el ambiente que nos rodea”.
Con textos de apertura de Concheiro, Bartra, Carlos Illades y Christopher Domínguez Michael, la versión facsimilar de El Machete (que tuvo tirajes mensuales de 20 mil ejemplares) da cuenta de “paradojas y azares”, pero también de la permanencia de temas que en su tiempo sólo podían tener cabida en un espacio así.