La obra de Julia Navarro se ha publicado en más de 30 países, en especial por títulos como La hermandad de la Sábana Santa o La biblia de barro, para convertirla en una de las escritoras españolas más exitosas de los últimos años, si bien ese éxito no es un peso para ella, sino un acompañante en su necesidad de hurgar en la naturaleza de los seres humanos.
“Me interesa la condición humana. El último gran misterio que hay en la tierra es el hombre; por tanto, viajar a los confines de la conciencia, viajar a los confines del alma, es algo que está presente en todos mis libros”.

Así es como llega a una novela como De ninguna parte, aparecida bajo el sello de Plaza y Janés, donde la narradora se detiene a reflexionar sobre la manera en la historia de la humanidad se ha consolidado como una historia de migraciones: el ser humano siempre, cuando no puede seguir viviendo en un lugar —por las circunstancias que sean—, ha intentado marcharse para encontrar una vida mejor.
En las últimas décadas, Europa ha vivido el fenómeno de las migraciones de Oriente: la guerra de Irak, la guerra en Siria, ahora Afganistán, la violencia que hay en el continente africano, “ha llevado a que millones de personas hayan llamado a la puerta de Europa”, asegura.
“Entiendo que todos los seres humanos deben ser tratados con dignidad, vengan de donde venga, crean en el dios que crean, tengan el color de piel que tengan y creo que, veces, los europeos no hacemos las cosas bien. No se lo ponemos fácil a esas personas que vienen de otros lugares: Europa es un espacio de libertad y de derechos, pero tenemos un déficit respecto de los migrantes”.
De ahí su esfuerzo por comprender las razones que llevan a una persona a convertirse en alguien que “no nos hubiese gustado ser”, eso es algo que plantea en esta novela y en otras obras: “intentar plantear preguntas que, a veces, no tienen respuestas, pero que siempre me permiten viajar a los confines del alma”.
Aprender los unos de los otros
De ninguna parte es una novela sobre migraciones, que se cruza con un tema como la violencia, con el deseo de venganza de jóvenes árabes que perdieron a toda su familia por la sinrazón de la guerra, también enfrentados al exilio, a un choque que, desde la mirada de la autora, no se da entre culturas necesariamente, sino más bien entre costumbres y entre identidades.
“Nunca hay un choque, hay una curiosidad de aprender los unos de los otros, de compartir todo lo que ha nacido del alma. Lo demás son las costumbres, personas que llegan de otros lugares, con costumbres y códigos diferentes y que encuentran una sociedad donde costumbres y códigos no son los suyos”.
El gran reto es establecer parámetros para que la gente pueda formar parte de esa nueva sociedad a la que llegan y que no se sientan como extranjeros: “ese es el debate y el desafío que tenemos en Europa”, dice la escritora española.