Cultura

El cómic y la aracnofobia

Por Hugo G. Freire

El autor escribe sobre las historietas y su paso por América Latina.

El cómic, compuesto por una serie de dibujos caricaturizados en cuadros con texto o sin él que relata cosas cotidianas o de ficción, popularizado por las películas de superhéroes, no siempre se llamó así.

Nombres

Anteriormente, las también llamadas historietas, en otros puntos de América Latina se adoptaron con su propia expresión, como en México “monitos” o “cuentos”; en Brasil, “história em quadrinhos"; en Ecuador, “revistas”; en Venezuela, “comiquitas”; en Colombia, “monachos” y en Perú, “chistes”.


Como otra vertiente, en muchos los periódicos parecieron las tiras cómicas, algunas de las cuales se hicieron famosas, como “Mafalda” de Argentina, “Condorito” en Chile, y se derivaron superhéroes como Kalimán y Santo, en México.

La historieta, hasta hace unos años, fue consideraba con carácter inferior muy a pesar de que ha aportado conocimientos desde siempre y que su historia se remonta a la antigüedad misma, donde eventos notables fueron caricaturizados en relieves.

Aunque con sentido purista a estas formas no se les quiera ver así, ahí permanecen para decirnos cómo vivían en esos tiempos.

Lo que no genera duda alguna es que el creador de la historieta, allá por los años 800 d. C., fue el obispo de Bremen, llamado San Óscar, el primero que "caricaturizó" los personajes de la Biblia y en cuadritos con cintillos indicaba quién hablaba, dejando que las imágenes dieran el mensaje a una comunidad que no sabía leer ni escribir y menos hablar latín. Se llamó Biblia Pauperum, la Biblia de los Pobres. 
Si bien podemos nombrar a varios precursores como Koikawa Harumachi o al grabador Katsushika Hokusai -quien creó el término “Manga”- o al inglés William Heath, debemos calificar como el padre de la historieta moderna al suizo Rodolphe Töpffer, quien aporta una teoría al tema: “Literatura en Estampas”.
Nos da además las tipologías más esenciales, como la interdependencia entre dibujo y texto, jerarquía de los personajes, dibujo narrativo, trazo espontáneo y caras expresivas. Su teoría fue plasmada en “Los amores del señor Vieja Leña" (1827) e “Historia del señor Jabot" (1831).


Con lo dicho, centrémonos en Estados Unidos y la aparición del término "cómic", que va unido a la creación de la industria editorial más grande del planeta, donde las historias cotidianas rivalizan con superhéroes que pelean con alienígenas deseosos de acabar con la Tierra.

En ese contexto surge un personaje bastante peculiar, “Spiderman”, el Hombre Araña (1962). Este cómic creado por Stan Lee no fue aceptado por los editores, que decían, “las arañas nunca han sido bien vistas por las personas, les dan miedo. No lo vamos a publicar”. A insistencia de Lee salió a la luz y, como sabemos, fue todo un éxito. 

Esa añeja inquietud lleva a preguntarnos: ¿las arañas de verdad causan terror? ¿debemos inquietarnos por ellas? Veamos antes algunas de sus características: no debemos confundirlas con insectos, habitan en todos los continentes menos en la Antártida, casi todas son carnívoras, la mayoría tienen veneno y paralizan a sus presas, se alimenta de grillos, cucarachas, moscas, roedores, producen seda, miden desde 37 mm (la araña PatuDigua), hasta 30 cm la tarántula Goliat. 




Con estos detalles y sumando los pares de ojos peludos que nos miran cuando las tenemos cerca, la realidad es que la mayoría arañas no son peligrosas para los humanos.

Aunque hay personas a las que les dan pánico y algunas sufren de un miedo irracional llamada aracnofobia. Ese trastorno de ansiedad que produce taquicardia, náuseas, paralización generalizada, sin importar que la araña sea de plástico o de papel.

Los afectados, cuando las ven, corren aterrorizados. El tratamiento más efectivo para este tipo de casos es la técnica de sensibilización que consiste en la exposición gradual del paciente a las arañas, hasta curarse.

En conclusión, con lo analizado, cuando veas arañas ¡jamás las mates!, porque en general no son peligrosas.   

Además son las mayores consumidoras de insectos y las únicas que pueden controlar el crecimiento desbordado de ellos, si no lo hicieran pondrían en peligro a la especie humana...   

¡Ah, y por supuesto, disfruta la literatura y arte gráfico plasmados en los cómics!

LC

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