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Jueves , 21.03.2019 / 22:36 Hoy

El bautizo de la noche. Pedro F. Miret

Ofrecemos los pasajes iniciales de la biografía intelectual del escritor nacido en Barcelona, un raro entre los raros que se dio a la tarea de construir una poética inusual para su época.

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La escritura silvestre de Pedro Fernández Miret se alimentó con el automatismo, la sobredosis de puntos suspensivos y el guionismo cinematográfico; en sus escritos difícilmente se hallará alguna referencia, asociación o paráfrasis literarias, sustento de las propuestas artísticas en boga. Las presuntas influencias adoptadas por él no se ubican en el Sur o el Norte de América, tampoco en Europa, pues él inventó su tradición.

Estudiar su obra y documentar su vida aportará hallazgos, aspectos no abordados de su convivio en la república literaria, y de la institución misma, entre los años cincuenta y la década de los ochenta del siglo XX, el tiempo vital de Miret. Pongamos por ejemplo estos aspectos: tradiciones, idiosincrasia literaria y generacional; usos, técnicas y recursos literarios. O estos descubrimientos: compadrazgos, modos de vida, interrelaciones personales o cenaculares, educación literaria y sentimental, patrocinios —uno de los bienes más preciados en la evolución, promoción y consolidación de un escritor en la edad contemporánea, de los que Miret no se benefició en vida—. Aspectos particularmente llamativos por su condición de "extranjero" en patria criolla y, en general, por el origen ibérico de la migración.

Respecto a su biografía, singular en sí misma, ofrece materia de trabajo por la versatilidad de su temperamento artístico (arquitecto, dibujante, guionista, narrador, escenógrafo, actor) y obra, cuyos atributos narrativos se desdoblan en sus temperamentos de cuentista, comentarista literario, dramaturgo y novelista. Sin embargo, el deslinde de la figura pública concierne parcialmente a las tareas de la crítica y las labores del historiador literario, aunque el carácter y la psicología del ciudadano Miret también explicarían su obra; por ello es indispensable conocer algunos pormenores vitales para mantenerlos como piso subterráneo de su escritura literaria. No obstante, la familia inmediata (esposa e hijas) y algunos de sus contemporáneos (José de la Colina, Juan José Gurrola, Gerardo Deniz, Raúl Busteros, Tomás Pérez Turrent), las fuentes verídicas de esos pormenores, apenas han revelado ciertos hábitos, facetas, manías, rasgos, gustos y aficiones, los claroscuros que distinguen a una personalidad.

En cierto momento, Deniz trató de desmenuzar en un olvidado ensayo los complejos edípicos que batallaban en su amigo; personalmente no pretendo escardar en las cicatrices ni en las heridas abiertas de su memoria. El acercamiento en que me empeño no recurrirá a la lectura o interpretación psicoanalítica, ya que éstas por sí mismas alimentan un estudio particular que exploraría los intríngulis entre literatura y psicoanálisis: el caso Miret.

Por último, el problema planteado facilitará no solo la novedad de un caso olvidado en la historiografía literaria, sino también trazará líneas paralelas entre los escritores nacidos en México y los literatos naturalizados en el país por causa de la Guerra Civil, además de los vec tores que los unieron o divergieron; de la misma manera, buscará en Miret el probable influjo de dos figuras tutelares: Alfonso Reyes y Max Aub, astros en el firmamento del medio siglo mexicano. Pero ante todo, se estudia la estética de Miret, pues aquí se da la primera noticia de los variados registros (cine, arquitectura, dibujo, literatura) con los que se valió en su intento por armar, tal vez desanimadamente, una poética inusual para su época e incluso para el siglo en que vivió. Para calificarla primariamente, recurriré al muy trillado pero al fin adjetivo literario de rara, que la describe a la perfección. ¿Una poética de lo raro? Sí, y una estética. Pedro F. Miret fue un escritor raro que surgió en la medianía del siglo XX. De esta manera, Miret se inscribe en esa corriente ajena y equidistante al canon —considerado aquí como paradigma literario— que lo empata con Francisco Tario, otro caso de los raros en las letras mexicanas del siglo pasado. Los raros del siglo XX: Miret y Tario. Miretario. [OBJECT]

La tentación del cine

Por tradición el cine, la arquitectura, la música y el dibujo han sido las artes más afines a la expresión literaria en México —tal como en el siglo XIX el médico literato fue una profesión corriente—, disciplinas que Miret frecuentó con genuina devoción. Así, doy cuenta de esta tradición que ha alimentado simultáneamente al cine y la literatura. Una frondosa tradición que se remonta a los mismísimos orígenes del cine mudo nacional y que aún prevalece en las vocaciones cinematográficas de —por mencionar a un par de impares narradores— Vicente Leñero y Guillermo Arriaga, narrador que es a la vez el guionista de Amores perros, la película mexicana de mayor impacto sociocultural en la última década.

El cine fue el otro recipiente donde Miret se expresó más, mayormente se volcó y del que pueden inferirse y trazarse los nexos que engarzan el cine con la literatura. Los vasos comunicantes entre la palabra y la imagen. Y porque de esas relaciones nace y se robustece una tradición netamente nacional digna de estudio, que por lo demás ya se ha planteado, abordado y, de manera relativa, analizado en los recintos académicos nacionales e internacionales: los escritores en el cine mexicano: el trayecto que va de Federico Gamboa a Guillermo Arriaga. De la inmaculada Santa hasta el loco amor de Amores perros.

Un repaso somero de esa tradición partiría de los ateneístas, los escritores de la Revolución, los Contemporáneos, el exilio republicano y el Medio Siglo, hasta llegar a los escritores afines al Nuevo Cine, pasando por otra personalidad inclasificable por fronteriza: José Revueltas. Tal acercamiento, empero, rebasa los límites naturales del tema aquí propuesto; por dicha razón me centro en las tentaciones fílmicas que abonaron la imaginación cinematográfica de los escritores pertenecientes a la segunda ola del exilio español, la generación hispanomexicana, pues ahí se localiza una veta de estudio explorada con parquedad y aún sin beneficio para los estudios literarios o culturales.


RSE

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