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Domingo , 24.03.2019 / 09:51 Hoy

“El arte es un error”, dice el pintor Arnaldo Coen

“He descubierto que no tiene ni fecha de nacimiento ni fecha de caducidad”, asegura el exponente de la Generación de la Ruptura.

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Seres abstractos y geometrías imaginarias se congregan en el mural de Arnaldo Coen Reflejo de lo invisible, que se exhibe en el Museo José Luis Cuevas. Los personajes “provocan en el espectador adentrarse al espacio físico del mural”, dice el pintor, que considera que el arte está más en el espectador que en el creador.

Coen (Ciudad de México, 1940) afirma que “el arte es un error, porque si fuéramos como cualquiera otra especie sabríamos qué hacer. Nuestros instintos nos son dados desde siempre, como a cualquier ser vivo que tiene una información genética, y se desarrolla a través de ella. Pero los seres humanos somos los únicos que nos salimos de ese contexto, entonces vivimos en el error. Pienso que todo lo que es lo racional en el hombre es un error”. Pero produce cosas maravillosas, le decimos; responde: “¡Claro, empezando por el infierno, que siempre es la parte más divertida! Hablando, por decir, de La divina comedia, la parte más divertida es el infierno, igual que en las pinturas de El Bosco”.

No se trata exclusivamente de una parte oscura en el arte: “Podemos pensarla como oscura, pero también como iluminación. Decía Einstein que había dos maneras de vivir la vida: una, como si nada fuese un milagro; la otra, como si todo lo fuese. De alguna manera el arte es lo que nos permite ver las cosas; está más en el espectador que en quien lo hace. Si nosotros somos buenos espectadores podemos descubrir el arte”.

Así iniciamos la entrevista que concedió a MILENIO a propósito de su obra más reciente.

¿Todas las corrientes y épocas del arte influyeron en usted?

He descubierto que el arte no tiene ni fecha de nacimiento ni de caducidad. En primer lugar, el arte no surge como tal. Yo creo que la manifestación del hombre es artística: surgió al hacer sus primeras herramientas. Empieza a hacer esculturas, representaciones de las imágenes de las cuales crea sus rituales, sus dioses. Pueden ser danzas, cantos. De alguna manera, la necesidad del hombre de expresarse es lo que genera el arte.

En su generación las relaciones entre artistas de diversas disciplinas era constante.

Fue en esa época que surgió la Zona Rosa, donde nos reuníamos todos los que estábamos en la pintura, el teatro, la música, la danza, la actuación... Antes de estudiar diseño gráfico yo dudaba a qué dedicarme. Yo sabía de Seki Sano, el gran maestro de la actuación, y me metí a estudiar con él unos meses. Me encantaban las bailarinas y dije: “¿De qué manera puedo acercarme a ellas?” Me puse a estudiar en el taller de Guillermina Bravo y Federico Castro. Por mi vínculo con la música, iba mucho con Raúl Lavista a recibir apreciación musical y me encontraba con Luis Buñuel, Ernesto de la Peña, Salvador Elizondo...

¿Piensa usted en el término vanguardia respecto a su arte?

Es muy difícil serlo después de haber vivido a través de la historia del arte todos esos momentos que fueron vanguardia. La verdadera época de ruptura se dio, en casi todas las expresiones actuales, entre finales del siglo XIX y principios del XX. De alguna manera el arte se repite. Como decía Ionesco en una obra de teatro en la que yo participé con Alejandro Jodorowsky: “No hay nada nuevo bajo el Sol, sobre todo cuando no hay Sol”. Las vanguardias ya se habían dado con Picasso, Duchamp... ¡Estamos hablando de hace más de 100 años! Pero pienso que todos los que actuamos con libertad ante la forma de expresarnos tenemos que ser de vanguardia.

Háblenos del mural ‘Reflejo de lo invisible’.

Lo que me mueve siempre es lo que creo que debe ser el arte: un acto de libertad. Me invitaron a pintar este mural y me dijeron: “Haz lo que quieras”. Eso es muy atractivo, sobre todo porque mi experiencia de pintar un mural ha cambiado. En este quería enfrentarme a un mundo fantástico de formas geométricas y de dimensiones generadas a través de diferentes maneras de manejar la perspectiva. Como lo que provoca una obra de esta dimensión al acercarse a ella es más a habitarla que a verla, quería que de alguna manera el espectador se sintiera que está ante un espacio que es la continuación de la realidad hacia un mundo fantástico.

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