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De mal humor

El Santo Oficio.

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Pues sí, el cartujo está de mal humor, no se soporta ni él mismo. Todo le parece mal, o casi todo para ser justos. No le parece para nada mal escuchar, por ejemplo, la música de John Cage, quien como todos los buenos músicos conocía las virtudes del silencio; tampoco leer Cronología del progreso (Debate, 2106), el nuevo libro de Gabriel Zaid, donde contra la corriente afirma: “No es verdad que todo tiempo pasado fue mejor. Ni que todo lo más reciente es mejor. Ni que el futuro será siempre mejor. Pero cabe desearlo, y trabajar porque así sea, con optimismo razonable”.

En la inauguración en Guadalajara del Tianguis Turístico, el presidente Enrique Peña Nieto, señaló: “Sé que a veces pueden decir (…) no hay buen humor, el ánimo está caído, hay un mal ambiente, un mal humor social, pero déjenme decirles que hay muchas razones y muchos argumentos para decir que México está avanzando”. Seguramente tiene razón, educado en un tiempo en el cual la palabra presidencial era la palabra de Dios, el monje no duda del progreso de nuestro país en varios aspectos, pero eso no le quita la muina. La realidad avasallante lo tiene contra las cuerdas y eso no le gusta.

Cómo estar alegre en una ciudad como la de México: contaminada, repleta de baches, donde la segregación en el transporte público es la única solución oficial para “proteger” a las mujeres, mientras los abusadores las injurian a plena luz de día en colonias popof como la Condesa sin encontrar apoyo en las autoridades, como bien lo sabe Andrea Noel. Cómo no ponerse a chillar de puro coraje cuando la impunidad de los Porkys en Veracruz ofende tanto como el cinismo del fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, parapetado en recursos legaloides para no tocarlos ni con el pétalo de una rosa, no se vayan a molestar sus papacitos santos, en tanto Daphne Fernández aguarda en la larguísima fila de quienes en los dominios de Javier Duarte —bíblicamente— tienen hambre y sed de justicia. Cómo, díganme ustedes, pacientes cinco lectores, estar feliz cuando las cifras de feminicidios en el Estado de México crece cada día sin quitarle al gobernador Eruviel Ávila el sueño de gobernar este país, como no se lo quitan al sonriente Graco Ramírez los informes de varias ONG —consignados por Arnoldo Krauss— donde se lee: cada cinco días una mujer es asesinada en Morelos. Cómo atisbar la felicidad cuando se advierte el destino de la mayoría de las niñas indígenas del país, condenadas a la pobreza, a la sumisión, a las implacables leyes de los usos y costumbres, tan defendidas sin reservas por los progresistas de siempre. Cómo mantener el sosiego cuando se conocen tragedias como la de Ángela, “la niña de la maleta”, de año y medio, violada y asesinada y abandonada en calles de la Ciudad de México. Un horror… Y todo esto sin hablar de política y políticos corruptos y mentirosos. No cabe duda, el fraile está hecho un energúmeno. Perdónelo, señor presidente.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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