Alrededor de la cabaña donde vive el pequeño Argel (Aliocha Sotnikoff) ronda una extraña criatura. Su padre (Brontis Jodorowsky) hace hasta lo imposible por prohibir que su familia salga de casa, en aras de una enfermiza protección ante lo desconocido. Inspirado en la literatura de Cormac McCarthy, Daniel Castro Zimbrón presenta Las tinieblas, un filme acerca del miedo y sus efectos.
¿Cómo nace 'Las tinieblas'?
Surge a partir de mi lectura de la novela La carretera, de Cormac McCarthy. La película no es una adaptación, pero sí hay una energía similar. Me interesaba la forma de abordar la relación entre padre e hijo. La película proviene también de trabajos anteriores, sobre todo del cortometraje Bestiario, inspirado a su vez en El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein.
Tanto su película como la novela de McCarthy tienen lugar en un escenario apocalíptico donde bien a bien no sabemos qué sucedió.
Mi idea era plantear un mundo postapocalíptico, pero sin dar respuestas de nada. Quería señalar el punto adonde llegamos poniendo énfasis en el mundo interno de los personajes.
Un mundo interno que hace del miedo su preocupación central.
La historia habla del encierro en que vivimos y de cómo limitamos a nuestros seres queridos en aras de una supuesta protección. Incluso podría tener una lectura política relacionada con estos gobiernos que tienden a cerrarse cada vez más. Vivimos en una sociedad esclava del miedo. Tememos a terroristas, narcotraficantes y políticos, pero de una manera más abstracta. No sabemos bien a bien a quién le tenemos miedo; sin embargo, rechazamos al otro. Lo vemos claramente en Estados Unidos: construye muros para protegerse, cuando la realidad es que el enemigo está dentro de ellos mismos.
En términos de la relación padre–hijo, hay evocaciones bíblicas y en particular al Libro de Job.
Me gusta hacer ciertas referencias bíblicas porque me ayudan a hablar de la moral. Por eso también hay una carga simbólica importante o imágenes que nos recuerdan a pinturas renacentistas. Estos elementos aportan otras dimensiones a la película. El sonido y la luz también son muy importantes porque tienden un puente con el espectador.
Y abonan con la atmósfera de terror o misterio que envuelve a la historia.
Hay un misterio originado por lo desconocido. No hablaría de terror porque la película sugiere que el miedo es creado por el padre, aunque sin duda hay una bestia afuera. Asumo el riesgo que supone no dar todas las respuestas, pero creo que enriquece el alcance de la historia porque todas las interpretaciones son válidas.
Supongo que la atmósfera renacentista fue buscada desde el principio.
Desde el principio buscamos referencias a Caravaggio y Rembrandt, claroscuros con luz tenue y con una decoración muy estilizada. En términos estéticos fue un trabajo minucioso. Una de las cosas que más me seducen del cine es la posibilidad de hablar de un mundo que no existe en la vida real.
Las actuaciones del joven Aliocha Sotnikoff y de Brontis Jodorowsky se constituyen como una de las columnas más fuertes de la película. ¿Cómo las trabajó?
Trabajar con los actores fue sencillo, lo más difícil fue encontrarlos. El casting resultó complicado porque había que dar con los actores precisos. Ensayamos durante un mes para encontrar la emoción que buscábamos. La oscuridad de la película es un contrapunto de la forma en que nos relacionábamos como equipo.